“Farmear aura”: cuando los adolescentes convierten el estatus social en un videojuego

Publicado: 9 septiembre 2026 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish

Latin American Female"]

Por Aránzazu Basterra

Si tienes hijos adolescentes o trabajas en un centro educativo, es posible que hayas escuchado una expresión que hace apenas unos meses resultaba prácticamente desconocida: farmear aura. Y si has preguntado qué significa, probablemente hayas recibido una explicación que no ha aclarado demasiado las cosas.

“Farmear” procede del lenguaje de los videojuegos y hace referencia a repetir determinadas acciones para acumular recursos, experiencia o puntos. El “aura”, en el lenguaje actual de las redes sociales, se relaciona con el carisma, la seguridad, el estilo o esa capacidad de alguien para parecer especialmente atractivo o interesante ante los demás. Por tanto, farmear aura significa, en términos sencillos, hacer cosas que permitan ganar simbólicamente puntos de carisma o estatus social.

La expresión ha dado lugar incluso a las llamadas “batallas de aura”: encuentros en los que adolescentes se reúnen en espacios públicos y compiten mediante poses, gestos, movimientos o referencias a memes y contenidos virales. El fenómeno, nacido y difundido en redes, ha llegado ya a distintos países y también a España. Pero ¿realmente estamos ante algo nuevo?

Una necesidad antigua con un lenguaje nuevo

Probablemente, no tanto como pensamos.

Durante la adolescencia, la pertenencia al grupo, el reconocimiento de los iguales, la construcción de la identidad y la posición social adquieren una importancia especialmente relevante. Los adolescentes necesitan responder a preguntas como: ¿quién soy?, ¿cómo me ven los demás?, ¿qué me diferencia? o ¿qué lugar ocupo dentro del grupo?

Lo que ha cambiado es el lenguaje con el que se expresan estos procesos. Hace unas décadas alguien podía querer “ser guay”, “molar” o “estar en la onda”. Hoy puede decir que tiene “aura” o que está “farmeándola”. La diferencia interesante es que el lenguaje de los videojuegos introduce una lógica nueva: el carisma se convierte metafóricamente en algo que puede ganarse, perderse y acumularse. No estamos, por tanto, ante una nueva necesidad psicológica, sino ante una nueva forma cultural de representar necesidades sociales que ya existían.

Del “yo” al “yo que proyecto”

Aquí aparece un concepto especialmente interesante desde la investigación sobre adolescencia y bienestar digital: el self online, es decir, la forma en que construimos y presentamos quiénes somos en Internet. Las redes sociales ofrecen a los adolescentes un espacio para experimentar con su identidad, seleccionar qué aspectos de sí mismos quieren mostrar y proyectar determinadas imágenes ante los demás. La validación social tiene, además, un papel relevante en este proceso. Esto nos permite entender el aura farming de una manera mucho más profunda.

Cuando un adolescente realiza una pose, reproduce un gesto viral o participa en una batalla de aura, no necesariamente está intentando convertirse en una persona diferente. Puede estar experimentando con la imagen que proyecta y comprobando cómo responde su grupo de iguales.

Y aquí aparece una diferencia fundamental respecto a otras formas de contenido digital: no siempre se busca parecer perfecto. En muchas ocasiones se busca precisamente demostrar que se conoce el código, que se entiende el meme y que se es capaz de representarlo con suficiente seguridad y sentido del humor.

La pantalla no ha sustituido a la calle

Quizá uno de los aspectos más interesantes del fenómeno sea que los adolescentes están llevando estas prácticas fuera de la pantalla. Una tendencia puede comenzar en TikTok, aprenderse mediante vídeos, reproducirse posteriormente en una plaza o parque, grabarse con un teléfono y regresar de nuevo a las redes sociales. Es decir, lo online y lo presencial no son dos mundos independientes: forman parte de un mismo ecosistema de socialización.

Las investigaciones sobre el self online ya han señalado esta continuidad entre los contextos online y offline. Por eso, quizá deberíamos abandonar definitivamente la idea de que los adolescentes “están en Internet” o “están fuera de Internet”. Están en ambos espacios simultáneamente. Esto tiene una lectura positiva que a veces olvidamos: algunas tendencias nacidas en redes pueden generar encuentros presenciales, interacción cara a cara, creatividad y sentimiento de pertenencia.

¿Debemos preocuparnos?

La respuesta corta es: no por el hecho de farmear aura.

Como ocurre con muchas prácticas juveniles, sería un error convertir automáticamente una nueva forma de expresión en un problema psicológico o educativo. No disponemos todavía de investigación científica específica suficiente sobre aura farming como para afirmar que se trata de una conducta problemática. La cuestión educativa relevante está en otro lugar.

No deberíamos preguntarnos únicamente “¿qué están haciendo?”, sino también “¿qué función cumple para ellos?”.

Participar en una batalla de aura para divertirse con los amigos, experimentar con una identidad, hacer humor o sentirse parte de un grupo es muy diferente de necesitar constantemente la aprobación de los demás para sentirse valioso. El problema no sería querer tener aura, el problema aparecería si el valor personal empieza a depender de tenerla.

¿Qué podemos hacer familias y centros educativos?

Quizá la primera recomendación sea muy sencilla: no ridiculizar aquello que no entendemos. Cuando un adolescente utiliza una expresión que nos resulta absurda, nuestra reacción inmediata puede ser pensar que “estas generaciones hacen cosas cada vez más raras”. Pero las culturas juveniles siempre han creado sus propios códigos, lenguajes, músicas, formas de vestir y rituales de pertenencia. La diferencia actual es que Internet permite que esos códigos nazcan, se difundan y evolucionen a una velocidad extraordinaria.

Por eso, más que pedir a los adultos que conozcan cada nueva palabra que aparece en TikTok, necesitamos que desarrollen una competencia más importante: comprender qué hay detrás de esas conductas.

Podemos preguntar:

¿Qué significa para ti tener aura?

¿Qué cosas hacen que alguien tenga más o menos aura?

¿Qué ocurre cuando alguien no recibe la reacción que esperaba?

¿Cuánto importa lo que piensan los demás?

¿Serías la misma persona si nadie pudiera grabarte o publicarlo?

Estas preguntas permiten pasar de la vigilancia a la conversación y de la conversación al desarrollo del pensamiento crítico.

Comprender antes que demonizar

El aura farming es, probablemente, una moda. Es posible que dentro de unos meses haya desaparecido y haya sido sustituida por otra expresión que hoy todavía no conocemos. Pero precisamente por eso merece nuestra atención, detrás de una palabra aparentemente absurda podemos observar algunos de los grandes cambios que está experimentando la adolescencia contemporánea: la construcción de la identidad en contextos híbridos, la importancia de la mirada de los iguales, la transformación de los códigos de los videojuegos en códigos sociales y la creciente conexión entre lo que ocurre en Internet y lo que ocurre fuera de él.

Como educadores y como familias, nuestro objetivo no debería ser conseguir que los adolescentes dejen de utilizar estas expresiones. Tampoco necesitamos comprender cada meme que aparece en las redes. Necesitamos algo más importante: ayudarles a distinguir entre tener una determinada imagen y tener que demostrar constantemente su valor ante los demás. Quizás la pregunta más interesante que podemos hacer cuando un adolescente nos dice que está “farmeando aura” no sea cuánto aura está consiguiendo, sino ¿Quién eres cuando nadie te está mirando?

Fuente: https://exitoeducativo.net/firmas-expertos-en-educacion/farmear-aura-cuando-los-adolescentes-convierten-el-estatus-social-en-un-videojuego