Trabajar mientras se estudia: cuándo ayuda y cuándo empieza a perjudicar

Publicado: 1 julio 2026 a las 1:00 am

Categorías: Artículos

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Por Marga Zambrana y Anna Sánchez-Juárez

Expertos de la UOC señalan que la experiencia laboral temprana puede mejorar la autonomía, la gestión del tiempo y la empleabilidad

El verano puede ser una buena puerta de entrada al mercado laboral si el trabajo no compromete los estudios

El 16 % de los jóvenes españoles de entre 15 y 29 años compagina estudios y empleo, nueve puntos menos que la media de la Unión Europea, situada en el 25,4 %, según datos de Eurostat. En Cataluña, la cifra asciende a 259.300 jóvenes de 16 a 29 años que estudian y trabajan al mismo tiempo, según datos de la Encuesta de población activa (EPA) recogidos por Europa Press. La cifra equivale aproximadamente a dos de cada diez jóvenes catalanes de esta franja y se sitúa por encima del conjunto de España, aunque aún se mantiene por debajo de algunos países europeos, donde el hecho de compatibilizar estudios y empleo forma parte habitualmente de la trayectoria educativa.

La combinación de formación y trabajo es una realidad cada vez más presente, especialmente en verano, cuando muchos estudiantes aprovechan las vacaciones para incorporarse temporalmente al mercado laboral. Los expertos de la UOC coinciden en que una experiencia laboral durante la etapa formativa puede aportar competencias difíciles de adquirir únicamente en el aula y facilitar la transición hacia la vida profesional.

Aunque España ha mejorado sus cifras generales de empleo, sigue registrando una de las tasas de paro juvenil más elevadas de la Unión Europea, lo que ayuda a explicar por qué la transición entre estudios y trabajo sigue siendo más complicada que en otros países europeos.

Sin embargo, los expertos advierten de que los beneficios dependen tanto de la calidad de la experiencia como de la capacidad de mantener el equilibrio entre las exigencias académicas y laborales. “El hecho de trabajar mientras se estudia ofrece oportunidades de aprendizaje difíciles de reproducir únicamente en el aula”, explica Lourdes Guàrdia, profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC e investigadora del grupo Edul@b.

Mucho más que ganar dinero: aprender en contextos reales

Aunque el principal objetivo de muchos estudiantes que trabajan es obtener ingresos propios, la experiencia laboral también puede convertirse en una poderosa herramienta de aprendizaje. Guàrdia destaca que trabajar ayuda a desarrollar habilidades como la gestión del tiempo, la comunicación a través de distintos canales, el trabajo en equipo, la colaboración con personas de perfiles diversos, la adaptación a situaciones cambiantes y la resolución de problemas en contextos reales. Son competencias que las empresas valoran cada vez más y que, en muchos casos, solo pueden consolidarse plenamente fuera del entorno académico.

Además, la experiencia laboral permite dar un sentido práctico a muchos de los conocimientos adquiridos durante los estudios. “Estas experiencias ayudan a conectar la teoría y la práctica, y favorecen la reflexión sobre cómo aplicar los conocimientos académicos a situaciones auténticas”, señala.

Cuando el empleo está relacionado con los estudios, esta conexión suele ser aún más evidente: el estudiante aplica conocimientos, se familiariza con su futura profesión y empieza a construir una red de contactos. No obstante, la experta subraya que los beneficios no dependen exclusivamente de esa relación directa. “Lo verdaderamente importante no es tanto el tipo de empleo como la capacidad de extraer aprendizajes de la experiencia y relacionarlos con el propio itinerario académico y profesional”, afirma. Incluso trabajos alejados de la futura profesión pueden servir para practicar competencias transferibles útiles a lo largo de toda la carrera laboral.

La evolución de la formación superior refleja esta realidad. Muchas titulaciones incorporan prácticas obligatorias porque las instituciones educativas reconocen el valor del aprendizaje experiencial. A ello, se suman fórmulas más flexibles, como las microcredenciales, que permiten complementar la formación académica mientras se adquiere experiencia profesional.

Los empleos poco cualificados también dejan huella

Existe cierta tendencia a considerar que solo los trabajos directamente relacionados con una profesión aportan valor curricular. Sin embargo, incluso los empleos de baja cualificación pueden generar beneficios psicológicos y profesionales significativos. Sergi Macip, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, investigador del grupo PDINA eHealth y experto en psicología del trabajo y las organizaciones, señala que el empleo durante la etapa formativa contribuye a la construcción de la identidad personal, la independencia y la confianza en uno mismo.

Además, diversos estudios han constatado que los estudiantes que trabajan suelen mejorar competencias prácticas como la gestión del tiempo, la organización personal o la educación financiera. La necesidad de compatibilizar responsabilidades académicas y laborales obliga a desarrollar hábitos útiles en la vida profesional.

Incluso en sectores como la hostelería, el comercio o la atención al cliente, los jóvenes adquieren habilidades valoradas por las empresas: trabajar bajo presión, resolver problemas, tratar con clientes, colaborar con compañeros o asumir responsabilidades. Son competencias que luego pueden trasladarse a puestos de mayor cualificación.

Macip considera que este tipo de experiencias constituyen una auténtica plataforma de aprendizaje experiencial. “Un adecuado equilibrio entre trabajo y formación contribuye al crecimiento personal y profesional, y proporcionará mayor empleabilidad al estudiante”, señala.

Además, una primera experiencia laboral permite descubrir preferencias profesionales, contrastar expectativas con la realidad y comprender cómo funcionan las organizaciones. En ocasiones, también ayuda a identificar qué ámbitos no resultan atractivos, una información igualmente valiosa para orientar futuras decisiones académicas y profesionales.

Los expertos no observan evidencias de que los beneficios psicológicos y formativos de una experiencia laboral temprana hayan cambiado sustancialmente en la última década. Lo que sí ha evolucionado es el contexto: los itinerarios formativos son más flexibles y la empleabilidad se ha convertido en una preocupación creciente para estudiantes, universidades y empresas.

El verano, una oportunidad para explorar el futuro profesional

La llegada del verano convierte esta cuestión en especialmente relevante. Para muchos jóvenes, las vacaciones representan la primera oportunidad real de incorporarse al mercado laboral.

Según Guàrdia, este periodo constituye una “oportunidad privilegiada”, porque las exigencias académicas suelen ser menores y hay más margen para experimentar sin la presión de exámenes ni entregas. El trabajo estival permite conocer dinámicas profesionales difíciles de imaginar hasta que se viven directamente, desarrollar confianza en las propias capacidades y comenzar a construir una identidad profesional.

La experiencia también puede ayudar a tomar decisiones más informadas sobre el futuro. Muchos estudiantes descubren intereses que desconocían, mientras que otros confirman o replantean sus expectativas profesionales tras enfrentarse por primera vez a las condiciones reales de trabajo.

La experta recuerda que el aprendizaje no ocurre únicamente en las instituciones educativas: también se produce en los entornos laborales, en la participación social y en las redes personales y profesionales que se construyen a lo largo de la vida. Por este motivo, una experiencia laboral de verano puede convertirse en mucho más que una fuente de ingresos temporales: puede ser un primer paso para comprender mejor el mundo profesional y orientar futuras decisiones formativas.

El límite: cuando trabajar empieza a perjudicar los estudios

Sin embargo, los beneficios del empleo estudiantil no son ilimitados. El principal desafío consiste en encontrar el equilibrio adecuadoespecialmente cuando concurren ambas actividades.

Macip explica que diversos estudios han observado efectos positivos cuando el trabajo implica una dedicación moderada, de aproximadamente diez a veinte horas semanales. En estas circunstancias, los estudiantes suelen desarrollar una mayor autoeficacia, mejores habilidades de organización y una gestión del tiempo más eficiente.

Los resultados son aún más favorables cuando el empleo guarda relación con el ámbito de estudio, ya que la experiencia profesional refuerza la motivación y facilita la persistencia académica. Además, el hecho de compatibilizar estudios y trabajo obliga a desarrollar mecanismos de afrontamiento y adaptación que pueden contribuir a una mejor salud mental y a una mayor perseverancia ante las dificultades.

El problema aparece cuando la carga laboral aumenta demasiado. A partir de cierto punto, el trabajo deja de complementar la formación y empieza a competir con ella. El exceso de horas reduce el tiempo disponible para estudiar, limita el descanso y dificulta la concentración.

Las señales de alerta son claras: descenso sostenido del rendimiento académico, dificultades para asistir a clase o cumplir plazos, cansancio persistente, pérdida de motivación o sensación constante de falta de tiempo.

En estos casos, la flexibilidad laboral puede marcar una diferencia importante. Los entornos laborales que facilitan ajustes de horario durante exámenes o picos de carga académica permiten compatibilizar ambas actividades con mayor éxito.

Por ello, los expertos rechazan tanto la idea de que trabajar siempre es beneficioso como la concepción de que necesariamente perjudica los estudios. La clave está en aprovechar las oportunidades de aprendizaje que ofrece el empleo sin comprometer el objetivo principal de esta etapa: la formación.

Para muchos jóvenes, especialmente durante el verano, esa primera experiencia laboral puede convertirse en una valiosa escuela de competencias, autonomía y madurez. Pero su verdadero valor no depende de la cantidad de horas trabajadas ni del salario obtenido, sino de la capacidad de convertir la experiencia en aprendizaje..

Fuente: https://www.uoc.edu/es/news/2026/trabajar-mientras-se-estudia-cuando-ayuda-y-cuando-empieza-a-perjudicar