Publicado: 4 septiembre 2026 a las 8:00 am
Categorías: Ciencia / Noticias
02 de Septiembre de 2026
Aunque el cuerpo humano es un experto adaptándose al calor, la mente no siempre lo sabe.
Imagina esto: eres un ciclista profesional proveniente de la fría Dinamarca y te llevan al desértico Qatar. Aterrizas, te trasladan a una pista y te piden correr 43 kilómetros a toda velocidad. Al principio de la carrera todo parece fluir. Desafortunadamente, cuando cruzas la meta ves tu reloj: hiciste 11 minutos más de lo normal. No te siente muy bien y te diriges con el médico, quien tiene otras noticias sorprendentes: has perdido el 3% de tu peso en sudor y tu temperatura interna es de 40.2°C.
La historia de estos ciclistas, reportada por la Medicine & Science in Sports & Exercise ilustra los agobiantes efectos del calor extremo y cómo el cuerpo humano puede aprender a sobrevivir en condiciones insoportables.
Cuando la temperatura aumenta, el cuerpo activa varios mecanismos de supervivencia. Todo comienza en los vasos sanguíneos de la piel los cuales se dilatan. Así, el calor acumulado sale a la superficie, como si abriéramos las ventanas del coche durante una tarde de verano. Si esto falla viene la sudoración, estimulada por fibras nerviosas, una función vital frecuente en días soleados.
Hasta este punto, los doctores Arthur C. Guyton y John E. Hall explican qué sucede en un día muy caliente. Y ¿qué pasa si la temperatura sigue aumentando? Aquí la situación cambia. De acuerdo con la Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, ocurre algo llamado “expansión de volumen plasmático”. Un concepto a primera vista intimidante, pero en realidad es un truco de supervivencia bastante ingenioso.
Luego de estar soportando 3 o 4 días de calor de manera repentina, el nivel de la parte líquida de la sangre (plasma) incrementa de 4% a 15%. Convenientemente el agua es lo primero que aumenta, recordando que forma el 80% del volumen sanguíneo. Esto sucede por la retención de sal, con el fin de conservar la mayor cantidad del líquido posible. Luego se liberan la aldosterona y la vasopresina, dos hormonas encargadas de mandar la señal a los riñones de “reabsorber” la mayor cantidad de agua en vez de expulsarla. Para terminar, las proteínas presentes en sangre actúan como esponjas sedientas, quienes buscan atraer líquido desde otros tejidos del cuerpo.
Gracias a la expansión, el organismo estabiliza al corazón: la frecuencia de latidos disminuye porque hay más sangre en los vasos y no es necesario bombear tan rápido. Además, al tener más agua, la sangre puede transportar el calor desde los órganos hasta la piel sin esfuerzo. A todo este proceso se le conoce como “termorregulación”.
Si la termorregulación falla las personas pueden experimentar lo siguiente. Las primeras señales de alerta según la Secretaría de Salud y la Panamerican Health Organization son: aparición de pequeñas ronchas en cara, cuello, pecho y área genital, hinchazón de tobillos y piernas, calambres marcadamente en piernas, brazos o abdomen. Los efectos moderados incluyen desmayos o mareos breves y fatiga. En casos graves la temperatura puede alcanzar los 40°C, desencadenando confusión, pérdida de conciencia, delirio e incluso coma.
Importante: En caso de presentar síntomas descansar de inmediato en un lugar fresco y con sombra. Buscar atención médica llamando al 911, o a Locatel marcando al 55 5658 1111
A pesar de todo no se trata de tener miedo, sino de estar preparados, como dice el Dr. Périard quien realizó la investigación con los ciclistas, “Todos podemos adaptarnos, y las adaptaciones se desarrollan bastante rápido”. Sin embargo, esa capacidad tiene un límite al que debemos estar atentos.
Deja un comentario