Degradación docente y la asfixia de la investigación en Venezuela 

Publicado: 30 julio 2026 a las 6:00 am

Categorías: Artículos

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Por Pensar Educativo

Degradación docente y la asfixia de la investigación en Venezuela 

La educación superior y la producción científica constituyen el eje motor del desarrollo de cualquier nación. No obstante, en la Venezuela actual, presenciamos un proceso sistemático de desmantelamiento institucional que hiere de muerte a su aparato intelectual e investigativo. Esta crisis no se manifiesta de forma aislada, sino a través de una pinza estructural: por un lado, la degradación material y profunda de la carrera docente; por el otro, la nula asignación presupuestaria para la investigación. Juntos, estos fenómenos no solo destruyen el presente de la educación, sino que hipotecan el pensamiento crítico y la autonomía del conocimiento, que además quedaron seriamente comprometidas después de los terremotos que azotaron a Venezuela, el 24 de junio de 2026.

La devaluación de la docencia ha quedado en el medio del prestigio al desamparo. Históricamente, el ejercicio docente representaba un pilar de movilidad social y un rol de altísimo respeto en la sociedad. Hoy, la carrera profesional del educador ha sufrido una erosión sin precedentes. Los salarios de hambre, desprovistos de cualquier poder adquisitivo frente a la realidad inflacionaria, han convertido la vocación en un acto de heroísmo insostenible o, trágicamente, en una vía hacia la pobreza extrema de los educadores e investigadores.

Esta devaluación no es únicamente económica; es una pérdida del estatus profesional. Al carecer de seguridad social, servicios de salud dignos y condiciones mínimas de infraestructura para impartir clases, el Estado ha empujado a miles de profesionales calificados hacia el éxodo migratorio, la economía informal o el abandono de las aulas. La consecuencia inmediata es un aula vacía o sustituida por la improvisación, lo que precariza el relevo generacional y destruye la calidad de la enseñanza desde sus cimientos.

Lo que han promovido los ministerios responsables de la educación en Venezuela ha sido una política de la ignorancia. Lo único que existe en el país es un presupuesto cero para la ciencia y la investigación. Por ello, aunque se diga que la docencia es la base que transmite el conocimiento y la investigación es la frontera que lo multiplica, la realidad en el contexto actual venezolano es que la asignación de recursos públicos para el conocimiento, la ciencia y la tecnología ha pasado de ser deficitaria a ser prácticamente inexistente. Las universidades autónomas y los institutos de investigación sobreviven en la penumbra, literal y metafóricamente; y terminan siendo infelices las recientes palabras de la ministra de educación universitaria, diciendo que “no tenemos recursos”.

Un país que no genera conocimiento propio queda condenado a la dependencia absoluta de patentes, tecnologías y criterios epistemológicos foráneos, que si bien son necesarios y complementan los espacios internos del saber, eso contrasta con la nula inversión en laboratorios desvalijados, bibliotecas desactualizadas, reactivos obsoletos y la imposibilidad de financiar proyectos, y hasta negar la posibilidad de indexar publicaciones o participar en congresos internacionales.

Sin presupuesto para investigar, la academia se reduce a una función puramente repetitiva, anulando su capacidad de proponer soluciones científicas, sociales y tecnológicas a las múltiples crisis que atraviesa el territorio nacional. La ciencia venezolana hoy se sostiene únicamente por la resistencia de sus investigadores, quienes autofinancian sus proyectos o trabajan con las uñas en una suerte de clandestinidad científica.

La degradación de la docencia y el apagón científico no son accidentes de la historia, sino el resultado directo de nefastas políticas de Estado que priorizan el control social por encima del desarrollo intelectual. Desmantelar la educación y la investigación es, en última instancia, desmantelar la capacidad crítica de la sociedad.

Revertir este proceso requiere mucho más que un ajuste salarial o un subsidio (mal llamados bonos) esporádico. Exige una reingeniería estructural que devuelva la autonomía financiera a las instituciones, así como el rescate el valor profesional de la carrera docente y entienda que el presupuesto asignado a la investigación no es un gasto suntuario, sino la inversión más urgente para recuperar la libertad cognitiva de la nación. Mientras el conocimiento siga siendo tratado como un elemento prescindible, el futuro del país continuará en un estado de severa vulnerabilidad. La docencia y la investigación no pueden seguir estando bajo la mesa de un Estado; y menos de una nación.

Fuente: https://www.elnacional.com/columnas/2026/07/degradacion-docente-y-la-asfixia-de-la-investigacion-en-venezuela/