¿Por qué NO nos deprimimos? (I)

Publicado: 27 noviembre 2021 a las 6:00 am

Categorías: Artículos

Por: Pilar Aguilar

Analista de ficción audiovisual y crítica de cine. Licenciada en Ciencias Cinematográficas y Audiovisuales por la Universidad Denis Diderot de París. Lee el blog de cine de Pilar Aguilar: http://pilaraguilarcine.blogspot.com.es

La pregunta no es insustancial pues, en efecto, andamos sobradas de motivos para la depresión.

Después de llevar años aguantando gobiernos reaccionarios y misóginos contra los que hemos peleado, no solo para obtener nuevos derechos sino para no perder algunos de los ya conseguidos, teníamos puestas muchas esperanzas en este gobierno de izquierdas.

Hoy, casi dos años más tarde, nos sentimos decepcionadas, traicionadas, tristes. Y no es porque fuésemos ilusas y esperásemos que el gobierno obrara milagros. Sabemos que el patriarcado lo impregna todo, que es urdimbre básica de la sociedad y que, por lo tanto, no resulta posible desmontarlo de la noche a la mañana. Sabemos -porque el feminismo acumula trescientos años de experiencia en ello- que combatirlo, debilitarlo, ganarle terreno, no es fácil. Sabemos que no basta con unas cuantas disposiciones por contundentes y ajustadas que sean… Pero, precisamente porque sabemos lo anterior, también sabemos que hay que presentar batalla continua y desde todos los ángulos y en todos los campos, con tesón y contundencia.

Pero el Ministerio de Igualdad vive obsesionado y obcecado por la ley trans. Es el único asunto para el que no escatima esfuerzos, al que constantemente promociona de todas las formas posibles: con actos institucionales, con declaraciones, eventos, propaganda…

el Ministerio de Igualdad vive obsesionado y obcecado por la ley trans. Es el único asunto para el que no escatima esfuerzos,

Es el único para el que este gobierno ha tomado medidas efectivas (sin ni siquiera considerar las repercusiones negativas sobre los derechos de las mujeres). Y cuando decimos el único es tal cual: ¿qué se ha hecho para combatir la violencia misógina, las agresiones sexuales, la pobreza femenina, la pornografía, la prostitución, la compra de bebés mediante el alquiler de úteros, la explotación doméstica, la doble jornada, los abusos de todo tipo que padecen millones de mujeres? Pues publicar tuits y poco más.

Así, por ejemplo, si queremos cambiar el mundo, la coeducación ha de constituirse en columna vertebral y eje de todo el sistema educativo. Pero, desgraciadamente, sigue siendo asunto marginal, dejado a la buena voluntad del profesorado. Mientras que, por el contrario, en los centros de enseñanza, se imponen protocolos, se imparten cursos, se distribuye material destinado a alumnado, personal docente y Ampas con contenidos claramente esencialistas, retrógrados y acientíficos basados en aquella creencia tan cristiana de que somos cuerpo y alma y que, por supuesto, lo fundamental es el alma. De modo que la realidad biológica resulta irrelevante ¿Al alumno le gustan “las cosas de niña”? Está claro, es niña. Y a la inversa. La maniobra consiste, pues en esencializar y sacralizar los roles de género. Hasta la iglesia es ya más progresista que el transactivismo…

Las feministas llevamos años luchando por romper los corsés de género, haciendo, por ejemplo, campañas contra los juguetes sexistas o repitiendo incansablemente que ni el rosa, ni la dulzura, ni los volantes, ni la docilidad son cosas de niñas, que nada les está vetado por serlo, que pueden y deben realizar todas sus aspiraciones.
Pero, a pesar de haber minado considerablemente los mandatos patriarcales, seguimos sometidas a ellos. Esto, quizá confusa pero profundamente, lo saben todas las niñas, todas las jóvenes, todas las mujeres (y, por supuesto, todos los hombres). ¿Cómo escapar? Las feministas proponemos un camino que conlleva enfrentamiento y transgresión tanto en lo social, como en lo personal (contra los propios miedos y principios emocionalmente interiorizados). Frente a tan exigente combate, el transgenerismo promete, por el contrario, una solución inmediata y radical, una especie de varita mágica: convertirse en niño.

Así, hace pocos días, en televisión, un señor proclamó que su niña de once años se había declarado niño. Él estaba muy orgulloso porque, además, siempre había querido tener un hijo. Rápidamente, el conductor del programa felicitó a ambos y alabó la valentía de la criatura…

No hace falta ser psi para entender el asunto: si eres una cría que buscas la aprobación y el cariño de tu padre, sabes que el hecho de que seas niña lo frustra. Al declararte niño ganas su estima; tanto, que te hace protagonista, te mienta en la televisión (¡en televisión!), te convierte en héroe. Si, en vez de eso, optaras por ser una rebelde que se opone a los mandatos de género y pelea para conquistar una vida de mujer plena y no sometida, seguramente tendrías problemas y encontronazos, no solo con tu querido papá sino con buena parte de tu entorno. Si, llegada a la adolescencia, lejos de primar los deseos de otros, te rebelaras contra la tiránica imposición de gustar y reivindicaras tus propias aspiraciones, puede que sufrieras mofa, befa y escarnio y, por supuesto, nadie alabaría tu valentía y menos aún la elogiarían en la tele …

Y alguien puede preguntar ¿y qué hay de malo en querer agradar a tu propio padre? Pues que convertirse en niño no es como estudiar una determinada carrera para complacerlo. Supone medicarse de por vida, amputarse y, en último extremo, abocarse a la frustración de que los demás hombres te consideren de segunda porque no tienes “lo que hay que tener” (y que ellos valoran tantísimo).

Esta es la cruda realidad que cualquier persona de buena voluntad y dos dedos de frente sabría si no estuviese ahogada en campañas propagandísticas tramposas.

Las feministas sabemos, además, que esas opciones, lejos de debilitar la estructura patriarcal, la refuerzan.

Esto lo sabemos nosotras, pero ¿qué poder es el nuestro frente a la maquinaria oficial y gubernamental y la de los medios de comunicación de masas?

Mañana seguiremos ahondando en la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿Por qué no nos deprimimos?

Fuente:  https://tribunafeminista.elplural.com/2021/11/por-que-no-nos-deprimimos-i/

Imagen: https://lavozdelmuro.ne