Publicado: 29 junio 2026 a las 6:00 am
Categorías: Artículos
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Latin American Female"]
Por Carolina Osorio

En las comunidades rurales de Guatemala y Honduras, una transformación silenciosa está tomando forma en la educación de la primera infancia: cada vez más hombres comienzan a involucrarse en el cuidado, la crianza y los procesos educativos de niñas y niños. En contextos donde el cuidado ha sido históricamente feminizado, abrir estos espacios representa un cambio profundo. Porque cuando los hombres se involucran, no solo se redistribuyen responsabilidades: se transforman las formas de convivir, de educar y de imaginar el futuro.
Este cambio no es casual. Es en parte el resultado de la participación en el proyecto “Pedagogía inclusiva con enfoque de género para la educación infantil comunitaria en Guatemala y Honduras”, impulsado por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), la Organización Mundial para la Educación Preescolar (OMEP), el Colectivo de Educación para Todos y Todas de Guatemala y el Foro Dakar Honduras.
Esta iniciativa, apoyada por GPE KIX (Intercambio de Conocimiento e Innovación de la Alianza Mundial para la Educación), busca generar evidencia y fortalecer un modelo pedagógico comunitario e inclusivo que integre currículo, metodologías participativas, formación docente y, sobre todo, la participación activa de las comunidades educativas. En este marco, el trabajo sobre las masculinidades – entendidas como las distintas formas en que la sociedad define lo que significa “«ser hombre”», y que cambian según el contexto, la cultura y el momento histórico ha emergido como una pieza clave para transformar no solo la educación, sino también las relaciones de género en la vida cotidiana.
En este proyecto, el trabajo sobre masculinidades se entiende como un conjunto de acciones orientadas a involucrar a los hombres en el cuidado, cuestionar normas de género tradicionales y promover su participación en la educación de la primera infancia.
Uno de los principales aprendizajes del proceso ha sido identificar cómo acercarse a los hombres de la comunidad. La experiencia muestra que la mejor entrada no ha sido un discurso teórico sobre igualdad de género, sino el reconocimiento de su papel en la vida familiar y comunitaria.
Hablar de la crianza y el bienestar familiar r— ha permitido abrir conversaciones más cercanas y menos confrontativas. Desde allí, los hombres han podido reflexionar sobre sus propias experiencias, cuestionar mandatos tradicionales y explorar nuevas formas de participación.
Las tertulias dialógicas y espacios de intercambio comunitario han sido fundamentales. Estos encuentros, basados en el enfoque de aprendizaje dialógico que sustenta el modelo pedagógico del proyecto, han permitido construir confianza y generar procesos colectivos de reflexión. En lugar de imponer cambios, se ha apostado por el intercambio de experiencias y el reconocimiento mutuo.
El proyecto ha demostrado que los espacios educativos comunitarios son escenarios privilegiados para trabajar las masculinidades. En comunidades de Alta Verapaz (Guatemala) y en municipios como Danlí y Yuscarán (Honduras), el trabajo se ha desarrollado directamente con docentes, familias, líderes comunitarios y niñas y niños.
Las escuelas de educación inicial han funcionado como puntos de encuentro, pero el proceso va más allá del aula. Talleres comunitarios, reuniones escolares, actividades lúdicas y espacios de investigación-acción participativa han permitido involucrar a distintos actores en la reflexión sobre género y cuidado.
Este enfoque comunitario reconoce que la educación de la primera infancia no ocurre únicamente en instituciones formales, sino en la vida cotidiana. Integrar a los hombres en estos espacios ha sido clave para avanzar hacia una corresponsabilidad más concreta en el cuidado.
Además, el uso de metodologías participativas —como entrevistas, actividades expresivas y círculos de diálogo— ha facilitado el desarrollo del conocimiento situado, donde las voces de las comunidades tienen un papel central.
El trabajo sobre masculinidades no se limita a los adultos. También implica trabajar con los niños desde la primera infancia para ampliar sus posibilidades de ser y sentir.
A través del juego, las actividades creativas y la interacción cotidiana, se promueve que los niños desarrollen habilidades vinculadas al cuidado, a la empatía y a la expresión emocional. Esto significa cuestionar los roles tradicionales que asocian lo masculino con la dureza o la distancia afectiva y abrir espacio a formas más diversas y humanas de construir la identidad.
Este trabajo temprano es fundamental, ya que permite generar nuevas referencias antes de que los estereotipos se consoliden. En este sentido, la educación inclusiva y con enfoque de género se convierte en una herramienta poderosa para transformar imaginarios desde la primera infancia.
Estos cambios en el cuidado infantil y en las normas de género durante la primera infancia pueden fomentar relaciones y comportamientos más equitativos entre los niños a medida que se incorporan a la escuela.
Las reacciones de los hombres frente a este proceso han sido diversas. En algunos casos, especialmente entre generaciones mayores, asumir un rol más activo en el cuidado puede resultar desafiante debido a normas culturales profundamente arraigadas.
Sin embargo, también se han observado cambios importantes. En varios espacios, los hombres han mostrado interés en participar, compartir sus experiencias y cuestionar prácticas tradicionales. La posibilidad de contar con espacios seguros y no juzgantes ha sido clave para facilitar esta apertura.
En general, las comunidades han respondido de manera positiva. Las familias han mostrado disposición a dialogar y participar activamente en propuestas que buscan mejorar la educación y el bienestar de niñas y niños. Este involucramiento es fundamental para sostener los cambios en el tiempo.
La experiencia deja una enseñanza clara: no es posible hablar de educación inclusiva sin transformar las relaciones de género y esto implica necesariamente involucrar a los hombres en el cuidado.
A pesar de que involucrarlos sigue siendo un desafío, es posible avanzar cuando se trabaja desde prácticas concretas y espacios comunitarios. Es en este proceso donde la primera infancia se convierte en el punto de partida para construir comunidades más justas, inclusivas y corresponsables.
Gracias a la articulación entre CLADE, OMEP, el Colectivo de Educación para Todos y Todas de Guatemala y el Foro Dakar Honduras, esta experiencia demuestra que es posible construir modelos educativos que integren la igualdad de género desde la práctica cotidiana, con base en el diálogo, la participación y el reconocimiento de las comunidades.
Fuente: https://redclade.org/noticias/masculinidades-y-la-corresponsabilidad-en-el-cuidado-de-las-ninas-y-ninos-aprendizajes-desde-la-pedagogia-inclusiva-en-guatemala-y-honduras/
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