o bastan, desde luego, los deslindes circunstanciales motivados por el temor a la reacción de una comunidad tan poderosa. La esencia política de Xóchitl es el foxismo; es decir, la ligereza de opinión, la vacilada casi farandulera, la maledicencia y el estruendo como sustitutos de la profundidad. Pero no sólo esas características escénicas o discursivas sino, sobre todo, el sometimiento a intereses extranjeros y nacionales que conjuntan fuerzas, recursos y medios (no sólo de comunicación) para inflar figuras manejables. En realidad, más allá de deslindes y tuits de oportunidad de la ingeniera en computación: gracias, Vicente, por ayudar a hacer la luz.
Resulta sumamente ilustrativo para las izquierdas electorales latinoamericanas y, obviamente, para la mexicana, una frase que dijo ayer Pedro Sánchez, el presidente de España, que según encuestas de opinión y visiones mediáticas de aquel país parecía destinado a entregar el poder a la derecha (el Partido Popular) y la ultraderecha (Vox): el bloque involucionista de retroceso que planteaba una derogación total de todos los avances que hemos logrado en los últimos cuatro años ha fracasado. ¡Ha fracasado!
, dijo el líder del Partido Socialista Obrero Español mientras su audiencia coreaba la consigna antifascista, ¡no pasarán!
Falta ver la manera en que se acomodarán las minorías nacionalistas e independentistas (País Vasco, Cataluña y Galicia, según precisó Armando G. Tejeda en su primer reporte a La Jornada) y si eso permite que Sánchez siga presidiendo España, a pesar de que PP con Alberto Núñez Feijóo haya sido la opción más votada. ¡Hasta mañana!

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