La IA ya llamaba a la puerta de las aulas hace dos años: el informe que anticipó los grandes dilemas educativos de ChatGPT

Publicado: 9 octubre 2026 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish

Latin American Female"]

Por José Luis Fernández

El Informe EDUTEC de 2024 anticipaba que la cuestión fundamental no sería simplemente aprender a utilizar una tecnología concreta, sino educar para un mundo en el que la IA estará presente de forma generalizada

Humano e IA

España se enfrenta a una paradoja que puede marcar buena parte de su futuro económico. El empleo ha resistido, los salarios nominales han aumentado y la economía mantiene un crecimiento relativamente elevado dentro de Europa, pero el poder adquisitivo de buena parte de los trabajadores continúa sin recuperar plenamente el terreno perdido frente a la inflación. La pregunta es si una de las vías para revertir esta situación puede encontrarse en un lugar aparentemente alejado del debate salarial: la educación y, sobre todo, la formación en nuevas competencias.

La respuesta no puede ser automática. Estudiar más no garantiza por sí solo cobrar más. Pero los datos disponibles muestran una relación muy clara entre nivel educativo y remuneración, mientras que la inteligencia artificial abre una oportunidad adicional: conseguir que una mejor formación permita a los trabajadores utilizar tecnologías capaces de elevar su productividad y, si ese aumento de productividad se traslada a los salarios, recuperar capacidad adquisitiva.

Esta conexión adquiere especial interés a la luz del Informe EDUTEC sobre Inteligencia Artificial y Educación, publicado en noviembre de 2024. El documento no fue concebido como un estudio sobre salarios, pero contiene una reflexión que dos años después resulta extraordinariamente relevante para el mercado laboral: la educación debe preparar a las personas no solamente para utilizar la IA, sino para desarrollar competencias que les permitan colaborar con ella, comprender sus límites y utilizarla para aumentar sus capacidades a lo largo de toda la vida.

El planteamiento coincide con una de las conclusiones más recientes de la OCDE. En su Perspectivas del empleo 2026, el organismo señala que el poder adquisitivo de los trabajadores no está avanzando al mismo ritmo que el empleo y apunta directamente a una respuesta: impulsar la productividad laboral mediante mejores políticas educativas, formación de adultos, mayor movilidad laboral y adopción de nuevas tecnologías.

Los salarios reales siguen por debajo de 2021

La situación de partida es significativa. Según la OCDE, los salarios reales españoles crecieron un 2% durante el último año, pero todavía se encuentran un 2% por debajo de su nivel del primer trimestre de 2021. España figura así entre las economías de la organización que más terreno han perdido desde la crisis de la COVID-19.

La perspectiva tampoco es especialmente tranquilizadora: la OCDE considera que el crecimiento de la productividad laboral española se ha estancado durante la última década y prevé que siga siendo moderado. En ese contexto, y ante nuevas presiones inflacionistas, el organismo no espera una recuperación significativa de los salarios reales durante 2026 y 2027.

La fotografía obliga a diferenciar dos conceptos. Que el salario nominal aumente no significa necesariamente que el trabajador pueda comprar más. Si los precios de la vivienda, alimentación, energía, transporte o servicios crecen más rápidamente que las remuneraciones, el trabajador puede cobrar más euros y, sin embargo, disponer de menor capacidad de compra.

El problema, por tanto, no es solamente cuánto suben los salarios, sino cuánto valor genera cada hora de trabajo y qué parte de ese valor acaba llegando a la nómina.

El dato que vincula directamente educación y salario

Aquí aparece uno de los argumentos más sólidos a favor de una política educativa orientada también a mejorar las oportunidades económicas.

Los últimos datos del INE muestran que en 2024 el salario medio mensual bruto de los trabajadores con estudios superiores alcanzó los 2.982,6 euros, mientras que entre quienes tenían como máximo estudios de secundaria de primera etapa se situó en 1.594,8 euros. La diferencia es de 1.387,8 euros mensuales, aproximadamente un 87% más para el colectivo con estudios superiores.

La distribución salarial refuerza todavía más la relación. Casi la mitad, concretamente el 49,5% de los asalariados con estudios superiores, ganó 2.659,8 euros o más al mes en 2024. Entre quienes tenían estudios medios el porcentaje fue del 17%, y entre quienes presentaban un nivel educativo bajo, del 8,6%.

En el extremo contrario, el 43,3% de los trabajadores con nivel educativo bajo cobró menos de 1.582,2 euros mensuales, frente al 18,7% de quienes tenían estudios superiores.

La estadística no demuestra que estudiar más sea la única causa de cobrar más, pero sí deja una evidencia difícil de ignorar: la cualificación está fuertemente asociada a mejores salarios.

La comparación internacional confirma el fenómeno. La OCDE calcula que en España los trabajadores con educación terciaria ganan, de media, un 49% más que quienes tienen educación secundaria superior. La prima salarial es inferior al promedio de la OCDE, del 54%, pero sigue siendo considerable.

Al mismo tiempo, la OCDE señala que en España la proporción de jóvenes de 25 a 34 años sin estudios de segunda etapa de secundaria descendió del 30% al 24% entre 2019 y 2024.

El problema es que España necesita ahora dar un segundo paso: no basta con reducir el abandono educativo o aumentar el número de titulados; hay que conseguir que esas cualificaciones estén conectadas con empleos productivos y bien remunerados.

El Informe EDUTEC apunta hacia una formación distinta

Aquí es donde el informe sobre inteligencia artificial adquiere una dimensión económica que probablemente no estaba entre sus objetivos iniciales.

EDUTEC plantea que el aprendizaje en un mundo dominado por la IA debe superar el simple consumo pasivo de contenidos generados por las máquinas. Propone una alfabetización crítica en IA que combine una dimensión cognitiva —comprender los conceptos básicos de la tecnología—, otra afectiva —el empoderamiento de las personas en su vida diaria y en sus lugares de trabajo— y una tercera sociocultural, relacionada con su utilización ética y responsable.

Traducido al mercado laboral, el mensaje es muy potente: el trabajador del futuro no necesitará únicamente saber utilizar ChatGPT, Copilot, Gemini u otras herramientas; necesitará saber qué problemas puede resolver con ellas, cómo comprobar sus resultados y cómo integrarlas en procesos profesionales reales.

Ahí se encuentra una diferencia fundamental entre alfabetización digital y verdadera cualificación. La gran oportunidad está en la productividad.

Si un profesional puede analizar en minutos una cantidad de información que anteriormente requería horas, automatizar tareas repetitivas, generar borradores, comparar alternativas, programar, traducir, analizar datos o preparar documentación con ayuda de IA, su capacidad productiva potencial aumenta.

Pero existe una segunda cuestión mucho más importante: ¿quién se queda con el beneficio de ese aumento de productividad? Una empresa puede utilizar la IA para producir más con el mismo número de trabajadores y aumentar sus márgenes. Eso no implica automáticamente que aumente los salarios.

Para que la tecnología contribuya a recuperar el poder adquisitivo es necesario que una parte del incremento de productividad termine traduciéndose en mejores remuneraciones, puestos de mayor responsabilidad, nuevas oportunidades profesionales o reducción del tiempo de trabajo manteniendo los ingresos.

La educación no controla esa distribución, pero sí puede influir decisivamente en la posición negociadora del trabajador. Un empleado capaz de utilizar la IA para generar valor difícilmente ocupa la misma posición que otro cuyas tareas pueden automatizarse con facilidad.

El informe EDUTEC insiste precisamente en que la alfabetización en IA debe ser mucho más profunda que aprender a manejar una aplicación. La tecnología debe utilizarse como instrumento para desarrollar competencias y permitir una relación de colaboración entre humanos y máquinas.

Esta distinción puede acabar teniendo consecuencias salariales. Un trabajador que simplemente pide a una IA que redacte un documento puede estar sustituyendo una tarea.

Pero un trabajador que sabe definir el problema, formular instrucciones, analizar los datos, detectar errores, contrastar fuentes, tomar decisiones y utilizar la respuesta de la IA para mejorar un proceso productivo está aportando una competencia adicional.

La diferencia es sustancial. La primera actividad puede ser fácilmente automatizable. La segunda exige conocimiento, experiencia, pensamiento crítico y responsabilidad. Y son precisamente esas capacidades las que pueden justificar una mayor remuneración.

La formación permanente se convierte en una cuestión salarial

Uno de los capítulos más interesantes del informe EDUTEC se refiere a la educación no formal e informal. Sus autores destacan el concepto de AI for lifelong learning, es decir, el aprendizaje con inteligencia artificial a lo largo de toda la vida.

El planteamiento es especialmente importante para España porque la formación no puede concentrarse exclusivamente en la infancia y la juventud.

Un trabajador que aprendió a utilizar determinadas herramientas digitales hace quince años puede encontrarse hoy con un mercado laboral completamente diferente. Y dentro de diez años las competencias demandadas volverán a cambiar.

La consecuencia es clara: la formación deberá acompañar al trabajador durante toda su trayectoria profesional.

El propio informe menciona sistemas inteligentes de tutoría capaces de adaptarse a las necesidades de las personas y contribuir al desarrollo de habilidades a lo largo de la vida.

La educación deja así de ser una etapa previa al trabajo para convertirse en una actividad permanente vinculada a la empleabilidad.

No se trata únicamente de universidad

La mejora salarial asociada a la formación tampoco debería interpretarse como una defensa de que todos los jóvenes tengan que pasar por la universidad.

El propio informe EDUTEC dedica un capítulo específico a Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, y considera precisamente estas etapas fundamentales para preparar a los estudiantes ante el impacto de la IA.

La FP puede desempeñar un papel estratégico porque permite conectar directamente competencias técnicas con necesidades empresariales.

En un escenario de automatización, robótica, inteligencia artificial, transición energética, fabricación avanzada y digitalización industrial, un técnico que domine tecnologías escasas puede tener un valor económico elevado aunque no posea un título universitario.

El reto consiste en que la Formación Profesional no forme para los empleos del presente, sino para las competencias que necesitará la economía dentro de cinco o diez años.

Existe, sin embargo, un riesgo que el propio informe EDUTEC identifica claramente: que la inteligencia artificial termine aumentando las diferencias entre quienes tienen acceso a formación y tecnología y quienes carecen de ellas.

El documento reclama expresamente invertir en el acceso a la IA para las poblaciones desfavorecidas y desarrollar programas de alfabetización digital dirigidos a colectivos vulnerables. La cuestión tiene una dimensión salarial evidente. Si las empresas utilizan IA para aumentar la productividad y únicamente una parte de sus trabajadores está capacitada para utilizarla, el beneficio económico puede concentrarse en los perfiles más cualificados.

El resultado podría ser una nueva polarización: trabajadores que utilizan la IA para aumentar su valor profesional frente a trabajadores cuyas tareas son progresivamente automatizadas. La educación puede actuar como mecanismo de prevención.

La relación entre formación y salarios no debería plantearse como una fórmula simplista de “más estudios = más sueldo”. El verdadero objetivo debería ser otro: aumentar el valor económico de las capacidades de las personas. Una educación de calidad puede desarrollar competencias que permitan acceder a empleos de mayor productividad. La formación continua puede impedir que esas competencias queden obsoletas. La alfabetización en IA puede permitir que los trabajadores utilicen las nuevas tecnologías como herramientas de ampliación de sus capacidades.

Y una economía capaz de utilizar esas competencias para producir bienes y servicios de mayor valor añadido puede generar mejores salarios. La cadena sería: mejor educación → mejores competencias → mayor productividad → mayor valor añadido → mayor capacidad salarial. El problema aparece cuando alguno de los eslabones falla.

España tiene un problema adicional: productividad estancada

La OCDE señala que el crecimiento de la productividad laboral española se ha estancado durante la última década. Ese dato es fundamental porque permite comprender por qué el debate salarial no puede limitarse a reclamar incrementos de nómina. Si una economía no aumenta suficientemente lo que produce por hora trabajada, tiene más dificultades para mantener incrementos salariales reales elevados sin trasladar costes a los precios o reducir márgenes empresariales.

Por eso, mejorar la productividad no debería utilizarse como argumento para contener los salarios, sino como condición para que los salarios puedan crecer de forma sostenible. La diferencia es importante. El objetivo no debería ser que el trabajador produzca más para cobrar lo mismo, sino conseguir que produzca más valor y que una parte de ese valor adicional termine llegando a su remuneración.

Los últimos datos definitivos del INE muestran que el salario medio anual alcanzó en España los 29.540,26 euros en 2024, un 5,3% más que el año anterior. Sin embargo, la distancia entre sectores y ocupaciones es enorme. En suministro de energía eléctrica, gas, vapor y aire acondicionado, la remuneración media llegó a 57.931,81 euros, mientras que en hostelería se situó en 17.653,42 euros.

También resulta reveladora la diferencia por ocupaciones: los directores y gerentes alcanzaron una media de 63.865,45 euros, mientras que los trabajadores no cualificados de servicios —excepto transporte— se quedaron en 16.062,57 euros. Estas diferencias muestran que no existe un único mercado salarial español. Hay sectores capaces de generar un elevado valor añadido y otros en los que la productividad y los márgenes son mucho menores. Por eso la educación puede tener un efecto estructural: ayudar a desplazar trabajadores hacia actividades de mayor valor añadido.

La sobrecualificación es el otro gran peligro

Pero existe una advertencia imprescindible. No tendría sentido que España formara a más jóvenes y adultos sin transformar simultáneamente su estructura productiva. Si no existen suficientes puestos de trabajo cualificados, el resultado puede ser una población con títulos superiores desempeñando empleos que no requieren esas competencias.

La formación debe ir acompañada de innovación empresarial, inversión tecnológica, investigación, industria avanzada y creación de empleos cualificados. De lo contrario, España podría acabar con más titulados pero sin una mejora proporcional de la productividad ni de los salarios. El reto, por tanto, no es simplemente educativo. Es económico.

Precisamente aquí aparece la oportunidad histórica. España no necesita únicamente más trabajadores formados. Necesita trabajadores capaces de utilizar tecnologías que eleven la productividad de empresas que, a su vez, necesitan competir en mercados internacionales. El informe EDUTEC plantea que la IA puede facilitar la personalización del aprendizaje, desarrollar competencias y permitir sistemas de formación adaptados a las necesidades individuales. Esto significa que la propia IA puede convertirse en una herramienta para formar trabajadores en IA.

Un adulto podría adquirir nuevas competencias mediante sistemas personalizados; un profesional podría actualizar sus conocimientos mientras trabaja; un técnico podría aprender nuevas aplicaciones de una tecnología; y una empresa podría formar a sus empleados sin apartarlos durante largos periodos de sus puestos. La frontera entre trabajar y aprender puede hacerse mucho más difusa.

El debate sobre el poder adquisitivo suele centrarse en el salario mínimo, los convenios colectivos, la fiscalidad o las cotizaciones. Todos esos factores son relevantes. Pero existe otra política salarial de largo recorrido: la política educativa. Cada euro destinado a mejorar las competencias de un trabajador puede tener un retorno económico si consigue que ese trabajador acceda a una ocupación más productiva, sea capaz de asumir nuevas responsabilidades o utilice tecnologías que eleven su rendimiento.

El problema es que sus efectos no son inmediatos. Una subida salarial se percibe en la nómina del mes siguiente. Una reforma educativa puede tardar diez años en reflejarse plenamente en la estructura productiva. Precisamente por ello requiere una estrategia de largo plazo.

El trabajador de 2035 necesitará algo más que un título

La propuesta de alfabetización crítica del informe incluye comprender la tecnología, utilizarla de manera responsable y desarrollar capacidades que permitan a las personas desenvolverse en sus lugares de trabajo. Ese planteamiento puede trasladarse directamente al mercado laboral de la próxima década. El trabajador más competitivo no será necesariamente quien tenga más títulos, sino quien combine: conocimientos especializados + competencias digitales + IA + pensamiento crítico + capacidad de adaptación + aprendizaje permanente. Esa combinación puede ser mucho más difícil de sustituir por una máquina y, por tanto, puede adquirir un mayor valor en el mercado.

La gran pregunta: ¿puede la educación hacer que suban los salarios? La respuesta más rigurosa es sí, pero indirectamente. La educación no puede ordenar a las empresas que paguen más. Tampoco puede garantizar que una persona con mayor formación obtenga automáticamente un salario elevado.

Pero los datos muestran una asociación muy fuerte entre educación y remuneración. La OCDE cifra en España en 49% la prima salarial media de la educación terciaria respecto a la secundaria superior, mientras que el INE sitúa en 2024 el salario mensual medio de los trabajadores con estudios superiores en 2.982,6 euros frente a 1.594,8 entre quienes tenían como máximo secundaria de primera etapa.  Y la OCDE identifica simultáneamente la productividad, la educación y la formación de adultos entre las palancas necesarias para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores. La conclusión parece, por tanto, bastante clara.

Una mejor educación no garantiza por sí sola salarios más altos, pero una economía incapaz de mejorar las competencias de su población tendrá muchas más dificultades para generar empleos de alta productividad y remuneraciones crecientes. El gran desafío de España consiste ahora en conectar dos mundos que tradicionalmente han avanzado por separado. Por un lado está la educación: colegios, FP, universidades, formación de adultos y aprendizaje permanente. Por otro, el mercado laboral: empresas, productividad, innovación, salarios y poder adquisitivo.

El informe EDUTEC aporta una pieza fundamental para unirlos: la necesidad de preparar a las personas para colaborar con la inteligencia artificial y desarrollar competencias durante toda su vida profesional. La OCDE aporta la segunda pieza: sin aumento de productividad será difícil recuperar de forma sostenida los salarios reales perdidos. Y los datos del INE aportan la tercera: los trabajadores con mayor nivel educativo ya presentan, estadísticamente, salarios considerablemente superiores. El desafío consiste en hacer que esas tres realidades converjan.

España necesita que la inteligencia artificial no sea únicamente una tecnología que sustituya tareas, sino una herramienta que multiplique las capacidades de los trabajadores. Para conseguirlo, la educación tendrá que dejar de entenderse como una etapa que termina cuando comienza la vida laboral. En el futuro, estudiar, trabajar y volver a estudiar formarán probablemente parte de un mismo proceso.

Y si ese proceso consigue elevar de forma generalizada las competencias, la productividad y el valor añadido de la economía, entonces sí podría producirse el resultado que hoy busca buena parte de la sociedad: que los salarios no se limiten a subir en euros, sino que vuelvan a crecer también en capacidad real de compra. La gran batalla contra el deterioro salarial, en definitiva, puede librarse también en las aulas. Y el informe EDUTEC ofrece una pista especialmente relevante: en la era de la inteligencia artificial, la mejor protección frente a la pérdida de valor del trabajo puede no ser competir con las máquinas, sino conseguir que cada trabajador esté mejor preparado para trabajar con ellas.

Fuente: https://exitoeducativo.net/politica-educativa/la-ia-ya-llamaba-a-la-puerta-de-las-aulas-hace-dos-anos-el-informe-que-anticipo-los-grandes-dilemas-educativos-de-chatgpt