Publicado: 28 septiembre 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Miranda Escolar
Un estudio de Stanford con más de mil adolescentes y adultos jóvenes concluye que los mensajes sobre salud mental, depresión y ansiedad son los que generan mayor impacto

Las advertencias sanitarias que aparecen antes o durante el uso de las redes sociales podrían convertirse en una herramienta para reducir su consumo entre adolescentes y jóvenes adultos. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación dirigida por Stanford Medicine, que ha analizado cómo reaccionan los jóvenes ante diferentes mensajes destinados a alertar sobre los posibles efectos negativos de las redes sociales.
El estudio, publicado este mes en JAMA Health Forum, se basa en un experimento en línea realizado con 1.012 participantes de entre 13 y 29 años. Aproximadamente la mitad eran adolescentes de 13 a 17 años y la otra mitad adultos jóvenes de entre 18 y 29 años. Los participantes evaluaron diferentes mensajes de advertencia diseñados para aparecer como si fueran ventanas emergentes dentro de una red social.
Los resultados muestran que los jóvenes consideraron que prácticamente todos los mensajes de advertencia probados eran más eficaces para desalentar el uso de redes sociales que un mensaje de control ajeno a este ámbito. Las advertencias que más impacto generaron fueron aquellas relacionadas con los daños generales para la salud mental, la depresión y la ansiedad.
La investigación se enmarca en un debate que está adquiriendo una creciente dimensión política en Estados Unidos. En 2024, el entonces cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, reclamó la incorporación de advertencias sanitarias en las plataformas de redes sociales, siguiendo un modelo similar al utilizado durante décadas para informar de los riesgos asociados al tabaco, el alcohol y otros productos.
Desde entonces, varios estados norteamericanos han aprobado leyes para exigir este tipo de advertencias. California, Colorado, Minnesota y Nueva York han aprobado legislación en esta materia, mientras que Texas, Ohio y Pensilvania han estudiado propuestas similares. En California, la normativa está prevista para entrar en vigor el 1 de enero de 2027. La cuestión, sin embargo, es qué debería decir exactamente una advertencia de este tipo y, sobre todo, si realmente consigue modificar el comportamiento de los usuarios. El trabajo de Stanford pretende aportar datos a esas dos preguntas.
Los investigadores diseñaron 14 mensajes de advertencia diferentes, además de un mensaje de control. Las advertencias abordaban seis áreas relacionadas con la salud: adicción a las redes sociales, imagen corporal negativa, alteraciones del sueño, depresión, ansiedad y daños generales para la salud mental. También se incluyó un mensaje que advertía de que las redes sociales no han demostrado ser seguras para los usuarios jóvenes.
Los participantes vieron los mensajes en orden aleatorio y con un formato diseñado para reproducir el aspecto de una publicación o interfaz de Instagram. Después de cada mensaje debían responder a dos preguntas fundamentales: hasta qué punto la advertencia les desanimaba de utilizar las redes sociales y cuánto aumentaba su conocimiento sobre los riesgos asociados a ese uso. El diseño permitió comparar qué tipos de advertencias eran percibidas como más convincentes y cuáles tenían menor capacidad de llamar la atención de los jóvenes.
Los resultados mostraron que los mensajes relacionados con la salud mental en general, la depresión y la ansiedad fueron los que los participantes consideraron más eficaces para reducir su deseo de utilizar redes sociales. Las advertencias relacionadas con otros problemas de salud también fueron valoradas por encima del mensaje de control, con una excepción: el aviso específico sobre adicción no obtuvo el mismo nivel de impacto.
Los investigadores creen que una posible explicación es que los efectos sobre la salud mental son problemas que los propios jóvenes reconocen en su entorno cotidiano. La depresión y la ansiedad pueden resultar más tangibles para ellos que conceptos más abstractos relacionados con el uso problemático de la tecnología. Los participantes pueden reconocer esos efectos en experiencias propias o de amigos y familiares. La investigadora principal, Anna Grummon, profesora adjunta de Pediatría de Stanford, considera precisamente que el lenguaje utilizado en las advertencias puede ser determinante. Una pequeña modificación en el mensaje puede cambiar la manera en la que los usuarios perciben el riesgo.
Uno de los resultados que sorprendió al equipo investigador fue la escasa diferencia entre adolescentes y adultos jóvenes. Los investigadores habían planteado inicialmente la posibilidad de que ambos grupos reaccionaran de manera diferente a las advertencias, dado que sus experiencias con las redes sociales y la tecnología pueden ser distintas. Sin embargo, los adolescentes de 13 a 17 años y los jóvenes adultos de 18 a 29 años mostraron respuestas similares: ambos grupos consideraron que los mensajes podían ayudarles a reducir su utilización de las redes sociales.
Para Thomas Robinson, profesor de Pediatría de Stanford y autor principal del estudio, este resultado resulta especialmente relevante porque el entorno digital cambia con enorme rapidez y la experiencia de los usuarios puede variar incluso entre generaciones separadas por pocos años. La coincidencia encontrada entre ambos grupos apunta a que determinadas advertencias relacionadas con la salud mental podrían tener un impacto transversal entre los jóvenes.
Los investigadores incluyeron en el experimento la advertencia que ha sido incorporada a la legislación de California. El mensaje señala que el cirujano general ha advertido de que, aunque las redes sociales pueden tener beneficios para algunos usuarios jóvenes, están asociadas a daños significativos para la salud mental y no se ha demostrado que sean seguras para los usuarios jóvenes. Aunque se trata de un texto más largo y complejo que algunas de las otras advertencias utilizadas en el experimento, su valoración fue comparable a la de otros mensajes relacionados con la salud.
Los investigadores explican que participaron en conversaciones con personas implicadas en el diseño de la legislación californiana y que el texto fue construido teniendo en cuenta, entre otros elementos, las exigencias jurídicas de una norma que está siendo cuestionada por la industria tecnológica.
Los participantes afirmaron que las advertencias les harían reducir su uso de las redes sociales, pero el experimento no siguió su comportamiento real durante un periodo posterior para comprobar si efectivamente disminuyeron el tiempo de utilización. Por tanto, los resultados demuestran que los mensajes tienen capacidad para modificar la percepción declarada de los usuarios, pero todavía no permiten afirmar que una advertencia vaya a conseguir una reducción real y sostenida del uso de las plataformas.
Los investigadores consideran que será necesario realizar estudios más amplios y prolongados para comprobar si los mensajes producen cambios efectivos de comportamiento. Esta diferencia es especialmente importante porque las redes sociales no funcionan exactamente como otros productos para los que existen advertencias sanitarias.
Las advertencias sobre tabaco y alcohol aparecen directamente sobre el producto y permanecen visibles en el envase. En las redes sociales, en cambio, la advertencia puede presentarse como una ventana emergente que el usuario encuentra mientras navega. Eso significa que el impacto dependerá no solamente del texto, sino también de factores como la frecuencia con la que aparece, el momento en que se muestra y la facilidad con la que puede cerrarse.
Además, las redes sociales son servicios utilizados durante largos periodos de tiempo y con una enorme variedad de contenidos. No existe un único “producto” sobre el que colocar una advertencia permanente. Esta diferencia lleva a Stanford a considerar que no basta con trasladar directamente el modelo de las etiquetas sanitarias tradicionales al entorno digital. Será necesario estudiar cómo deben diseñarse las advertencias específicamente para plataformas sociales.
La investigación se apoya en un creciente cuerpo de estudios que ha relacionado determinados patrones de uso intensivo de redes sociales con problemas como depresión, ansiedad, alteraciones de la imagen corporal y trastornos del sueño. El estudio de Stanford no pretende establecer una nueva relación causal entre las redes sociales y esos problemas. Su objetivo es diferente: analizar qué mensajes de advertencia consiguen que los jóvenes sean más conscientes de esos posibles riesgos y manifiesten una mayor intención de reducir su consumo.
Esta distinción resulta importante en un debate en el que con frecuencia se mezclan dos preguntas diferentes: qué efectos tienen las redes sociales sobre la salud y qué herramientas pueden utilizarse para reducir un eventual uso perjudicial. La investigación se centra fundamentalmente en esta segunda cuestión.
El estudio de Stanford abre así una nueva vía en la discusión sobre cómo proteger a los jóvenes en el entorno digital. Las etiquetas de advertencia no constituyen una solución única. Los propios investigadores las consideran una de las muchas estrategias posibles para promover un uso más saludable de las redes sociales. Pero el experimento ofrece una primera evidencia de que el modo de comunicar los riesgos importa. Una advertencia genérica puede tener un efecto diferente a otra que mencione explícitamente depresión, ansiedad o daños para la salud mental. El siguiente paso será determinar si esa percepción se transforma en comportamiento real.
Fuente: https://exitoeducativo.net/bienestar-emocional/las-etiquetas-de-advertencia-sobre-los-riesgos-de-las-redes-sociales-podrian-reducir-su-uso-entre-los-jovenes
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