Publicado: 20 mayo 2026 a las 2:00 am
Categorías: Entrevistas
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“cuando cambiamos la forma de entender la conducta, cambiamos también la forma de acompañar al alumnado”

Plena inclusión España aborda el Apoyo Conductual Positivo en el ámbito educativo en un seminario online.
El encuentro ha destacado la importancia de cambiar la mirada sobre las conductas que preocupan, entender qué necesidades expresan y transformar los entornos educativos para que todo el alumnado pueda aprender, participar y sentirse seguro.
Plena inclusión España celebró ayer un seminario online sobre Apoyo Conductual Positivo en el ámbito educativo, una metodología que ayuda a comprender, acompañar y apoyar al alumnado cuando aparecen conductas que preocupan.
La sesión formó parte del ciclo de seminarios sobre Apoyo Conductual Positivo y se enmarca en el reto 4 de la estrategia de Plena inclusión: “Con buenos apoyos”. Durante el encuentro se recordó que la guía de Apoyo Conductual Positivo ya está disponible en la web de Plena inclusión y que Alba Cortina Serra es una de las autoras del capítulo dedicado al ámbito educativo.
La apertura corrió a cargo de Elvira Moreno, que destacó que el Apoyo Conductual Positivo no es solo una metodología, sino una forma de hablar de “derechos, inclusión, calidad de vida y de la responsabilidad que tenemos como comunidad educativa y social para construir entornos donde todas las personas puedan aprender, participar y sentirse seguras”.
Moreno explicó que esta mirada invita a dejar atrás enfoques centrados únicamente en la etiqueta, el diagnóstico o la conducta entendida como un problema individual. En sus palabras, el Apoyo Conductual Positivo propone “mirar más allá de lo que vemos en un momento concreto” y preguntarse “qué está expresando esa conducta, qué necesidad hay detrás, qué apoyos faltan y qué puede cambiar el entorno para responder mejor”.
En este sentido, subrayó una de las ideas clave del seminario: “Antes de corregir, vamos a comprender. Antes de excluir, vamos a apoyar”.
Elvira Moreno también recordó que las conductas no aparecen aisladas, sino que tienen lugar en un contexto: un aula, un patio, una relación, una rutina o una forma de organizar los tiempos, los espacios y los apoyos. Por eso, afirmó que hablar de Apoyo Conductual Positivo en educación no significa intervenir solo con un alumno o una alumna, sino transformar los entornos educativos.
“La inclusión no consiste en que la persona se adapte sola al sistema, sino en que el sistema se transforme para responder a la diversidad”, señaló.
Durante su intervención, Moreno puso el foco en la importancia de la prevención. Explicó que una escuela inclusiva no puede funcionar solo reaccionando cuando ocurre una crisis, sino que debe observar, escuchar, comprender y actuar a tiempo.
“Prevenir no significa controlar. Prevenir significa cuidar”, afirmó. Para ello, defendió la necesidad de crear entornos comprensibles, seguros y accesibles; enseñar habilidades de comunicación, relación, regulación emocional y participación; y ofrecer oportunidades reales para que cada alumno o alumna pueda expresar lo que necesita de una forma adecuada y respetada.
También insistió en que necesitar más apoyo no puede ser nunca una razón para excluir. Al contrario, debe ser una razón para mejorar la respuesta educativa.
La ponencia principal corrió a cargo de Alba Cortina Serra, directora del Centro de Educación Especial Jeroni de Moragas, de Cataluña, que ofreció una explicación teórica y práctica sobre cómo aplicar el Apoyo Conductual Positivo en los centros educativos.
Cortina explicó que, cuando se habla de conductas que preocupan, es necesario tener en cuenta su frecuencia, intensidad y duración, así como el impacto que tienen en la vida de la persona y de quienes la acompañan.
La experta señaló que el Apoyo Conductual Positivo se basa en tres elementos fundamentales: sistemas educativos acogedores, prácticas significativas y recogida de datos. Según explicó, sin datos no hay prácticas basadas en la evidencia y resulta más difícil tomar decisiones compartidas.
También defendió la importancia de hablar de equidad y no solo de igualdad. “No todos los niños que tenemos en nuestros colegios necesitan un mismo tipo de apoyos. Cada uno necesita apoyos diferenciados”, afirmó.
Para Cortina, el abordaje de la conducta no puede separarse del aprendizaje académico, la competencia social y el bienestar emocional. “No se puede entender el abordaje de la conducta sin tener en cuenta estos tres aspectos”, señaló.
Alba Cortina explicó que los centros educativos deben organizar sus apoyos en tres niveles:
La ponente insistió en que esta estructura debe aplicarse tanto en centros ordinarios como en centros de educación especial. De hecho, explicó que su centro trabaja también como centro de apoyo a la inclusión educativa en 48 centros ordinarios, acompañando a unos 150 niños y niñas.
Según Cortina, este trabajo está ayudando a que muchos centros aprendan a mirar la conducta “como un reto y como una oportunidad”, y no como una razón para excluir al alumnado.
Una de sus frases más destacadas fue: “La conducta es una oportunidad para aprender”. En este sentido, defendió que las expectativas de conducta deben enseñarse igual que se enseñan las matemáticas, la lectura u otros aprendizajes.
Durante el seminario, Alba Cortina defendió que los centros deben contar con expectativas claras sobre lo que esperan del alumnado. Estas expectativas deben estar expresadas en positivo, ser sencillas, fáciles de recordar y coherentes con los valores del centro.
También señaló la importancia de evitar una mirada basada solo en el diagnóstico. “Hay que salir de este encapsulamiento porque eso no nos lleva a ninguna parte”, afirmó.
La ponente explicó que muchas veces se presupone que el alumnado sabe qué se espera de él, pero esas expectativas no se han enseñado, explicado ni practicado. Por eso, propuso trabajar con matrices de expectativas y sistemas de evaluación que ayuden a identificar qué apoyos necesita cada grupo y cada alumno o alumna.
Además, subrayó que la conducta no puede tratarse de forma aislada ni solo en una clase. Debe ser un trabajo compartido por el centro. Por eso, recomendó crear comisiones o espacios estables de coordinación para analizar las conductas que preocupan, revisar prácticas, definir objetivos y evaluar los avances.
En la segunda parte de su intervención, Alba Cortina presentó un caso práctico de un alumno con conductas complejas que comparte escolarización entre un centro de educación especial y un centro ordinario.
A partir de este ejemplo, explicó la importancia de anticipar cambios, adaptar actividades, regular tiempos, usar apoyos visuales, mantener vínculos seguros, cuidar el tono de voz del adulto y ofrecer refuerzos positivos.
También destacó que algunas conductas pueden ser formas de autorregulación. Por eso, pidió flexibilidad al profesorado y una mirada más comprensiva: en algunos casos, permitir que un alumno se levante o se mueva puede evitar una crisis mayor.
Cortina insistió en que las intervenciones reactivas ante conductas graves no deben entenderse como castigos, sino como medidas para garantizar un control rápido y seguro de situaciones de alto riesgo. Además, recordó la importancia de cuidar también a las personas profesionales que acompañan estas situaciones.
El seminario concluyó recordando que el Apoyo Conductual Positivo ayuda a mirar la conducta como una información valiosa y no como una amenaza. Esta mirada permite construir entornos educativos más inclusivos, seguros y humanos.
Como señaló Elvira Moreno, cuando cambiamos la forma de entender la conducta, cambiamos también la forma de acompañar al alumnado. Y cuando cambiamos la forma de acompañar, avanzamos hacia escuelas más comprometidas con los derechos de todas las personas.
Fuente: https://www.plenainclusion.org/noticias/cuando-cambiamos-la-forma-de-entender-la-conducta-cambiamos-tambien-la-forma-de-acompanar-al-alumnado/
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