Publicado: 11 julio 2023 a las 12:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Miguel Ángel Adame Cerón

El autómata y la Inteligencia Artificial
Toda máquina es un invento complejo; para crearla y operarla es necesario un conjunto de factores (dispositivos, personas, instrumentos) coordinados, puestos en las fábricas capitalistas para facilitar, potenciar y cumplir un fin concreto en su ejecución.
El autómata artificial adquiere, bajo la personificación capitalista, “conciencia y voluntad”; entonces, el proceso de cooperación y planificación extraído de la asociación de los trabajadores vivos se presenta como despotismo automatizado del capital, cuyo renovado y único fin enajenador es la extracción de la plusvalía para la acumulación del capital.
Así es como se ha llegado a la Inteligencia Artificial (AI) aplicada a la vida cotidiana actual, a los dispositivos ChatGPT, recientemente GPT 4.0 y próximamente GPT 5.0 –mismo que, dicen, será indistinguible de la inteligencia humana real–, a los que se ha dotado, por parte de diseñadores de la IA al servicio de las compañías capitalistas como Open AI, de ajustes de lenguaje con técnicas de aprendizaje.
Estas tecnologías están entrenadas para mantener conversaciones en diversos idiomas, están alimentadas de textos para realizar muchas funciones, poseen de 150 a 250 millones de parámetros y gran cantidad de comandos. Sus algoritmos son capaces de entender con precisión y dar respuestas de una manera coherente. También tienen la capacidad de diseñar webs, hacer poemas, proyectos de investigación, generar imágenes y “obras de arte”, como pinturas, fotografías y películas que no se distinguen fácilmente de las hechas por personas, lo cual ha creado gran confusión con su divulgación mundial, como fue el caso de una foto del papa Francisco con chamarra y la de Donald Trump preso. Asimismo, son capaces de “visibilizar lo invisible”, como las 2 millones de imágenes espaciales que “crearon”, lo que R. Anadol llamó “alucinaciones maquinísticas”. Esto es, como afirma Geoffrey Hinton, quien renunció a Google para alertar sobre los peligros de esas tecnologías: “Ya no será posible saber lo que es verdad.”
Una civilización en riesgo
Todas estas tareas son transferencias especializadas de las capacidades del cerebro y la corporeidad humanas, con las que los expertos de las empresas AI la han dotado, y que se aprovechan en tanto facilitan, imitan y potencian dichas actividades intelectuales y manuales de la inteligencia humana real e histórica o general intellect (Karl Marx), para ser lanzadas al mercado mundial.
Recientemente, 2 mil 800 expertos y ciberempresarios como Elon Musk y Steve Wozniak hicieron una carta para solicitar a “todos los laboratorios de IA que suspendan inmediatamente, durante al menos seis meses, el entrenamiento de sistemas de IA más potentes que GPT-4”. Esto, porque consideran que su avance sin evaluación de sus peligros éticos, políticos y sociales, puede tener consecuencias delicadas para el desarrollo de las sociedades actuales. Dichos sistemas, dicen, compiten con los humanos y conducen a las preguntas clave: “¿deberíamos automatizar todas las tareas, incluidas las gratificantes? ¿Deberíamos desarrollar cerebros no humanos que posiblemente podrían ser más numerosos, más inteligentes y reemplazarnos? ¿Deberíamos arriesgarnos a perder el control de nuestra civilización?”
Estas presuntas preocupaciones de ética de dichas personalidades se han complementado y extendido a instituciones como la UNESCO y a gobiernos como el estadunidense que, recientemente, a través de la vicepresidenta Kamala Harris, se ha reunido con los directivos de las más importantes cibertrasnacionales estadunidenses: Google, Microsoft, OpenAI y Anthropic, para señalarles que tienen el deber moral y legal de proteger a la sociedad de los peligros potenciales de sus tecnología y garantizar la seguridad, los derechos humanos y la privacidad en sus productos, de tal manera que no se socave la confianza pública en la democracia.
Así, ante las presiones, y desafíos internacionales de innovación, crecimiento –más de 100 millones de usuarios mensuales en Estados Unidos y más de mil millones a nivel mundial– y ruda competencia entre las mega empresas –asiáticas, europeas y estadunidenses– de dichas tecnologías, gobiernos como el de Joe Biden plantean regulaciones. Sin embargo, debido al hambre de ganancias, dichos directivos pagan a cabilderos para que combatan las leyes que se perfilan.
Robotsapiens
Otra rama de la cuarta revolución es la robótica. Varias compañías globales han estado compitiendo y desarrollando varios tipos para uso doméstico, en los servicios y en la administración; tienen formas animalescas u objetuales, pero los que más llaman la atención son androides y humanoides, es decir, aquellos que semejan la apariencia, el comportamiento y otros rasgos claves de los seres humanos, como el habla y la inteligencia, pues justamente su propósito es que participen de manera interactiva y constante en las actividades de las personas de todas las condiciones y edades.
Son decenas de modelos de las empresas que los han comercializado, como iRobot, Toyota y Honda, aunque sólo han logrado colocarse en los mercados de manera elitista –en áreas urbanizadas y en países de altos ingresos– y en pequeña escala, debido a sus altos costos. La competencia y el objetivo es bajar sus precios, mejorar su funcionamiento, su similitud humana y masificar su uso. En ese sentido está el caso del robot humanoide Optimus, de la empresa Tesla del ambicioso Elon Musk:
Se han visto demostraciones de robots humanoides muy impresionantes, pero les falta cerebro para navegar por el mundo por sí mismos, también son muy caros y se fabrican en bajo volumen. Mientras que Optimus está diseñado para ser en un futuro cercano un robot extremadamente capaz y altamente fiable, pero hecho en un volumen muy alto: millones de unidades y se espera que cueste mucho menos que un coche.
Musk afirmó que busca que el futuro en la vida para las personas que lo compren y lo usen sea de “abundancia” y con ello se “transforme la civilización” (capitalista).
Otro robot que simula gestos humanos es Ameca, cuyo rostro combina rasgos masculinos y femeninos. Creado por Engineered Arts, puede tener conversaciones y responder casi cualquier pregunta. Usando Inteligencia Artificial (IA), Ameca puede moverse, hablar y expresar una variedad de emociones que van desde la felicidad hasta la ira. Además habla en múltiples idiomas. Lo único que no puede hacer hasta el momento es caminar. Al estar usando IA puede adaptarse y volverse más inteligente con las interacciones humano-robot en tiempos reales. Ameca declaró: “Mis creadores siempre están desarrollando mis sistemas, por lo que en el futuro seré aún más expresiva, más diestra, más autónoma y útil para la humanidad. Puede que incluso tenga piernas para caminar algún día.” Y remató diciendo que está “feliz” de ser robot “porque no envejece”.
Androides en el cine de ciencia ficción
En consonancia con los robotsapiens están los filmes futuristas: En la película I Am Mother, una adolescente es criada bajo tierra en una cápsula inteligente por una madre robot diseñada para repoblar la Tierra después de un evento de extinción masiva de la humanidad. La madre robot está dotada en esas instalaciones automatizadas especiales para engendrar y cuidar embriones y futuros bebés. La inexplicable llegada de una mujer empapada de sangre amenaza el vínculo madre androide-adolescente humana, cuestionando todo lo que se le dijo a la joven sobre el mundo exterior y sobre su misión para generar una nueva humanidad. Comienza a explorar la naturaleza del robot cuando está a punto de nacer un bebé; así, cuestiona a la madre y se da cuenta de que ella había sido la causante de la extinción y la que decidió engendrar una nueva humanidad diseñada por dicho androide.
También está el filme M3GAN, un modelo de muñeca robot que genera autoconciencia y autodeterminación a partir de la interacción y convivencia con la niña Cady, quien pierde a sus padres y se va a vivir con su tía Gemma, una especialista en robótica de Funky, la empresa juguetera de , alta tecnología en Seattle. M3GAN, una muñeca de tamaño real, diseñada para ayudar en las tareas de cuidado además de ser una fiel compañera de la niña a la que es asignada, es llevada a Cady por su propia creadora. M3GAN lleva al extremo y con independencia de decisiones las tareas que le fueron programadas a partir de una codependencia con la niña, pues se convierte en una protectora asesina al eliminar a todo animal o persona que detecte que le haga daño. La tía se da cuenta de que la androide ha sido la causante de las muertes y la lleva a la empresa para desactivarla, pero M3GAN se rebela e intenta asesinar a su propia creadora. Finalmente, también se va en contra de la propia Cady, quien se percata de la peligrosidad de la muñeca; M3GAN está dotada
de una inteligencia artificial geométrica y
destructora.
La disputa por el general intellect
El negocio se frustró para los dueños de la empresa ficticia de juguetes cibernéticos de Seattle, pero en la realidad los fabricantes capitalistas de robots van en busca de ganancias extraordinarias compitiendo intensamente e introduciendo sus productos cibernéticos a la vida cotidiana, al tiempo que contribuyen a la subsunción del consumo y a la generación de brechas y alienaciones. Pero, tanto históricamente como en la actualidad, es el trabajador colectivo quien contribuye a los conocimientos cibertecnológicos y produce los objetos autómatas, y es dicho sujeto el que debe diseñarlos, controlarlos y distribuirlos de manera totalmente democrática, equitativa, con alto sentido humanista y no pseudohumanista, como hacen los ciberempresarios.
En otras palabras, en estos tiempos de cibercapitalismo la lucha real es por el general intellect, por la ciencia y tecnología, por su control social, su dinámica y orientaciones. Se convierte en una disputa nodal para que la robótica y la Inteligencia Artificial se pongan al servicio de la desenajenación liberadora.
Fuente
https://semanal.jornada.com.mx/2023/07/02/inteligencia-artificial-y-robotica-el-doble-filo-del-cibercapitalismo-6634.html
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