Publicado: 27 mayo 2026 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Cristina Herranz
No todos los alumnos que guardan silencio lo hacen por falta de interés o conocimiento. En muchos casos, detrás de la ausencia de participación hay dificultades emocionales que afectan a su aprendizaje y bienestar. La docente Cristina Vidal Vicario comparte algunas propuestas para acompañar a estos estudiantes.

En el aula hay silencios que dicen mucho más de lo que parece. No todos los niños que tienen algo que decir lo dicen: algunos bajan la mirada, otros evitan participar y hay quienes simplemente no encuentran las palabras para explicar lo que sienten. No es falta de interés, ni de capacidad; muchas veces es una dificultad emocional que pasa desapercibida. De hecho, a lo largo de mi experiencia como profesora he observado un patrón que se repite: niños que sienten intensamente pero no siempre pueden expresarlo. Esto genera frustración, inseguridad y, en muchos casos, un bloqueo que afecta tanto a su aprendizaje como a su bienestar.
Uno de los aprendizajes más importantes como docentes es entender que cada niño tiene su propio tiempo y no necesita ser forzado a hablar, necesita sentirse comprendido. En un contexto educativo donde a menudo prima la rapidez, la respuesta inmediata y la participación constante, es fundamental recordar que algunos procesos requieren pausa y que, en muchos casos, acompañar es mucho más poderoso que intervenir.
Sin embargo, en muchas ocasiones el foco se pone en el rendimiento: participación, tareas, resultados… Pero hay alumnos cuyo verdadero obstáculo no está en lo académico, sino en lo emocional: niños que entienden, pero no responden; que saben, pero no se atreven; que sienten, pero no saben cómo decirlo. En esas situaciones forzar la participación o insistir constantemente puede aumentar la presión y reforzar el bloqueo.
Como docentes estamos cada vez más sensibilizados sobre la importancia de la educación emocional, pero en la práctica diaria no siempre contamos con herramientas claras para acompañar a estos alumnos. A continuación, comparto algunas propuestas que pueden aplicarse fácilmente en el día a día:

No todos los alumnos necesitan el mismo tiempo para responder. Esperar, sin presionar, es una forma de comunicar seguridad. A veces, el silencio no es ausencia, sino proceso.
Cuando un niño se atreve a expresarse, aunque no lo haga de forma ‘correcta’, es fundamental validar primero empleando frases como “entiendo cómo te sientes” o “gracias por intentarlo”. Esto refuerza la confianza y abre la puerta a futuras intervenciones.
Los recursos visuales ayudan a muchos alumnos a identificar y comunicar emociones. Por ejemplo, tarjetas emocionales, pictogramas o escalas de emociones son especialmente útiles para aquellos niños que no encuentran las palabras.

No todos los alumnos se sienten cómodos hablando en grupo. Por tanto, es aconsejable crear rincones tranquilos, cuadernos personales o actividades individuales para facilitar la expresión sin exposición.
Los cuentos son una herramienta poderosa. Permiten que los niños se identifiquen con los personajes y hablen desde una distancia emocional más segura. A través de la narrativa, pueden comprender lo que sienten sin necesidad de explicarlo directamente.

Cuando trabajamos con niños que tienen dificultades para expresar lo que sienten es importante ofrecer herramientas que respeten sus tiempos y les permitan comunicarse de formas diferentes. Y muchas veces los docentes terminamos creando materiales y estrategias a partir de necesidades reales que observamos en el aula: los cuentos, las actividades visuales y las propuestas emocionales pueden convertirse en grandes aliados para ayudarles a identificar emociones, sentirse comprendidos y desarrollar confianza poco a poco, generando un entorno donde perciban que pueden participar cuando estén preparados.
Quizá no todos los alumnos levanten la mano, pero todos necesitan ser escuchados. La educación emocional no consiste sólo en enseñar a nombrar las emociones, sino en crear un entorno en el que cada niño sienta que puede ser como es, sin miedo. Porque cuando se siente seguro, las palabras —tarde o temprano— llegan.
Fuente: https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/educacion-emocional/ayudar-a-un-nino-no-habla-en-clase/
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