Publicado: 1 noviembre 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por José David Vidal Soler

Gemelos en el Aula
La institución escolar se ha estructurado históricamente sobre la base de la homogeneización y la estandarización cronológica, organizando al alumnado en aulas unificadas por criterios de edad y asumiendo que cada estudiante entra al recinto educativo como una unidad individual, aislada y sin interferencias vinculares preexistentes. No obstante, cuando una pareja de gemelos o mellizos cruza el umbral del centro educativo, este paradigma organizativo tradicional se enfrenta a un desafío psicopedagógico de una complejidad extraordinaria que los equipos directivos, orientadores y docentes no siempre saben gestionar con solvencia científica. Durante décadas, las decisiones relativas a la escolarización de los hermanos nacidos de un mismo parto —especialmente la gran pregunta de si se deben separar o mantener juntos en el aula— se han tomado de manera reactiva, basándose en modas pedagógicas sin fundamento empírico, intuiciones administrativas apresuradas, directrices rígidas de los centros o mitos culturales profundamente arraigados en el imaginario colectivo. En este escenario de orfandad documental y metodológica para el profesorado, la publicación del manual “Gemelos en el Aula”, obra de la prestigiosa psicóloga infantil y máxima experta hispanohablante en gemelología Coks Feenstra, editada de manera impecable por Plataforma Editorial, se erige como un texto fundamental, un tratado de referencia indiscutible y una guía de acción de un valor incalculable para el sistema educativo.
La autora, combinando con maestría el rigor de la investigación científica internacional con la calidez de un estilo divulgativo directo y empático, desmonta uno a uno los prejuicios y leyendas urbanas que rodean el desarrollo de los múltiples, ofreciendo al profesorado de todas las etapas educativas, y de manera muy especial a los equipos de orientación, una hoja de ruta conceptual nítida para favorecer el bienestar integral de estos niños, asegurar el desarrollo pleno de su identidad individual y evitar el sufrimiento emocional derivado de políticas escolares traumáticas o excesivamente intervencionistas. Esta extensa y detallada reseña crítica tiene como objetivo analizar de manera forense los pilares fundamentales de la obra, desglosar sus tesis más disruptivas en el ámbito de la psicología evolutiva y transferir sus directrices teóricas directas a la práctica docente real del aula y la tutoría, demostrando que la diversidad en la escuela también incluye la comprensión profunda de las realidades biológicas y afectivas que configuran el alma de los gemelos.
Para comprender el calado real de las tesis que Feenstra despliega a lo largo de su texto, es obligatorio adentrarse en la sólida arquitectura conceptual que sustenta la obra, la cual se estructura no como una mera colección de consejos superficiales para padres primerizos, sino como un riguroso estudio de psicología del desarrollo aplicado específicamente al entorno escolar. La autora divide el análisis partiendo de una distinción biológica y psicológica esencial que el profesorado suele pasar por alto debido al desconocimiento técnico: la diferencia radical entre los gemelos monocigóticos (idénticos, que comparten el cien por cien de su carga genética) y los gemelos dicigóticos (mellizos, nacidos del mismo parto pero procedentes de dos óvulos distintos, compartiendo únicamente el cincuenta por cien de sus genes, como cualquier otra pareja de hermanos ordinarios). Esta base genética, lejos de ser un mero preciosismo médico, condiciona de manera determinante lo que la psicología define como el “vínculo gemelar”, una estructura de apego y co-construcción de la personalidad que no tiene parangón en ninguna otra relación humana.
El libro huye de manera valiente del reduccionismo romántico que tiende a idealizar esta conexión como algo mágico o puramente simbiótico, pero también se posiciona de forma firme contra la tendencia de la psicología conductista clásica que ve en este lazo una patología o una dependencia que es obligatorio extirpar de manera violenta a través de la separación física. La tesis central de Feenstra es tan lúcida como revolucionaria por su aparente sencillez: el vínculo gemelar es una fuerza natural positiva, una base de seguridad emocional que la escuela debe comprender, respetar y canalizar como un andamiaje para el aprendizaje, en lugar de combatirlo como si fuera un problema de conducta o un obstáculo para la maduración. A partir de esta premisa, la autora articula su discurso en torno a la necesidad de ver a los hermanos no como una unidad monolítica indisoluble (“los gemelos”), sino como dos individuos independientes con ritmos de aprendizaje propios, temperamentos diferenciados y necesidades afectivas particulares que, sin embargo, comparten un cordón umbilical psicológico invisible que la escuela no tiene el derecho ético de cortar mediante decretos administrativos.
Uno de los mayores méritos de la obra de Coks Feenstra reside en su implacable capacidad para desmontar el catálogo de mitos, falacias y falsas creencias que enturbian las decisiones de los claustros de profesores y los equipos directivos a la hora de escolarizar a estos alumnos. El libro aborda con una crudeza analítica admirable el mito de la competitividad destructiva inherente a los gemelos que comparten aula. Frente a la creencia ciega de que mantener a los hermanos en el mismo grupo genera dinámicas de celos, comparaciones constantes y bloqueos en el desarrollo del aprendizaje, la autora aporta evidencias empíricas extraídas de estudios longitudinales europeos que demuestran lo contrario: en la gran mayoría de los casos, la presencia del hermano gemelo en el aula actúa como un bálsamo contra la ansiedad de separación, reduce de manera drástica los niveles de cortisol infantil durante el periodo de adaptación a la escuela infantil y la educación primaria, y proporciona una red de apoyo mutuo incondicional que potencia las habilidades sociales de ambos niños.
Otro mito destructivo deconstruido en el texto es el de la dominancia absoluta, esa idea prefijada de que en toda pareja de múltiples existe un hermano líder y tiránico y otro sumiso y dependiente. Feenstra matiza esta visión simplista explicando que los roles dentro de la pareja gemelar son dinámicos, fluidos y complementarios; el hermano que se muestra más comunicativo en el entorno social del aula puede ser el más dependiente en el ámbito emocional o familiar, y estas funciones van alternándose a lo largo de las diferentes etapas del desarrollo evolutivo, por lo que etiquetar a los alumnos desde la primera infancia como “el fuerte” o “el débil” constituye un gravísimo error de diagnóstico pedagógico que encorseta su personalidad y limita su potencial de crecimiento.
Al realizar una lectura forense de “Gemelos en el Aula” desde la perspectiva práctica de la organización escolar y la didáctica, el núcleo duro del manual se localiza en el exhaustivo análisis que realiza en torno al sempiterno debate de la separación de aulas. La autora se opone frontalmente a las normativas internas rígidas de aquellos centros educativos que imponen la separación obligatoria e inflexible de los gemelos por sistema, una práctica administrativa desprovista de aval científico que la autora llega a calificar de maltrato institucional cuando se ejecuta en contra de la voluntad de los padres y del propio bienestar emocional de los menores. Feenstra defiende con argumentos de gran peso psicológico la necesidad de aplicar un modelo de “flexibilidad personalizada”, donde cada caso sea evaluado de manera individual, multidisciplinar y consensuada entre la familia, el tutor y el equipo de orientación del centro. El libro ofrece un completísimo inventario de variables que el docente debe sopesar antes de emitir un dictamen sobre la escolarización de los múltiples, analizando factores como el grado de dependencia mutua, la existencia de un retraso madurativo o del lenguaje en alguno de los hermanos (el fenómeno de la criptofasia o lenguaje secreto gemelar), el nivel de autonomía personal de cada niño, su madurez emocional, y el deseo explícito manifestado por los propios estudiantes. La autora demuestra que forzar la separación de una pareja de gemelos con un apego intensamente arraigado antes de que hayan alcanzado la madurez cognitiva necesaria no acelera su individualización, sino que aboca al alumno a una situación de duelo psicológico latente, hipervigilancia, ansiedad por desamparo y distracción constante, lo que se traduce de manera directa en un descenso del rendimiento académico, problemas de conducta y fobias escolares que podrían haberse evitado sencillamente respetando su derecho a permanecer juntos durante los primeros años de su andadura escolar.
Para trasladar de manera efectiva la inmensa riqueza conceptual del manual de Feenstra a la trinchera diaria de un centro educativo contemporáneo, es imperativo que los docentes y tutores de educación infantil y primaria traduzcan sus directrices teóricas en dinámicas de aula y estrategias tutoriales que promuevan la individualidad sin agredir el vínculo biológico. Una primera estrategia fundamental que se deriva directamente de las páginas de la obra es la eliminación radical de las etiquetas unificadoras en la rutina escolar. El profesorado debe desterrar por completo del vocabulario diario expresiones colectivistas como “los gemelos”, “los mellis” o “los hermanos” para dirigirse a ellos. Cada alumno debe ser llamado exclusivamente por su nombre de pila en todas las interacciones del aula, en las listas de asistencia, en los turnos de palabra y en las felicitaciones. Asimismo, en sintonía con las advertencias de Feenstra sobre la necesidad de evitar la confusión de identidades que les impide estructurar su propio “yo”, los docentes deben aconsejar activamente a las familias que no vistan a los niños con prendas idénticas ni les realicen el mismo peinado cuando acuden al colegio, facilitando así que los compañeros de clase y el propio profesorado puedan identificarlos de manera inmediata y sin titubeos. En el plano organizativo del aula, si los gemelos están escolarizados en el mismo grupo, el tutor debe evitar sentarlos de forma sistemática en la misma mesa de trabajo o emparejarlos por defecto en todas las actividades cooperativas. La estrategia didáctica óptima consiste en situarlos en equipos de trabajo diferenciados dentro de la misma clase, permitiendo que cada uno interactúe con su propio círculo de amigos, desarrolle sus propias habilidades sociales y lidere sus propios proyectos, pero manteniendo la tranquilidad emocional de saber que su hermano está presente en el mismo espacio físico, a un golpe de vista de distancia, lo que les ofrece una red de seguridad psicológica invisible que reduce el estrés ambiental.
La segunda gran línea de transferencia práctica que nos brinda el manual se centra en el diseño de un plan de acción tutorial individualizado y diferencial para las familias de múltiples. Coks Feenstra insiste a lo largo del texto en que los gemelos no progresan a la misma velocidad ni presentan las mismas fortalezas cognitivas, por lo que el tutor debe realizar un esfuerzo consciente para no caer en la trampa de la comparación comparativa durante las entrevistas de tutoría con los progenitores. El docente jamás debe emitir juicios de valor del tipo “tu hermano lee mejor que tú” o “a ver si aprendes de tu hermana, que es más ordenada”. Cada boletín de calificaciones, cada informe pedagógico y cada reunión de tutoría debe abordar la evolución de cada niño de manera totalmente aislada y estanca, como si el otro hermano no existiera en el centro educativo. En las actividades de aprendizaje diario, el docente debe potenciar y celebrar las diferencias de intereses de los múltiples; si un hermano muestra una inclinación natural hacia las disciplinas artísticas y el juego motriz, y el otro manifiesta mayor interés por las ciencias o la lectura silenciosa, la escuela debe validar y dar espacio a estas vocaciones divergentes, evitando la tendencia errónea de matricularlos por inercia en las mismas actividades extraescolares o forzarlos a compartir los mismos gustos recreativos. Se trata, en definitiva, de aplicar en el aula lo que Feenstra denomina un “andamiaje de diferenciación positiva”, donde el profesor actúa como un catalizador que ayuda a cada hermano a descubrir su propio talento único, su propio espacio de competencia y su propia identidad diferenciada, sin necesidad de renegar de la maravillosa y profunda conexión biológica que los une.
Esta profunda revisión de la mirada pedagógica sobre la gemelidad que propone la obra exige, de manera paralela, una reconfiguración absoluta de nuestros instrumentos, metodologías y criterios de evaluación dentro del sistema educativo, transitando con paso firme desde las plantillas homogéneas estandarizadas hacia modelos de evaluación auténtica y procesual que respeten los ritmos biológicos individuales de cada hermano. Resulta de una gravedad pedagógica extrema evaluar el rendimiento de un gemelo tomando como baremo o punto de referencia los logros alcanzados por su hermano de parto, una práctica desgraciadamente muy común entre el profesorado que genera heridas emocionales duraderas, baja autoestima y sentimientos crónicos de inferioridad o frustración en el niño que avanza a un ritmo más pausado. Para erradicar este sesgo evaluativo, el claustro debe diseñar rúbricas analíticas y portafolios de aprendizaje personalizados que midan el progreso de cada alumno respecto a su propio punto de partida y su propia evolución cronológica, valorando sus esfuerzos individuales, su estilo de aprendizaje particular y su asimilación de competencias de manera totalmente independiente. En el caso de gemelos monocigóticos que presentan perfiles de inteligencia y destrezas académicas muy similares, el docente debe prestar una atención forense a los detalles cualitativos de sus producciones escolares, evaluando la originalidad del enfoque, la expresión personal de la creatividad y la huella individual en los trabajos colaborativos, impidiendo que la aparente homogeneidad de sus resultados cuantitativos nuble la apreciación de sus identidades psíquicas diferenciadas.
Más allá del impacto directo en las dinámicas del aula técnica y en los modelos de evaluación del rendimiento, la asimilación profunda de las tesis que articulan “Gemelos en el Aula” ofrece a las comunidades educativas y a los equipos directivos una oportunidad extraordinaria para redactar y consolidar documentos institucionales, reglamentos de régimen interno y proyectos educativos de centro (PEC) dotados de una profunda sensibilidad ética, científica y democrática. Un centro educativo que adopte formalmente las directrices de Coks Feenstra incorporará en su normativa de escolarización un protocolo explícito que prohíba taxativamente la separación forzosa de los múltiples por criterios administrativos genéricos, reconociendo por escrito el derecho preferente e inalienable de las familias a co-decidir junto al equipo psicopedagógico la modalidad de agrupamiento que mejor se adapte a las necesidades madurativas de sus hijos en cada curso escolar. Asimismo, este enfoque normativo institucionalizado favorece la creación de comisiones específicas de seguimiento compuestas por los tutores de ambos niños, el orientador del centro y los propios padres, encargadas de realizar evaluaciones trimestrales periódicas del bienestar socioafectivo de los menores para decidir, de manera consensuada, flexible y reversible, si la estrategia de agrupamiento elegida sigue siendo la óptima o si es necesario realizar una transición hacia aulas separadas o conjuntas en el siguiente ciclo educativo, desterrando para siempre la rigidez burocrática y sustituyéndola por una pedagogía del cuidado basada en la escucha activa y la evidencia científica.
Para concluir este extenso, exhaustivo y riguroso análisis crítico, podemos afirmar con total rotundidad que “Gemelos en el Aula” de Coks Feenstra, de la mano de Plataforma Editorial, no es un manual secundario de puericultura ni una simple recopilación de anécdotas curiosas sobre nacimientos múltiples. Es, en su dimensión más profunda y trascendental, un tratado psicopedagógico de primer orden, un manifiesto ético en defensa del respeto a la diversidad biológica y una herramienta de intervención tutorial imprescindible para transicionar desde una escuela de la estandarización hacia una educación de la individualidad y el respeto sagrado a los ritmos evolutivos del ser humano. Para cualquier docente, maestro de educación infantil, tutor de primaria u orientador escolar que aspire a ejercer su profesión con un alto nivel de excelencia científica y responsabilidad humana, la lectura pausada y la asimilación conceptual de esta obra representa un imperativo metodológico ineludible que transformará para siempre su mirada sobre los múltiples. El éxito de la escuela del siglo veintiuno no se medirá por su capacidad para imponer criterios organizativos uniformes y forzar la separación traumática de los lazos afectivos naturales en nombre de una falsa madurez obligatoria, sino por su flexibilidad y sabiduría para transformar sus aulas en entornos de acogida aumentados, espacios donde el vínculo gemelar sea respetado como una hermosa fortaleza emocional y donde cada hermano, sintiendo el calor seguro de su compañero de vida, pueda desplegar con total libertad, autonomía, autoconfianza y orgullo sus propias alas individuales hacia la conquista de su propio destino único en el mundo.
Fuente: https://exitoeducativo.net/el-maletin/libros-sobre-educacion/el-vinculo-indisoluble-en-la-pizarra-desmitificando-la-identidad-y-el-desarrollo-psopedagogico-de-los-multiples-en-el-entorno-escolar
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