Publicado: 10 septiembre 2026 a las 8:00 am
Categorías: Ciencia / Noticias
Carolina Aranda Cruz
10 de Septiembre de 2026
Imagina lo siguiente: llevas trabajando tu tesis 3 años continuos, se la entregas a tu profesor y ¡sorpresa! Él la publica un día antes de tu presentación. Eso es exactamente lo que ahora ocurre en el mundo de las matemáticas, en este caso el profesor es una IA con recursos millonarios.
El 8 de septiembre OpenAI anunció su nuevo modelo de inteligencia artificial, más potente que GPT-6 Astra, como el responsable de haber resuelto uno de los “Problemas del Milenio”: las ecuaciones Navier-Stokes. A manera de incentivo, el Clay Mathematics Institute (CMI) ofrece una recompensa de 1 millón de dólares para aquel capaz de resolver el enigma.
La pregunta, traducida a lenguaje de nosotros los mortales, sería: ¿puede un fluido que empieza moviéndose con normalidad volverse tan errático que las ecuaciones predigan una velocidad infinita?
OpenAI afirma haber demostrado que sí puede pasar. Su prueba muestra un vórtice que se enrolla como espagueti, acelerándose hasta el infinito, siempre manteniendo la energía finita. Según esta versión solo tardaron 88 horas para resolver el problema, usando 10 mil agentes de inteligencia artificial trabajando a la par, intercambiando 2.7 millones de mensajes y generando 130 mil millones de “tokens” ―equivalente a leer varias veces Wikipedia de pies a cabeza ―.
Hasta el momento solo se han podido hacer estimaciones del costo. La prestigiosa revista británica New Scientist calculó 15 millones de dólares, tomando como base los precios públicos y comerciales de OpenAI por el consumo de tokens.
Horas antes, los Doctores en Matemática Tristan Buckmaster y Levent Alpöge publicaron sus resultados, usando exactamente la misma ruta de ataque para resolver el problema, gracias a un razonamiento desarrollado por los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa. Pero Buckmaster fue más allá e hizo una declaración, publicada vía, Courant Institute of Mathematical Sciences perteneciente a la New York University. Reconoció que el “crédito de la idea básica de este programa es de Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa”, quienes durante años exploraron la construcción de “blow-ups forzado”. Más adelante, él y Alpöge tomaron dicho trabajo como base y “con gran ayuda de los LLMs (sistemas de IA capaces de aprender patrones masivos de texto para comprender y generar lenguaje coloquial)” encontraron la solución.
Lo más sospechoso, según Buckmaster es “la ruta hacia el problema Clay a través de una fuerza suave… es la ruta que Luis y Diego abrieron y la que Levent y yo habríamos elegido atacar en silencio. Casi nadie más, que yo sepa, estaba trabajando en ello. No es la dirección a la que se llega en unos días, simplemente dándole el enunciado del problema a un modelo (de inteligencia artificial)”. Entonces, cuando OpenAI menciona que su inteligencia artificial había resuelto la versión forzada del problema, “fue una bandera roja”.
Además, Buckmaster y Alpöge llevaban un año resolviendo el enigma, sin presupuesto institucional. Y ¿a qué tenían acceso? A herramientas de OpenAI Codex y Anthropic (competencia de OpenAI). En la plataforma guardaban todos sus borradores y avances. Según Scientific American, la noche previa al anuncio de la demostración (matemática) realizada por OpenAI, Buckmaster publicó en redes sociales que él y Alpöge ―matemático y empleado de Anthropic― habían hecho estallar las ecuaciones de Euler, consideradas ampliamente en el ámbito científico como un paso hacia la resolución del problema Navier-Stokes.
De acuerdo con OpenAI, “el martes 1 de septiembre, surgieron rumores de que se habían resuelto dos de los problemas del Premio del Milenio. Inspirados por los rumores… pusimos en marcha un esfuerzo para evaluarlos en todos los Problemas del Milenio.” Para el 8 de septiembre ya tenían la solución completa.
Más adelante en la declaración de Buckmaster se lee: “Pregunté si el modelo había sido entrenado con nuestras sesiones de Codex, donde habíamos estado guardando todos los borradores de este proyecto, si tenía acceso a ello. Me dijeron que el modelo no consultaba datos de los usuarios. Volví a preguntar sobre el entrenamiento, pero no obtuve respuesta.”
Líneas más adelante, Bubeck (investigador de OpenAI) aparece y le ofrece 2 opciones: “La primera consistía en publicar nuestros resultados sobre Euler y que OpenAI publicara los logros sobre Navier-Stokes al día siguiente. La segunda era que, tras publicar lo relativo a Euler, yo redactara en solitario un artículo presentando el resultado sobre Navier-Stokes, reconociendo que un modelo interno de OpenAI lo había solucionado.
Luego Bubeck le pregunta “¿Por qué arruinarías tu carrera? … Si no quieres que sea amable, entonces no tengo por qué serlo”.
El Clay Mathematics Institute admite 4 formas de resolver el problema Navier-Stokes:
Opción A y B: Resolverlo sin considerar una fuerza externa. Pregunta clásica y difícil que todos buscan responder.
Opción C y D: Resolverlo con una fuerza externa suave añadida. Por ejemplo “¿Puedes hacer explotar un globo lleno con agua? Sí, si mi dedo lo empuja levemente”.
La opción elegida por OpenAI fue la Opción C y D, una respuesta válida pero no considerada como real entre la comunidad matemática. Y aun cuando fuera aceptada, la versión de OpenAI no cumple con otros requisitos más allá de las abstracciones matemáticas.
Las reglas públicas para otorgar el premio, dictadas por el mismo Clay Mathematics Institute son:
Resumiendo el sentir de la comunidad matemática, en voz de Terence Tao, considerado el Mozart de las matemáticas en la historia moderna y una de las mentes más brillantes: “Como es de esperar hoy en día, los argumentos aquí están fuertemente asistidos por inteligencia artificial, pero los autores han estado trabajando durante las últimas semanas para simplificar y reescribir las demostraciones a partir de lo que ellos literalmente llaman “la peor redacción que habíamos visto en la historia de las matemáticas”, convirtiéndolas en algo más legible y de calidad profesional”.
Añadió “Esto sigue siendo un trabajo en desarrollo; desafortunadamente, se vieron obligados a publicar sus preprints preliminares antes de que estuvieran completamente digeridos y pulidos, debido a eventos externos”.
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