Los 10 principios de una universidad “amigable con las personas mayores” y el aprendizaje a lo largo de la vida

Publicado: 28 julio 2026 a las 2:00 am

Categorías: Artículos

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Por https://www.infobae.com

Estudiar no tiene límites, y menos de edad; sin embargo esta idea tiene diversas variantes desde universidades que buscan integraciones entre diversos grupos etarios y otras que impulsan programas especiales que van más allá de un título

La población envejece y la natalidad no mantiene un ritmo de crecimiento. La forma de entender el trabajo está en plena evolución y la necesidad de aprender y actualizarse de forma permanente es cada vez es más imperiosa.

¿Cuál es el rol de las universidades para formar a estos nuevos profesionales y potenciar a los que ya están titulados? ¿O incluso cuál es el rol de acercar a los adultos mayores por primera vez a un estudio de grado?

En más de un centenar de campus de Estados Unidos conviven dos poblaciones estudiantiles que rara vez se cruzan: la de los veinteañeros que cursan sus carreras de grado y la de personas de 60, 70 u 80 años que asisten a seminarios sobre historia del arte, neurociencia o geopolítica, sin rendir examen ni buscar un título. Esa segunda población tiene, en más de 120 universidades estadounidenses, un nombre común conocido como Osher Lifelong Learning Institute (OLLI).

Por otro lado, en 2012, la Dublin City University en Irlanda convocó a un grupo interdisciplinario de educadores, investigadores y administradores para definir qué significaba que una universidad fuera “amigable con la edad”. El resultado fueron los Diez Principios de la Age-Friendly University (AFU); un marco que no se limita a ofrecer cursos para mayores, sino que los involucra en la investigación, el diseño curricular, los programas de salud y bienestar y el intercambio intergeneracional dentro del campus.

El fenómeno nació de una decisión filantrópica puntual, pero terminó consolidando un modelo de “universidad para toda la vida”. Fue el empresario Bernard Osher, conocido como “el filántropo silencioso” quien creó en 1977 la Bernard Osher Foundation, con sede en San Francisco, para financiar iniciativas de educación superior y arte.

Si bien, Osher no inventó la idea de que los adultos mayores volvieran a las aulas- ya que esa tradición existía en el Fromm Institute for Lifelong Learning, organizado en la Universidad de San Francisco en 1976, y en el “Senior College” de la Universidad del Sur de Maine, estado natal de Osher- sí estableció una nueva forma de educarse a partir de “aprender por la alegría de aprender”.

En 2001, Osher otorgó una donación patrimonial a ese “Senior College”, que pasó a llamarse Osher Lifelong Learning Institute, y poco después extendió el modelo a Sonoma State University, en California. A partir de ahí, la red se multiplicó durante quince años mediante subsidios a universidades que ya tenían programas para mayores o que estaban dispuestas a crearlos. Cada instituto opera de manera independiente dentro de su universidad anfitriona, con oferta definida según los intereses de su comunidad, aunque todos comparten el mismo principio de origen que es cursos sin créditos, sin tareas obligatorias y sin calificaciones, para adultos de 50 años en adelante.

El movimiento de las “universidades amigables con la edad”

En 2012, en Irlanda, fue la Dublin City University junto a grupo de especialistas los que crearon los Diez Principios de la Age-Friendly University (AFU) con una mirada distinta al modelo OLLI con la que se buscó crear un marco que no se limita a ofrecer cursos para mayores, sino que los involucra en la investigación, el diseño curricular, los programas de salud y bienestar y el intercambio intergeneracional dentro del campus.

En 2013 y 2014, Dublin City University se asoció con Arizona State University de Estados Unidos y la Universidad de Strathclyde, en Escocia para fundar la Age-Friendly University Global Network a la que se sumaron más de 130 universidades de Europa, América, Asia y Oceanía. En el caso de América Latina son miembros universidades tanto de Brasil como de Chile.

Los 10 principios que se establecieron buscaron complementar el Programa de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud y trabajar en diálogo con actores de las comunidades, educativos y del sector de la sanidad. El detalle de los principios:

1- Fomentar la participación de los adultos mayores en todas las actividades principales de la Universidad, incluidos los programas educativos y de investigación.

2- Promover el desarrollo personal y profesional en la segunda mitad de la vida y apoyar a quienes deseen emprender una segunda carrera.

3-Reconocer la diversidad de necesidades educativas de los adultos mayores (desde aquellos que abandonaron los estudios prematuramente hasta aquellos que desean obtener títulos de maestría o doctorado).

4- Promover el aprendizaje intergeneracional para facilitar el intercambio recíproco de conocimientos entre estudiantes de todas las edades.

5- Ampliar el acceso a las oportunidades educativas en línea para los adultos mayores y garantizar así la diversidad de vías de participación.

6-Garantizar que la agenda de investigación de la universidad tenga en cuenta las necesidades de una sociedad que envejece y promover el debate público sobre cómo la educación superior puede responder mejor a los diversos intereses y necesidades de los adultos mayores.

7- Aumentar la comprensión de los estudiantes sobre el dividendo de la longevidad y la creciente complejidad y riqueza que el envejecimiento aporta a nuestra sociedad.

8- Mejorar el acceso de los adultos mayores a la variedad de programas de salud y bienestar de la universidad, así como a sus actividades artísticas y culturales.

9- Involucrarse activamente con la comunidad de jubilados de la propia universidad.

10- Garantizar un diálogo regular con las organizaciones que representan los intereses de la población de edad avanzada.

Joan Alexander completó sus estudios universitarios más de seis décadas después de haberlos iniciado. (Crédito: Facebook / Tracy Alexander)

Por qué esto importa más allá del campus y la modalidad

El envejecimiento poblacional no es una proyección lejana. Según cifras de Naciones Unidas para 2050 una de cada seis personas en el mundo tendrá 65 años o más.

Frente a ese escenario, instituciones que durante siglos definieron su misión en torno a la formación de jóvenes empiezan a preguntarse si es momento de transformarse y pensar en el aprendizaje a lo largo de la vida con las particularidades de cada etapa.

La evidencia de las investigaciones científicas sugiere que el aprendizaje protege el envejecimiento cognitivo; la pregunta pendiente es cómo lograr que la universidad adquiera nuevos roles para nuevas necesidades del presente y el futuro.

Fuente: https://www.infobae.com/educacion/2026/07/28/los-10-principios-de-una-universidad-amigable-con-las-personas-mayores-y-el-aprendizaje-a-lo-largo-de-la-vida/