Publicado: 21 octubre 2026 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Miranda Escolar
Un estudio de la Universidad de Cambridge con 130 recién nacidos detecta diferencias medias en el tiempo que dedican a mirar rostros humanos y objetos.

Escolar
Las diferencias en la manera de prestar atención pueden comenzar antes de que los niños y las niñas entren en la escuela e incluso antes de que hayan tenido una experiencia significativa de socialización. Esta es la principal conclusión de una investigación de la Universidad de Cambridge que ha estudiado la atención visual de 130 recién nacidos durante sus primeras horas de vida.
El trabajo, publicado en la revista científica Biology of Sex Differences, aporta nuevos datos al debate sobre cuánto influyen la biología y el entorno en el desarrollo infantil. Los investigadores observaron que, en promedio, las niñas dedicaban una proporción mayor de su tiempo a mirar un rostro humano en movimiento, mientras que los niños dedicaban relativamente más tiempo a observar un objeto mecánico. Sin embargo, ambos grupos mostraron una tendencia general a prestar atención al estímulo social.
La investigación plantea una cuestión relevante para la educación: si existen diferencias medias en algunos patrones de atención desde el nacimiento, ¿hasta qué punto pueden influir en la forma en que los menores adquieren el lenguaje, interactúan con sus compañeros y aprenden en el aula?
La respuesta exige distinguir entre una diferencia observada en un experimento con recién nacidos y las capacidades que cada alumno desarrollará durante su infancia. El estudio no evaluó el rendimiento escolar ni demuestra que niños y niñas necesiten métodos pedagógicos diferentes.
El experimento presentó a los recién nacidos dos estímulos audiovisuales simultáneos: un rostro humano en movimiento y un objeto mecánico conocido como cuna de Newton, formado por bolas metálicas suspendidas que chocan entre sí.
Los investigadores analizaron la mirada de 130 bebés, 67 niños y 63 niñas, con una edad media aproximada de 33 horas. Los resultados mostraron que las niñas dedicaban, de media, una proporción mayor de su tiempo a mirar el rostro humano. En los niños, la atención relativa al objeto mecánico era mayor. La diferencia entre los grupos fue moderada y existía una amplia variabilidad individual.
El equipo, vinculado al Centro de Investigación sobre el Autismo de Cambridge, empleó procedimientos de observación controlados y analizó las grabaciones sin que los evaluadores conocieran el sexo de los bebés, una medida destinada a reducir posibles sesgos.
La conclusión no es que las niñas tengan más capacidad de atención que los niños, sino que, en esta prueba concreta, los grupos mostraron preferencias medias diferentes por estímulos sociales y no sociales.
La investigación no estudió aulas ni midió competencias académicas. Sus implicaciones educativas son, por tanto, indirectas: ofrece una posible pista sobre los primeros procesos de atención que posteriormente intervienen en la interacción social y el aprendizaje del lenguaje.
La atención a los rostros puede facilitar que los bebés observen gestos, expresiones faciales y movimientos relacionados con el habla. Es posible que estas señales contribuyan al desarrollo de la comunicación y las habilidades sociales, pero el estudio no demuestra que las diferencias observadas al nacer expliquen por sí solas que, en promedio, las niñas desarrollen antes determinadas competencias lingüísticas.
Los investigadores consideran necesario seguir a los participantes durante su desarrollo para comprobar si las diferencias iniciales se relacionan con comportamientos posteriores.
En educación infantil, la atención es una condición importante para participar en las actividades, comprender instrucciones y adquirir nuevos conocimientos. Sin embargo, no existe fundamento en este estudio para recomendar actividades distintas a niños y niñas en función de su sexo.
La implicación pedagógica más prudente es combinar recursos variados: explicaciones orales, imágenes, objetos manipulables, juegos, interacción directa y actividades de exploración. Este enfoque permite responder a las diferencias individuales de atención sin convertir una tendencia estadística en una expectativa sobre cada estudiante.
El riesgo aparece cuando los resultados de una investigación se interpretan como si describieran a todos los niños y todas las niñas. Los autores insisten en que las diferencias se observan al comparar grupos y que existe un amplio solapamiento entre ellos.
En el aula, dar por hecho que las niñas son más sociales o que los niños se interesan más por los objetos puede condicionar las expectativas del profesorado y las oportunidades que se ofrecen a cada menor. La observación individual debe prevalecer sobre cualquier generalización basada en el sexo.
La evidencia disponible sobre programas de educación infantil también apunta a que niños y niñas pueden beneficiarse de forma semejante en los resultados cognitivos y académicos. Un metaanálisis de 23 programas encontró efectos generalmente similares en estos ámbitos, aunque detectó diferencias en algunos resultados escolares, como la repetición de curso y la asignación a educación especial.
Este trabajo anterior no estudia la atención desde el nacimiento, pero ayuda a situar el debate: las diferencias en el desarrollo no implican necesariamente que un grupo obtenga más beneficios educativos que otro, ni que exista una única estrategia adecuada para cada sexo.
El estudio de Cambridge aporta indicios de que ciertos factores biológicos prenatales podrían intervenir en las diferencias medias de atención observadas al nacer. Entre las posibles explicaciones figuran las influencias hormonales y genéticas, aunque el experimento no permite determinar qué mecanismo concreto produce los resultados.
El profesor Simon Baron-Cohen, director del Centro de Investigación sobre el Autismo y supervisor del trabajo, sostiene que los hallazgos apuntan a una interacción entre biología y experiencia posterior, no a una oposición entre ambas.
Para la educación, esta distinción es fundamental. El desarrollo de cada niño depende de múltiples factores: maduración, entorno familiar, interacción social, experiencias educativas y características individuales. Una diferencia temprana no constituye un destino invariable ni permite anticipar por sí sola el rendimiento futuro.
Los investigadores esperan que el seguimiento longitudinal de los bebés permita aclarar si estas preferencias visuales iniciales guardan relación con el desarrollo posterior de la atención, las habilidades sociales y otras características del neurodesarrollo.
El estudio abre una línea de investigación relevante sobre los orígenes tempranos de algunas diferencias de comportamiento, pero no proporciona una base para separar la enseñanza por sexos ni para asignar capacidades diferentes a niños y niñas.
Su principal aportación educativa consiste en recordar que el aprendizaje comienza mucho antes de la escolarización formal y que los procesos de atención se desarrollan mediante la interacción de factores biológicos y ambientales. El reto para los centros consiste en ofrecer entornos ricos en estímulos, oportunidades de interacción y métodos flexibles que respondan a las necesidades reales de cada alumno.
Fuente: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/innovacion-educativa-1/las-diferencias-de-atencion-entre-ninos-y-ninas-aparecen-desde-el-nacimiento-pero-no-determinan-como-aprenderan-en-la-escuela
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