Venezuela: «No está garantizado el derecho a la educación» entre refugios, aulas prestadas y daños

Publicado: 24 octubre 2026 a las 1:00 am

Categorías: Noticias / Noticias América

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Venezuela, 24 de Octubre 2026, Por Luna Perdomo, https://talcualdigital.com/

Padres y representantes, junto con organizaciones educativas, hacen un llamado al Ministerio de Educación para atender las dificultades que enfrentan los estudiantes tras los terremotos del 24 de junio: ocupación de escuelas por damnificados, las clases reducidas, la falta de transporte y las deficiencias de infraestructura

Los estudiantes de la escuela Luis Hurtado Higuera, ubicada en la urbanización del mismo nombre, en el kilómetro 12 de El Junquito, reciben clases apenas uno o dos días a la semana. Aunque el plantel no sufrió daños por los terremotos del 24 de junio, la presencia de familias damnificadas en sus instalaciones impide que los 1.948 alumnos, desde preescolar hasta quinto año de bachillerato, retomen su jornada académica con normalidad.

La institución fue habilitada como campamento para las personas que quedaron perdieron sus viviendas tras los fuertes sismos. Casi cuatro meses después, los afectados siguen esperando una solución habitacional por parte del Estado que les permita abandonar el plantel y a los estudiantes regresar a su sede habitual.

Yéssica Rodríguez, representante y miembro del comité de padres y representantes, explicó que la comunidad educativa solicitó una concentración para llamar la atención de las autoridades y pidió la instalación de una mesa de trabajo, pero aseguró que no han obtenido respuestas concretas.

Sin embargo, dice que la situación comenzó a cambiar en los últimos días. De acuerdo con Rodríguez, en el refugio había «123 familias damnificadas, integradas por 345 personas, de las cuales 80% eran niños». La representante indicó que, según la información que recibieron, 11 familias habían sido trasladadas a sus hogares permanentes y les anunciaron que otras 60 podrían salir en los próximos días.

La desocupación parcial permitió comenzar los trabajos de recuperación de un área del plantel para recibir nuevamente a los alumnos. No obstante, mientras las familias permanezcan en la escuela, la comunidad educativa deberá seguir dependiendo de otras instituciones para garantizar las clases.

Escuela Luis Hurtado Higuera El Junquito


El nuevo año escolar comenzó hace más de un mes y aunque el ministro de Educación, Héctor Rodríguez, había prometido que los planteles que fueron habilitados como refugios de damnificados estarían desocupados para el pasado 14 de septiembre, la promesa no se ha cumplido al 100%.

La última cifra dada por Rodríguez, el pasado 14 de septiembre, indicaba que 19 escuelas permanecían ocupadas como refugios y explicó que el plan de reubicación usaba métodos como el traslado de familias a casas de la Misión Vivienda, la adquisición de hogares listos para habitar y esquemas de alquiler temporal. No obstante, se desconoce con precisión cuántas escuelas quedan funcionando como campamentos.

Una situación similar atraviesan los estudiantes del liceo Carlos Morales, ubicado en Quinta Crespo. Celeste Sánchez, representante de un estudiante de cuarto año de bachillerato, le comentó a TalCual que antes del inicio del año escolar les informaron que la sede tenía etiqueta amarilla y que no habían sido reubicados a otro espacio.

«No nos han dicho nada más. Solo están mandando actividades por WhatsApp, que se mandan por correo; pero no han dicho nadita de clases presenciales», detalló la madre. 

La psicológa Nancy Hernández, presidenta de la Federación Nacional de Sociedades de Padres y Representantes (Fenasopadres), condenó que «la opacidad de la información (en materia escolar) ha sido constante» en referencia a la situaciones de las escuelas y sus alumnos tras los terremotos.

Asimismo, calificó de «promesa incumplida» el anuncio de desocupar para el inicio de las clases la totalidad de las instituciones que fueron usadas como refugios y sostuvo que «enviar una vez a la semana (a los alumnos) es justificar que empezó el año escolar, pero de ninguna manera ha empezado».

«Hay niños que por razones de desplazamiento, porque perdieron su vivienda o su familia, no están asistiendo a clases y esa estadística no la tenemos; la debería tener el Ministerio (de Educación) y tampoco. Y no me refiero a un número global, me refiero al detalle, cuántas escuelas, cuántos municipios, cuántas parroquias, cuántos niños que están allí», agregó.

Clases reducidas, dificultades para trasladarse y otros problemas

Los estudiantes de la Luis Hurtado Higuera fueron distribuidos en tres instituciones de la misma urbanización: Cristo Redentor, Rey Jesús y el Centro de Educación Integral de Formación y Atención (Ceifa); este último recibe a los alumnos de educación media diversificada, mientras que otros grados todavía no han podido iniciar clases, entre ellos preescolar.

La reubicación temporal no ha permitido recuperar la frecuencia habitual de las actividades escolares. Rodríguez contó que su hija, estudiante de quinto año, asiste actualmente un día a la semana y que esperan incorporar una segunda jornada, bajo la modalidad virtual.

Por su parte, Marbelis Oropeza, representante de un alumno de cuarto año, admitió que la reducción de las jornadas sí ha afectado a los estudiantes: «Mi hijo ve clases un día a la semana, solo cuatro horas, y llega súper deprimido. Me dice: ‘Ay, mamá, ¿hasta cuándo vamos a estar así?’».

A la izquierda, Marbelis Oropeza, y la derecha, Yéssica Rodríguez, madres de estudiantes de la Escuela Luis Hurtado Higuera

Los planteles que prestan sus espacios tampoco tienen capacidad suficiente para recibir a todos los alumnos de la institución Luis Hurtado Higuera. La escuela tiene cinco secciones por grado y funciona en doble turno, mañana y tarde, mientras que las aulas de las instituciones receptoras están diseñadas para grupos de entre 20 y 25 estudiantes solo en horario matutino.

Al problema de la reubicación de alumnos se le suma la falta de transporte. Rodríguez detalló que la urbanización apenas cuenta con cuatro jeeps comunales para el uso de toda la comunidad y no son suficientes para atender la demanda de usuarios: «A veces van tan llenos que los niños viajan apretados», comentó.

La representante recordó que, durante una reunión al inicio del año escolar con la jefa de la Zona Educativa del Distrito Capital, Mari Carmen Vega, se les informó que había sido aprobada una ruta escolar; sin embargo, aseguró que hasta ahora desconocen cómo funcionaría o qué tipo de vehículos prestarían el servicio: «Ella dijo que estaba aprobada, mas no la hemos visto. No sabemos nada de la ruta», afirmó.

«Ellos tienen un horario en el que deben llegar y muchas veces no llegan, no porque no quieren, sino por el transporte», afirmó Yéssica Rodríguez.

La especialista Hernández enfatizó que en la actualidad «hay una multiplicidad de problemas derivados que no se acabaron con los temblores, que siguen estando ahí presentes y no hay respuestas del Estado. No está garantizado el derecho a la educación«. 

También recordó que a los problemas causados por los terremotos se le deben sumar el mal estado de gran parte de la infraestructura escolar en todo el país, previo a los sismos, que afirmó «no están en condiciones de recibir a nadie porque no tienen ni pupitres».

Restricciones en los colegios que prestan sus espacios

Los estudiantes de Luis Hurtado también han tenido que adaptarse a condiciones distintas a las que tenían en sus escuelas. Rodríguez contó que los alumnos de bachillerato se sienten incómodos en la institución que los recibe, donde deben cumplir normas más estrictas y tienen limitaciones para utilizar los espacios comunes.

Al comienzo de las clases, relató, los estudiantes recibían cuatro horas continuas de clases, de 1:00 p.m. a 5:00 p.m., sin receso. Posteriormente, se les permitió un descanso de 20 minutos dentro del salón, pero «no pueden utilizar el patio del plantel y deben ingresar por una puerta trasera», contó.

«Se sienten como muy limitados, extremadamente», comentó Rodríguez sobre las quejas que le ha transmitido su hija.

Oropeza está de acuerdo con que las normas de las instituciones receptoras deben respetarse, pero consideró que las restricciones son excesivas. A su juicio, el cambio ha sido drástico para niños y adolescentes acostumbrados a los patios y espacios amplios de Luis Hurtado Higuera.

La representante agregó que los estudiantes de primaria también han tenido que tomar sus recesos dentro de las aulas.

La psicóloga, fundadora de Fenasopadres, destacó que los niños y adolescentes están en proceso de adquisición de hábitos y enfatizó que «la socialización en la escuela, el encuentro con sus pares, estar fuera de casa y convivir en otro espacio distinto al del hogar, es el primer canal de socialización y tampoco se está cumpliendo».

Esperan recuperar una escuela en condiciones dignas

Mientras avanza la reubicación de las familias damnificadas, la comunidad educativa pide al Ministerio de Educación que garantice la recuperación integral de las instalaciones. Rodríguez insistió en que el plantel no fue desalojado por daños estructurales causados por los terremotos, sino que fue utilizado como refugio.

«Al solventarle su problemática a ellos (los damnificados), nos resuelven la de nosotros», expresó Oropeza.

En Luis Hurtado Higuera, algunos padres están de acuerdo en comenzar clases en los espacios desocupados, como lo está haciendo la Unidad Educativa Gran Colombia, que recibe a estudiantes en una zona de la institución, mientras en otra área permanecen los afectados por los terremotos; no obstante, otros padres sienten desconfianza.

En ese sentido, la psicóloga Nancy Hernández propuso al Estado «un desalojo respetuoso y ofrecerle a los damnificados opciones más dignas que estar en un refugio o campamento temporal en las escuelas» y, por otra parte, se interrogó: «¿Qué garantías tienen los padres de que un adulto distinto al docente entre al área escolar o el niño salga del área destinada, haya una mezcolanza de cosas, y no haya seguridad?». Enfatizó que «la seguridad de los menores» es la prioridad.

La representante de Fenasopadres también destacó otro problema: «Hay muchos damnificados con niños en edad escolar que están en la calle, en campamentos improvisados, que tampoco están yendo a la escuela».

Las representantes de Luis Hurtado también alertaron sobre el estado de los pupitres, que fueron trasladados a la azotea del liceo y permanecen expuestos al sol y la lluvia. Según Rodríguez, han solicitado que los bajen para evitar que se deterioren, pero allí siguen.

La comunidad educativa sostuvo que la escuela había recibido reparaciones por parte de los representantes antes de finalizar el año escolar pasado y afirmó que parte de esos trabajos se han perdido durante su uso como refugio. Por ello, las representantes exigen a las autoridades educativas que «entreguen las instalaciones pintadas, reparadas y en condiciones adecuadas para recibir nuevamente a los estudiantes».

Entre las solicitudes también está la recuperación de la cancha deportiva, cuyo deterioro preocupa a los representantes. Rodríguez recordó que anteriormente fue pintada, pero quedó sin la malla de protección para los espectadores.

La falta de agua es otro de los problemas que deberá resolverse antes de que los alumnos puedan regresar plenamente a sus aulas. La representante advirtió que, sin suministro suficiente, ni siquiera estaría garantizado el uso de los baños durante la jornada escolar, aunque reconoce que con la presencia de los afectados por los sismos, el servicio ha sido más constante, incluso mediante el envío de camiones cisternas.

Ante la gran cantidad de deficiencias en materia escolar y la falta de respuestas por parte del Ministerio de Educación, Nancy Hernández invitó a las autoridades a crear un plan e implementarlo «para atender todas esas problemáticas». Afirmó que inventariar las necesidades de todas las instituciones del país apenas toma una semana.

Fuente: https://talcualdigital.com/a-fondo/no-esta-garantizado-el-derecho-a-la-educacion-entre-refugios-aulas-prestadas-y-danos/