Un estudio alerta de la necesidad de mejorar la educación sobre salud mental en una etapa decisiva para el desarrollo académico

Publicado: 3 noviembre 2026 a las 6:00 pm

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Por Miranda Escolar

Una encuesta de University College London a 1.514 personas de entre 16 y 25 años revela que el 58 % considera eficaces estos medicamentos y que el 83 % de quienes los han probado tras sufrir depresión grave los encontró útiles.

Menor triste

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes desafíos para la educación y el bienestar de los jóvenes. La depresión puede afectar a la concentración, la motivación, las relaciones sociales y la capacidad para afrontar las exigencias académicas, especialmente durante la adolescencia y los primeros años de la vida adulta. Sin embargo, el desconocimiento sobre los tratamientos y el estigma asociado a los problemas psicológicos pueden dificultar que quienes necesitan ayuda la busquen o la reciban a tiempo.

Una encuesta impulsada por University College London (UCL), a través de su iniciativa Grand Challenge of Mental Health and Wellbeing, revela que el 53 % de los jóvenes de entre 16 y 25 años encuestados ha experimentado depresión, incluido un 16 % que afirma sufrirla actualmente. El estudio también muestra que, aunque la mayoría mantiene una percepción favorable de los antidepresivos, persisten dudas sobre su eficacia, seguridad y posible capacidad adictiva.

La investigación se basa en una encuesta realizada por YouGov a 1.514 personas de entre 16 y 25 años de Inglaterra, Escocia y Gales, entre el 17 de julio y el 4 de agosto de 2026. Los resultados se publicaron el 5 de octubre y ofrecen una perspectiva sobre cómo perciben los jóvenes los tratamientos disponibles y a quiénes recurren para informarse sobre salud mental. 

La etapa comprendida entre la adolescencia y los primeros años de la vida adulta coincide con importantes procesos de aprendizaje, desarrollo de la identidad y transición hacia la autonomía. En ese periodo, los problemas de salud mental pueden interferir en la asistencia a clase, el rendimiento académico, la preparación de exámenes y la participación en actividades educativas.

La encuesta de UCL no mide directamente el impacto de la depresión sobre las calificaciones o el abandono escolar. Sin embargo, sus resultados sitúan el bienestar psicológico de los jóvenes como una cuestión relevante para los centros educativos, las familias y los servicios sanitarios.

La institución británica señala que las dificultades de salud mental entre los adultos jóvenes en Inglaterra se han duplicado durante la última década, según investigaciones previas de sus equipos. Entre los factores que se están investigando figuran el aumento de la presión académica, el encarecimiento del coste de la vida y las consecuencias de la pandemia de COVID-19. Estos elementos se consideran posibles factores relacionados, no causas demostradas de todos los casos de depresión. 

Desde una perspectiva educativa, la cuestión no consiste en convertir a los docentes en profesionales sanitarios, sino en mejorar la capacidad de los centros para reconocer señales de malestar, orientar a los estudiantes hacia recursos especializados y reducir el estigma que puede acompañar a la búsqueda de ayuda.

El 58 % considera eficaces los antidepresivos

Uno de los principales resultados de la encuesta es que el 58 % de los jóvenes considera que los antidepresivos son eficaces para tratar la depresión. La percepción es más favorable entre quienes han experimentado problemas de salud mental: entre estos, el porcentaje se sitúa entre el 63 % y el 64 %, frente al 54 % de quienes nunca han sufrido depresión.

La valoración de la seguridad de estos medicamentos también es mayoritariamente positiva. El 65 % del conjunto de participantes los considera seguros. La cifra aumenta hasta el 74 % entre quienes afirman sufrir depresión en la actualidad y alcanza el 70 % entre quienes se han recuperado, mientras que se reduce al 60 % entre quienes nunca han experimentado esta enfermedad. 

Los datos sugieren que la experiencia personal con la enfermedad puede influir en la percepción del tratamiento. Los jóvenes que han necesitado atención sanitaria parecen mostrar una visión más favorable de los antidepresivos que quienes no han pasado por esa situación.

El profesor Argyris Stringaris, especialista en Psiquiatría de UCL, considera que las opiniones de quienes han experimentado problemas graves de salud mental deben tener un peso importante en el debate público sobre los tratamientos.

La investigación también recuerda que las percepciones sociales no siempre coinciden con la evidencia clínica. Los antidepresivos pueden ayudar a reducir los síntomas de depresión y ansiedad, aunque no funcionan igual para todas las personas y deben utilizarse bajo supervisión profesional.

El 83 % de quienes los han probado los considera útiles

Entre los participantes que habían experimentado depresión grave, el 76 % había recurrido a terapias psicológicas, mientras que el 58 % había probado antidepresivos. Entre estos últimos, el 83 % afirmó que los medicamentos le habían resultado útiles. 

El dato aporta información sobre la experiencia de los jóvenes con el tratamiento, aunque debe interpretarse con cautela: procede de las respuestas de quienes habían utilizado antidepresivos y no constituye por sí mismo un ensayo clínico ni demuestra que el medicamento sea eficaz para todos los pacientes.

El profesor Glyn Lewis, investigador de Psiquiatría de UCL, destaca que existe evidencia científica sólida de que los antidepresivos ayudan a reducir los síntomas de depresión y ansiedad en muchas personas. También subraya que pueden combinarse con terapias psicológicas y otras formas de apoyo, en función de las necesidades de cada paciente. 

Lewis recuerda, además, que estos medicamentos no deben abandonarse de forma brusca: cuando se decide interrumpir el tratamiento, la dosis debe reducirse gradualmente siguiendo las indicaciones del profesional sanitario.

La información resulta relevante para los jóvenes que se encuentran en una etapa de aprendizaje sobre salud, autocuidado y toma de decisiones. Disponer de conocimientos fiables puede ayudarles a distinguir entre los efectos demostrados de un tratamiento, sus posibles limitaciones y los mensajes engañosos que circulan en internet.

El miedo a la opinión de los demás sigue presente

Pese a la valoración positiva de los tratamientos, la encuesta detecta una diferencia significativa entre el entorno personal y el profesional.

El 64 % de los jóvenes afirma que se sentiría cómodo si sus amigos supieran que toma antidepresivos, mientras que el 58 % aceptaría que lo supiera su familia. Sin embargo, solo el 25 % se sentiría cómodo si sus compañeros de trabajo conocieran esa circunstancia. La diferencia muestra que el estigma no ha desaparecido y que la percepción social de los problemas de salud mental puede variar según el contexto.

En el ámbito educativo, esta barrera puede manifestarse en el temor a ser juzgado por los compañeros, a que se cuestione la capacidad académica de quien recibe tratamiento o a que una dificultad psicológica se interprete como una señal de debilidad. La encuesta no mide directamente estas situaciones en las aulas, pero sus resultados respaldan la necesidad de trabajar para reducir los prejuicios.

La educación sobre salud mental debe contribuir a que los jóvenes comprendan que padecer depresión no define la capacidad intelectual ni el potencial académico de una persona. También debe explicar que solicitar ayuda profesional constituye una vía de atención sanitaria, no un motivo de vergüenza.

Desinformación sobre la adicción y los tratamientos

La percepción sobre la posible adicción a los antidepresivos constituye otro de los puntos analizados. Entre quienes nunca han experimentado depresión, el 45 % cree que estos medicamentos son adictivos, frente al 23 % que considera que no lo son. Entre los participantes que sufren depresión en la actualidad, las respuestas se invierten: el 40 % considera que no son adictivos y el 36 % cree que sí. 

Los investigadores subrayan que los antidepresivos no son drogas adictivas en el sentido habitual del término, aunque la interrupción del tratamiento puede provocar síntomas de retirada y debe realizarse de manera gradual y supervisada.

Esta distinción es importante para evitar dos mensajes igualmente problemáticos: presentar los medicamentos como una solución universal o transmitir la idea de que deben rechazarse por principio. La elección del tratamiento depende de la situación clínica, la gravedad de los síntomas, los antecedentes y las preferencias de cada paciente, y corresponde a los profesionales sanitarios valorar las opciones apropiadas.

La encuesta también examina dónde buscan los jóvenes información sobre tratamientos y a qué fuentes conceden credibilidad. El 73 % afirma que confiaría mucho o bastante en los profesionales de salud mental para recibir orientación. Sin embargo, la confianza en los médicos de atención primaria es menor: el 46 % declara confiar en ellos para obtener asesoramiento sobre salud mental. 

La valoración de las redes sociales y de la inteligencia artificial generativa es considerablemente más baja. El 75 % afirma que confiaría poco o nada en la IA generativa para obtener información sobre salud mental, mientras que el 71 % muestra un nivel de confianza reducido en las redes sociales.

La doctora Annie Jeffery, de Psiquiatría de UCL, considera positivo que los jóvenes sitúen a los profesionales sanitarios y a las fuentes del sistema público de salud por delante de las redes sociales y las herramientas de inteligencia artificial. No obstante, advierte de que todavía es necesario combatir la desinformación y mejorar la confianza en los recursos de atención disponibles. 

Para el sistema educativo, estos datos refuerzan la importancia de enseñar a evaluar las fuentes de información, distinguir la evidencia científica de las opiniones y reconocer cuándo una consulta requiere atención profesional.

Prevención e intervención temprana desde la educación

UCL ha puesto en marcha el Healthy Minds Hub, una iniciativa interdisciplinar destinada a impulsar la investigación sobre prevención, intervención temprana y tratamientos para los problemas de salud mental en niños y jóvenes. 

El proyecto parte de la necesidad de desarrollar nuevas formas de apoyo ante el deterioro del bienestar psicológico observado en parte de la población joven. La prevención incluye identificar factores de riesgo, mejorar el acceso a la atención y ofrecer información que permita reconocer los síntomas y solicitar ayuda.

Los centros educativos pueden desempeñar un papel complementario mediante programas de bienestar emocional, formación del profesorado para identificar señales de alerta, protocolos claros de derivación y colaboración con las familias y los servicios sanitarios. Estas medidas no sustituyen la atención clínica, pero pueden facilitar que los estudiantes accedan antes a los recursos que necesitan.

La encuesta británica no demuestra que una intervención educativa concreta reduzca la depresión ni permite trasladar automáticamente sus porcentajes a España. Sí ofrece una referencia sobre las percepciones de los jóvenes y sobre las barreras sociales que todavía rodean a los tratamientos.

Los resultados de UCL dibujan una situación con dos caras: una mayoría de jóvenes reconoce la utilidad potencial de los antidepresivos y quienes los han probado tras sufrir depresión grave suelen valorar positivamente su experiencia, pero el temor al juicio social y las ideas equivocadas sobre estos medicamentos continúan presentes.

En una etapa en la que se consolidan hábitos, conocimientos y estrategias para afrontar las dificultades, la información rigurosa sobre salud mental puede contribuir a que los jóvenes identifiquen sus necesidades y busquen ayuda sin miedo a ser estigmatizados.

La investigación no plantea que todos los estudiantes con depresión deban recibir medicación ni que los antidepresivos sean adecuados para cualquier caso. Su mensaje central es que los tratamientos deben valorarse con criterios clínicos y que las opiniones sobre ellos deben contrastarse con la evidencia científica y con la experiencia de quienes los han utilizado.

La salud mental forma parte de las condiciones que permiten aprender, relacionarse y desarrollar el propio potencial. Reducir el estigma, mejorar la información y facilitar el acceso a profesionales cualificados son pasos esenciales para que los jóvenes puedan afrontar los problemas psicológicos sin que el miedo a la opinión ajena se convierta en una barrera adicional.

Fuente: https://exitoeducativo.net/bienestar-emocional/un-estudio-alerta-de-la-necesidad-de-mejorar-la-educacion-sobre-salud-mental-en-una-etapa-decisiva-para-el-desarrollo-academico