Queremos el aula, ¿sobrevivirá?

Publicado: 29 julio 2026 a las 2:00 am

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Por Diego M. Jiménez

La IA puede eliminar por completo la experiencia pedagógica tal cual la conocemos

La IA puede eliminar por completo la experiencia pedagógica tal cual la conocemos, explica Jessica Winter en The New Yorker, en una nota publicada en abril. Las herramientas tecnológicas, disponibles y accesibles, brindadas por los gigantes de esa industria, podrían reemplazarla. En parte, eso parece estar sucediendo, afirman sus promotores. Dinamismo, creatividad, espíritu lúdico e información a granel disponible en tablets, smartphones y notebooks, por medio de programas educativos descargables para todas las necesidades y requerimientos de enseñanza–aprendizaje. Contenidos bien direccionados y comprensibles de manera individual, asistidos por tecnología inteligente que reducen, replantean o eliminan la función docente tradicional y del aula, como su hábitat natural.

Pero las visiones están divididas. Sus detractores señalan las amenazas de este modo de aprendizaje. La primera es que los modelos de aprendizaje automático “…fomentan la descarga cognitiva antes de que los niños hayan desarrollado gran parte de su capacidad cognitiva; es decir, si estas herramientas provocan atrofia del pensamiento en los adultos, difícilmente podemos sobreestimar los efectos potenciales en un cerebro que no ha desarrollado esas capacidades cognitivas…”, escribe Winter, luego de dialogar con docentes y especialistas en psicología, aprendizaje y neurología. Por otra parte, los chatbots, que imitan la intimidad emocional y tienden a la adulación, distorsionan la forma en que los niños construyen su identidad, que se va conformando progresivamente en distintos momentos y requiere de la sociabilidad. Por último, la IA en las escuelas “… confunde fines y medios, priorizando la vía más eficiente para llegar a la respuesta correcta, la tesis más concisa o el dibujo más pulcro sobre el proceso más complejo y menos cuantificable de construir una persona pensante y sensible…”. El pensamiento complejo, el esfuerzo que requiere la comprensión, la sociabilidad y la construcción de la identidad, parecen estar amenazados por el llamado aprendizaje automático propio de la IA.

El aula tradicional, un artefacto por momentos contracultural, está bajo asedio. Pero todavía es el sitio que mayormente concentra la experiencia educativa. Las variables virtuales, en sus modalidades sincrónicas, asincrónicas e híbridas, crecen en expansión y uso, pero no han desbancado al aula de modo definitivo. Tampoco lo ha hecho el aprendizaje meramente individual mediado por la tecnología. Solo hace falta asomarse a un colegio, de cualquier nivel, del país para corroborar su vigencia. ¿Vigencia? Ese es el punto.

Contrastes: clases con netbooks en un aula del pasado.
Contrastes: clases con netbooks en un aula del pasado.Hugo Mouján

Los debates que vienen del mundo desarrollado colisionan con la realidad turbulenta de la educación argentina, agobiada por su escasez presupuestaria, las dificultades salariales, el desinterés público y la crisis socioeconómica. Pero inevitablemente la perforan, porque lo que describen es palpable, está sucediendo. Son discusiones inevitables, aunque el contexto nos haga suponer otras urgencias e intercambios sobre educación.

Cualquier estudiante, sin importar su condición social, con un smartphone a mano, desafía el esquema educativo tal cual lo conocemos. Incluido el diseño analógico del aula escolar, con sus virtudes de ser un espacio de sociabilidad y cooperación, fundamentalmente ajeno a la dictadura de la atención que ejercen las nuevas tecnologías y las redes sociales. Pero una defensa conservadora del virtuosismo del aula no parece suficiente ni recomendable.

La oposición a la IA en la educación es complicada porque las pantallas se han vuelto prácticamente sinónimo de escuela, y la IA es cada vez más sinónimo de pantallas, escribe la periodista norteamericana. “Hay que ser más preciso que con muchos otros problemas, a menos que vayas a, por ejemplo, tomar los ordenadores y tirarlos al mar”, concluye Jessica Winter, citando a una madre estadounidense preocupada por el tema. No se trata, entonces, de derribar aulas reemplazándolas por otras nuevas, funcional y pedagógicamente similares. Mientras eso suceda, la tecnología va a continuar haciendo su trabajo de reemplazo no necesariamente mejor, quizá menos humano, pero sí más eficaz. Amamos las aulas. Sí, pero el amor también se modifica con el tiempo y la experiencia.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/queremos-el-aula-sobrevivira-nid29072026/#google_vignette