Publicado: 30 noviembre 2025 a las 10:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Joaquín Callabed
La orientación de los aspectos positivos de la conducta puede ser muy precoz en los niños y niñas

Niños y niñas socializando en una guardería. Xavier Cervera / Propias
En este segundo capítulo sobre la serie de tres artículos sobre el papel de las guarderías voy a destacar su papel en la educación en la sociabilidad. No en vano Aristóteles ya dijo aquello de que “sin amigos no se puede vivir”.
Entendemos por educación la organización y la orientación de los medios más favorables al desarrollo de tal o cual reacción positiva en el comportamiento del niño y la inhibición de las reacciones negativas. La educación de la sociabilidad o la orientación de los aspectos positivos de la conducta puede ser muy precoz.
Hay numerosos estudios sobre los primeros intercambios entre los niños y el ambiente; se ha procurado estudiar las diferencias de comportamiento de los bebés de tres meses cuando son confiados siempre a una misma persona, o cuando son cuidados por una persona cambiante.
Hay una experiencia que resulta expresiva: ocho pequeños son educados en una sala por dos personas encargadas sólo de esta sala, mientras que sus ocho vecinos de la misma edad son educados según prácticas que implican cambios de personal. Todos los niños se estudian teniendo en cuenta su desarrollo postural, sus juegos y sus reacciones sociales y verbales; el observador registra a intervalos de tiempo fijos las reacciones de los niños, describe con el máximo detalle su expresión facial (mirada atenta, interesada, duración de la fijación del rostro, sonrisa, aire de sorpresa o de alegría, reacciones de desarraigo, lágrimas), la movilidad o la animación cuando se acerca el adulto, los movimientos de conjunto, la variedad y la intensidad de las vocalizaciones.
Mientras que no se constatan diferencias en el comportamiento postural y el comportamiento con los objetos, se observa que el comportamiento social, el lenguaje (las vocalizaciones) de los niños del grupo I son más ricos, más variados que en grupo II. En este último grupo, al cabo de cinco semanas, el comportamiento de los niños se empobrece en expresión.
El problema no es el de la permanencia del contacto con una sola persona más fácilmente reconocible, sino el de las diferentes técnicas educativas, porque si la persona que queda sola con cuatro niños a su cargo tiene menos ocasión de manipularlos que el personal cambiante, su proximidad es más matizada; comprende mejor las características del comportamiento individual de cada niño al que ve con más frecuencia; no hay variación desconcertante para el niño en el estilo y el tono de las relaciones.
La adecuada socialización que se realiza en las escuelas infantiles y prepara las relaciones sociales que se establecerán en el colegio se produce con los lazos del compañerismo entre niños, bajo la supervisión de la puericultora y en relación de estas últimas con los niños. El afecto y cuidado de las puericultoras es la base de esta socialización, junto con el empleo de unas pocas reglas sencillas como:
“Las primeras letras que pronuncia un niño son para la búsqueda de la palabra”, afirmó Octavio Paz, Nobel de Literatura. Mucho antes, en el Siglo de las Luces, el filósofo J. J. Rousseau constató que “los niños se entienden en todo el mundo con su lenguaje; los adultos precisamos lenguajes articulados”. El lenguaje, pues, es importante para la sociabilidad. Podemos distinguir etapas en su desarrollo:
Es evidente que en la primera edad, lo que más interesa al niño es el movimiento y los intentos llevados a cabo para introducir en algunas guarderías nociones de gimnasia para el niño demuestran la importancia del acompañamiento verbal en los primeros juegos de movimientos apreciados por el niño.
No olvidemos que la necesidad de hablar es una necesidad esencial para el niño y que todo cuanto podamos hacer para facilitar el desarrollo verbal, le asegura no sólo el manejo de los instrumentos intelectuales futuros, sino también el contacto afectivo y social necesario para su equilibrio.
El problema del aprendizaje del lenguaje en la guardería exige:

El desarrollo psicomotor en una guardería.
AJUNTAMENT DE BARCELONA / Europa Press
El desarrollo psicomotor es fundamental para muchos aprendizajes escolares, para aprender a escribir correctamente es muy importante distinguir la izquierda de la derecha, tener una coordinación adecuada entre los movimientos oculares y manuales, etc. Para el deporte y el desarrollo físico de los niños, el desarrollo psicomotriz es obviamente muy importante. Para el aprendizaje de la lectura es igualmente importante, e incluso para desarrollar correctamente el lenguaje es importante coordinar bien todos los músculos que intervienen en él. No olvidemos vigilar si existe frenillo sublingual importante que puede dificultarle la pronunciación de algunas palabras como la “rr”. El desarrollo psicomotriz que se puede conseguir en la Escuela Infantil es integral, dando importancia a todos y cada uno de sus aspectos.
Fuente: https://www.lavanguardia.com/participacion/red-lectores/20251130/11311015/educar-sociabilidad-guarderia.html
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