Publicado: 10 octubre 2026 a las 3:00 am
Categorías: Artículos
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Por Joaquín Batista
Un pacto de Estado, diálogo fluido, más recursos para los centros y menos ideología, claves para destensar y mejorar la enseñanza

En un escenario ideal, utópico, los partidos que concurrirán a las próximas elecciones generales y autonómicas incluirían en sus programas un apartado con medidas y compromisos similares en educación, la base indispensable a aplicar en caso de llegar al poder. Sería la prueba de que existe consenso en la materia derivado de un pacto educativo previo, alcanzado por todos los agentes con voz en el sector, a modo de remedio a los males que atenazan la educación española y valenciana. Y esas ideas programáticas hablarían de fomentar el diálogo con los que están a pie de aula, creyéndoles, atendiéndoles y también exigiéndoles cuentas, así como de evitar la confrontación política y el partidismo, desterrando todo tipo de ideología para no distraerse de lo importante. Y de contar con más recursos para invertir en formación ante una realidad cada vez más poliédrica.
Los argumentos pueden parecer manidos y recurrentes, lo que no les resta ni un ápice de importancia por ser compartidos por buena parte de la sociedad y del ámbito académico. Y también porque se extraen de las ideas o medidas que una decena de representantes educativos de la Comunitat trasladan a los lectores de LAS PROVINCIAS, que les pidió su parecer sobre cómo destensar y mejorar la educación valenciana. Que falta hace. En algunos casos tienen perfiles contrapuestos, casi de extremos, y sin embargo se puede encontrar algún punto de unión en sus palabras. Una rendija a la esperanza. Al acuerdo por el bien común, aunque sea de mínimos. De eso va también el 9 d’Octubre: de tener mirada amplia y confianza, y de exigencia y reivindicación ante los poderes públicos. Para que lo utópico lo sea un poco menos.
La educación valenciana se encuentra en una encrucijada y es necesario recuperar el camino correcto, que no es una línea más o menos recta sino que está salpicado de curvas y desniveles. Un símil perfecto sobre la idea de que la solución es compleja y también sobre cómo ha evolucionado el sistema, que ha pasado de una complejidad limitada, incluso previsible, a una enorme pluralidad en las aulas, que sin una correcta atención hace más (o muy) difícil el aprendizaje.
Sirven unos datos oficiales del Ministerio de Educación para aproximarse un poco a la realidad actual. El alumnado con necesidades de apoyo educativo, que precisa de muchos más recursos para salir adelante, ha pasado de 51.001 estudiantes en el curso 2011-2012 a 135.621 en el 2024-2025 (+166%), por utilizar los dos extremos temporales a los que llega la serie estadística. Y la cifra sólo alude a niños con retrasos madurativos, trastornos del lenguaje y la comunicación o del aprendizaje, con desconocimiento de la lengua vehicular o en situaciones de desventaja (minorías étnicas, desfase curricular elevado o escolarización irregular). Faltaría contabilizar aún las necesidades especiales derivadas de discapacidad, pues muchos de ellos se escolarizan en aulas ordinarias. El otro dato es el de alumnado extranjero, cuya diversidad no atiende a nacionalidades sino a características culturales, capacidad de arraigo e integración en el sistema educativo. En ese periodo pasó de 95.458 a 197.467 (+107%).
No sólo ha habido un aumento de alumnos ‘especiales’, también de escolarizaciones sobrevenidas y de matrícula en general, acompañada de un envejecimiento de las infraestructuras y de una precarización de las condiciones laborales (más alumnos, mismas ratios y mismos profesores, o sólo incrementos temporales) que han conformado un cóctel perfecto que en la Comunitat explotó el curso pasado, si bien el sistema ya había dado avisos en forma de conflictos laborales en otras regiones. El 2025-2026 fue, en la red pública, un ejercicio marcado por el enfrentamiento y la exigencia de mejoras a la administración, con una huelga indefinida inédita y protestas en la calle que continúan, con la mayoría sindical todavía en pie. También fue tenso en la privada concertada, que se manifestó y paró de manera parcial, si bien en este caso los acuerdos alcanzado han sido más fructíferos, pero se siguen considerando insuficientes. En resumen, todavía queda trabajo por hacer en ambos casos.
Para completar la radiografía actual del sistema es necesario detenerse en los resultados del estudiantado valenciano, que no son esperanzadores y apuntan a que el sistema está fallando. Por un lado, están los indicadores anuales que hacen saltar las alarmas, como el abandono prematuro de los estudios (14,4% en 2025 en la Comunitat, en el promedio estatal pero lejos de las mejores regiones, de la media europea y del objetivo previsto para 2030); la tasa de repetición acumulada (28% al final de la ESO, más que en España y mucho más que en la UE); o la de desempleo juvenil, en la que España vuelve a destacar pero en negativo (27,7% entre los menores de 25 años, casi tres veces más que el paro a nivel general).
Fuente: https://www.lasprovincias.es/comunitat/sacar-educacion-encrucijada-20261008234431-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.lasprovincias.es%2Fcomunitat%2Fsacar-educacion-encrucijada-20261008234431-nt.html
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