Publicado: 19 agosto 2026 a las 5:00 am
Categorías: Artículos
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Por Olga Pereda
Authory.tech, uno de los proyectos finalistas del programa de emprendimiento de la UOC, analiza el proceso de escritura de los estudiantes y registra el tiempo empleado, la inserción de fragmentos copiados o el uso de vocabulario poco habitual

Con una inteligencia artificial cada vez más sofisticada y unos alumnos hábiles que usan herramientas para ‘humanizar’ textos artificiales, ¿cómo distinguir una redacción humana de otra ‘made by ChatGPT‘? Los profesores explican que, hasta ahora, los detectores de inteligencia artificial no están siendo especialmente útiles. Ante esa limitación, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) ha presentado oficialmente este miércoles una herramienta, Authory.tech, para ayudar a los docentes a verificar la autoría de los trabajos académicos.
En España, casi dos tercios de los estudiantes de entre 11 y 14 años (64,4%) usan herramientas de IA, según una reciente investigación de la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR), la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y la Universitat de València. De ellos, siete de cada diez lo hacen con fines académicos. Lo hacen, según ellos, para buscar información para tareas de clase, resolver dudas, corregir textos propios y resumir información. ¿Cuántos de ellos la usan para redactar trabajos enteros? En España, de momento, no hay datos, pero una investigación publicada en ‘The Economist’ señala que el 15% de los estudiantes de secundaria de EEUU admiten que usan IA para elaborar una tarea completa.
Entre los creadores de la nueva plataforma se encuentra Nil Gallego, estudiante de Ingeniería Informática de la UOC. Authory.tech analiza el proceso de escritura del alumnado y registra distintos indicadores durante la redacción, como la velocidad de escritura, el tiempo empleado en completar el trabajo, la inserción de fragmentos copiados o el uso de vocabulario poco habitual para el nivel académico. “Además, compara esos patrones con los de otros estudiantes del mismo grupo. Después, transforma esta información en visualizaciones y métricas para que el profesorado pueda entender mejor cómo se ha elaborado un trabajo”, explican sus promotores.
Authory.tech no está planteada como una herramienta para generar veredictos salomónicos. El objetivo no es que el resultado sea una resolución que sentencie ‘texto IA’ o ‘texto humano’, sino “aportar evidencias al profesor y que sea este quien tome la decisión final”.
” Hasta ahora, los detectores de IA no nos están sirviendo de mucho porque presentan sesgos, así que los profesores hemos perdido la capacidad de detectar el plagio. Antes sí teníamos una evidencia y podíamos demostrarlo, pero ahora no. Es nuestra palabra contra la del alumno”
Joaquín González-Cabrera
— Investigador del grupo Ciberpsicología de UNIR
Joaquín González-Cabrera, investigador del grupo Ciberpsicología de UNIR y profesor en la facultad de Educación, reconoce que uno de los problemas que acarrea la IA es, precisamente, cuando los estudiantes la usan para redactar trabajos enteros. “Hace años, los sistemas para detectar plagios funcionaban muy bien, pero ahora todo ha cambiado porque las herramientas de IA sirven para redactar textos originales. Hasta ahora, los detectores de IA no nos están sirviendo de mucho porque presentan sesgos, así que los profesores hemos perdido la capacidad de detectar el plagio. Antes sí teníamos una evidencia y podíamos demostrarlo, pero ahora no. Es nuestra palabra contra la del alumno”, explica.
La mayoría de detectores de IA, hasta ahora, son muy rudimentarios. “Analizan únicamente el texto final, ofrecen porcentajes opacos y producen falsos positivos. En este sentido, el futuro implica entender el proceso de elaboración del trabajo, no solo el resultado”, alegan los creadores de Authory.tech.
El docente e investigador de la UNIR explica que, en general, los profesores saben cuándo están delante de un texto humano. “Las redacciones hechas con IA son perfectamente coherentes, los verbos están siempre bien usados y la puntuación es adecuada y sin errores. Todos los párrafos tienen más o menos la misma extensión. La inteligencia artificial cada vez lo hace mejor y consigue textos elegantes. Pero no tienen alma, no conectan con la realidad y son inespecíficos. Son planos y a mí, como profesor, me dejan frío”, comenta.
Tras entrevistarse con docentes, los creadores de Authory.tech constataron que los profesores carecen de herramientas para demostrar que un alumno se ha limitado a realizar un corta-pega de la IA. “Esto les generaba inseguridad, conflictos y una pérdida progresiva de confianza en la evaluación”, explican.
“Garantizar que, en el contexto actual, el aprendizaje siga siendo un proceso basado en el esfuerzo y la construcción de conocimiento” es uno de los objetivos centrales de los creadores de Authory.tech, uno de los proyectos finalistas del programa de emprendimiento SpinUOC 2026. “Nuestra preocupación principal no es solo la automatización de los textos, sino el riesgo de que los estudiantes dejen de desarrollar habilidades fundamentales como el pensamiento crítico, la capacidad de argumentación o la construcción de una voz propia”, defienden.
Los creadores de la plataforma explican que hay patrones muy evidentes asociados a trabajos hechos con IA o con contenido copiado. Por ejemplo, los estudiantes que acaban el trabajo demasiado rápido o en los que se ve claramente que han pegado un texto de golpe. Pero también hay alumnos que han aprendido a disimular muy bien el uso de la IA. “Por eso hemos desarrollado documentación de apoyo para el profesorado en la que explicamos qué métricas conviene observar y cómo triangular diferentes indicadores para identificar sospechas de manera rigurosa”, concluyen.
Fuente: https://www.farodevigo.es/sociedad/2026/08/19/nueva-herramienta-identificar-trabajos-escolares-copiados-ia-133485947.html
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