Publicado: 28 octubre 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por José Luis Fernández
La UOC impulsa Observa, una plataforma que combina análisis de clases, evaluación entre iguales e inteligencia artificial para ofrecer recomendaciones personalizadas al profesorado. El proyecto busca transformar la evaluación en una herramienta de mejora continua y no en un mecanismo de control.

Alumnos
La inteligencia artificial comienza a abrir nuevas posibilidades en la evaluación de la calidad educativa. La Universitat Oberta de Catalunya (UOC) impulsa Observa, un proyecto que utiliza tecnología y evaluación entre iguales para ayudar a los docentes a analizar su práctica en el aula, identificar áreas de mejora y desarrollar nuevas estrategias de enseñanza.
La iniciativa, liderada por Gerard Ferrer-Esteban, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC y responsable del grupo de investigación Laboratorio de Educación Social (LES), plantea un modelo basado en la observación de clases por parte de otros profesionales de la enseñanza. La inteligencia artificial interviene en una fase posterior, organizando y sintetizando las valoraciones para facilitar la elaboración de informes individualizados.
El proyecto responde a una necesidad de los centros educativos: disponer de información útil sobre lo que sucede en las aulas y convertirla en medidas concretas que contribuyan a mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.
La evaluación del profesorado se ha desarrollado tradicionalmente mediante procedimientos que, en ocasiones, ofrecen una visión fragmentada de la actividad docente. Los cuestionarios estandarizados y los indicadores cuantitativos pueden aportar información, pero no siempre reflejan la complejidad del trabajo educativo, condicionado por las características del alumnado, la diversidad del grupo, el contexto social y los recursos disponibles en cada centro.
Observa propone complementar esos mecanismos con una evaluación cualitativa basada en la observación directa de la práctica docente. El objetivo es que los profesores reciban comentarios fundamentados sobre cómo desarrollan sus clases y qué cambios podrían introducir para mejorar sus resultados.
«Las escuelas necesitan datos cualitativos que se puedan transformar en acciones para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje», sostiene Ferrer-Esteban. La propuesta parte de una idea central: evaluar no debería limitarse a asignar una puntuación o comprobar el cumplimiento de determinados indicadores. También debe proporcionar información comprensible y aplicable que permita al profesional reflexionar sobre su trabajo.
El sistema permite que un docente grabe fragmentos de sus clases utilizando medios básicos, como un teléfono móvil o una cámara y un trípode. No requiere, por tanto, una infraestructura audiovisual compleja para comenzar a trabajar.
Posteriormente, los vídeos son analizados por docentes evaluadores acreditados y formados en técnicas de observación del aula. Estos profesionales utilizan rúbricas y comentarios para valorar diferentes dimensiones de la actividad educativa.
Entre los aspectos que pueden examinarse figuran la didáctica: cómo se explican los contenidos y se desarrollan las actividades: la participación del alumnado: el grado de implicación de los estudiantes durante la clase; la gestión del aula y del tiempo: la organización de las actividades y el aprovechamiento de la sesión, y el clima relacional: las interacciones entre el profesorado y los estudiantes.
Una vez recopiladas las observaciones, la inteligencia artificial ayuda a ordenar y sintetizar la información para elaborar informes personalizados. Estos documentos recogen fortalezas, posibles áreas de mejora y recomendaciones concretas que el docente puede incorporar a su práctica.
La plataforma contempla también sesiones formativas presenciales y virtuales para facilitar que las conclusiones de la evaluación se traduzcan en cambios sostenidos en el trabajo diario.
Uno de los elementos diferenciadores del proyecto es la delimitación del papel de la inteligencia artificial. La tecnología no decide si un profesor es competente ni emite por sí sola una evaluación definitiva sobre su desempeño.
«La IA no evalúa al profesorado ni toma decisiones de manera autónoma; asiste a los revisores al generar el retorno», explica Ferrer-Esteban. Los informes generados con ayuda de estas herramientas deben ser revisados y validados por personas antes de llegar al docente evaluado. De este modo, el sistema pretende aprovechar la capacidad de la IA para organizar grandes volúmenes de información sin delegar en ella la responsabilidad de interpretar la actividad educativa.
Este planteamiento resulta relevante en un contexto en el que la automatización empieza a incorporarse a diferentes procesos de gestión y evaluación. En el ámbito docente, las decisiones requieren tener en cuenta factores que no siempre pueden reducirse a indicadores cuantificables, por lo que la interpretación profesional sigue siendo esencial.
El modelo también busca que la retroalimentación sea comprensible y útil. No se trata únicamente de identificar deficiencias, sino de proporcionar orientaciones que ayuden a mejorar la enseñanza y favorezcan el desarrollo profesional.
La grabación de clases plantea interrogantes sobre la privacidad de docentes y estudiantes. Por ello, Observa incorpora medidas destinadas a limitar el acceso a los vídeos y reducir la exposición de los datos personales.
Según la UOC, el proyecto contempla el consentimiento informado, la minimización de datos, el control de acceso, los registros de auditoría y el almacenamiento en servidores europeos seguros. Además, los vídeos se someten a un tratamiento destinado a evitar que el alumnado sea identificable, y los informes dirigidos a los centros se presentan de forma agrupada para reducir el riesgo de identificación individual.
Estas garantías son fundamentales para que una herramienta de evaluación basada en grabaciones pueda generar confianza entre los profesionales y las comunidades educativas. La aceptación del sistema dependerá no solo de su utilidad pedagógica, sino también de la claridad de sus reglas, la protección de la información y la seguridad de que los resultados no se emplearán con fines distintos de los previstos.
La iniciativa defiende así una evaluación orientada al aprendizaje profesional, en la que la observación de las clases se utilice para comprender mejor la práctica docente y no exclusivamente para fiscalizarla.
Observa se encuentra actualmente en fase de desarrollo y validación. El siguiente paso previsto es poner en marcha una prueba piloto con centros educativos de Barcelona y Turín, con el objetivo de analizar su utilidad, viabilidad y capacidad para generar confianza entre los equipos docentes. Posteriormente, el proyecto contempla estudiar su posible expansión a redes de centros y administraciones educativas.
La iniciativa fue seleccionada como finalista del programa de emprendimiento SpinUOC, vinculado a la universidad, y se apoya en la trayectoria investigadora de Ferrer-Esteban en los ámbitos de la observación del aula, la evaluación docente y las estrategias didácticas.
La fase piloto será importante para determinar si la plataforma puede integrarse en las rutinas de los centros sin añadir una carga burocrática excesiva y si los informes que genera ayudan realmente a introducir mejoras en las clases.
La propuesta de la UOC sitúa la evaluación docente en un terreno que va más allá del control del desempeño. Su objetivo es crear un proceso continuado en el que la observación, el análisis y la formación permitan identificar buenas prácticas y corregir dificultades.
Para que este enfoque tenga impacto, será necesario comprobar cómo reciben los profesores las recomendaciones, qué cambios introducen a partir de ellas y en qué medida esos cambios contribuyen a mejorar la experiencia educativa del alumnado.
El proyecto también abre un debate sobre el papel de la inteligencia artificial en la gestión de los centros. Frente a los sistemas que utilizan algoritmos para producir puntuaciones o clasificaciones, Observa plantea un uso de la tecnología como apoyo a la interpretación humana y a la elaboración de propuestas de mejora.
«Si la evaluación se convierte en aprendizaje profesional, a través de retornos útiles y recomendaciones claras para mejorar la práctica docente y el centro, el beneficio final será colectivo, con miles de estudiantes aprendiendo en entornos más ricos y estimulantes», concluye Ferrer-Esteban.
La iniciativa se enmarca en la apuesta por una educación de calidad y por la reducción de las desigualdades, dos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Su evolución permitirá comprobar hasta qué punto la combinación de evaluación entre iguales e inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta estable para mejorar la enseñanza.
Fuente: https://exitoeducativo.net/educacion-superior/universidad/la-inteligencia-artificial-ayuda-a-mejorar-la-evaluacion-docente-mediante-la-observacion-entre-profesores
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