El colapso educativo en Venezuela

Publicado: 22 abril 2026 a las 6:00 am

Categorías: Artículos

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Por Pensar Educativo

La educación, históricamente entendida como el motor de desarrollo social y de una nación, ha sufrido en Venezuela un proceso de erosión sin precedentes. Bajo la administración del madurismo, el sistema educativo no solo dejó de ser una prioridad, sino que fue sometido a una asfixia presupuestaria sistemática, y contrario sobre la retórica oficial de “inclusión”, la realidad macroeconómica y política revela que el Estado jamás destinó un presupuesto real y auditable para el mantenimiento, modernización o fortalecimiento pedagógico. 

En tal sentido, semejante ausencia de inversión financiera y política ha derivado en una crisis estructural que se manifiesta en cuatro dimensiones críticas: la ruina física, el vacío en las aulas, la degradación del conocimiento y el divorcio entre la escuela y su comunidad, cuyas variables podemos analizarlas en los siguientes contextos:

I Abandono de la infraestructura educativa

El primer signo visible de la desinversión es el estado físico de los planteles. La infraestructura escolar en Venezuela ha pasado de ser un espacio de formación a convertirse en ruinas testimoniales, y cuya destrucción se asimiló en un falta de servicios básicos, donde la mayoría de las instituciones públicas carecen de suministro constante de agua y electricidad, lo que imposibilita jornadas escolares completas.  Ni hablar de servicio de internet que sería una utopía.

Igualmente el deterioro físico, no puede ser peor. Así vemos, techos colapsados, falta de mobiliario y la inexistencia de laboratorios de ciencias o computación, o sea, han despojado al estudiante de un ambiente digno para el aprendizaje.

En este contexto, al no haber presupuesto para vigilancia o espacios de protección, los planteles han sido víctimas de constantes saqueos, perdiendo lo poco que quedaba de su patrimonio técnico y pedagógico.

II Aumento de la deserción estudiantil

La desinversión no solo afecta a los edificios, sino al capital humano. La deserción escolar ha alcanzado niveles alarmantes, impulsada por la emergencia humanitaria compleja, y con tales características de destrucción, tenemos cifras que nos demuestran, que hay más de 3 millones de niños y adolescentes que no asisten a las instituciones educativas, aunque la retórica de quien usurpa el ministerio de educación, sea de mentira absoluta.

Fenómenos como el impacto de la pobreza, y prácticamente, la desaparición del Programa de Alimentación Escolar (PAE), o su funcionamiento errático, ha forzado a muchos niños a abandonar la escuela para ayudar en la economía informal a sus padres, o simplemente por falta de energías para estudiar, porque todo, absolutamente todo, está en un ambiente deprimente que lo menos que invita es llegar a un espacio “educativo” que se asemeja más, a una cárcel para niños.

Luego, tal deserción también se ha complementado con la migración y desesperanza, lo cual ha fracturado familias, dejando a miles de estudiantes fuera del sistema. Asimismo, la percepción de que la educación ya no garantiza el ascenso social no es un signo positivo en la permanencia de las aulas.

III Destrucción del sistema curricular y de evaluación

Más allá de lo físico, existe una demolición del contenido. El madurismo ha sustituido la excelencia académica por un modelo de adoctrinamiento y flexibilización excesiva, cuya ideologización fue priorizar una narrativa política específica, sacrificando el pensamiento crítico y las competencias científico-humanísticas; verbigracia, el régimen cambio currículos por propaganda comunista.

Bajo esta perversidad, se erosionó la exigencia de la evaluación, con el fin de “maquillar” las cifras de promoción, es decir, el actual “ministro de educación” obliga a promover al estudiante de grado sin que éste haya adquirido las competencias mínimas, generando un neonalfabetismo funcional institucionalizado en aquellos estudiantes que no tienen competencias, y también sobrevalora a otros que por el hecho de cumplir, tienen mayores calificaciones sobre aquellos que en praxis pedagógica ordenada, deberían estar reprobados.

IV Ausencia absoluta de un tejido social con la educación

Finalmente, se ha roto el vínculo vital entre el oxigonio: escuela, familia y sociedad. La educación ya no es el centro de gravedad de la comunidad y sólo  muestra un éxodo docente y una desconexión institucional.

Así, Venezuela teniendo destruido el tejido social y empleadas las ruinas de la educación para fines electorales o de control social (distribución de alimentos o censos políticos), se ha desvirtuado la función pedagógica y alejando a los padres que no comulgan con estas prácticas. Con el madurismo, la escuela ha dejado de ser un espacio de encuentro ciudadano para convertirse en un recinto de control estatal.

En síntesis, la crisis educativa venezolana no es un accidente, sino el resultado de una política de omisión presupuestaria y desprecio por el conocimiento técnico. Al abandonar la infraestructura, permitir la deserción, vaciar de contenido el currículo y romper el tejido social, el madurismo ha comprometido el desarrollo de dos generaciones. Reconstruir el sistema requerirá no solo una inversión millonaria, sino la restitución de la autonomía académica y la dignificación del rol docente como pilares de la República.

El madurismo asesinó la educación venezolana.

Fuente: https://www.elnacional.com/columnas/2026/04/el-colapso-educativo-en-venezuela/