Crianza sin violencia: la OMS refuerza la evidencia contra el castigo corporal

Publicado: 23 mayo 2026 a las 10:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Susana Gómez

El pasado 15 de mayo se conmemoró el Día Internacional de las Familias. Una fecha que no solo invita a reflexionar sobre qué entendemos por familia, la diversidad de modelos familiares y los vínculos que convierten a un grupo de personas en una verdadera familia, más allá de la convivencia o de los lazos biológicos. También nos conduce inevitablemente a poner el foco en la infancia, ya que el bienestar, la seguridad, la protección y el desarrollo integral de niños y niñas dependen en gran medida de las relaciones, los cuidados y los estilos de crianza que experimentan en el entorno familiar. La familia constituye así uno de los principales espacios de socialización y aprendizaje, donde se configuran las primeras experiencias de afecto, diálogo, protección y convivencia que impactarán en el bienestar presente y futuro de la infancia.

No solo en la familia, sino también en otros espacios, la idea de que “un azote a tiempo” educa aún está demasiado extendida. Sin embargo, la evidencia científica muestra de forma consistente que el castigo corporal no mejora el comportamiento infantil a medio y largo plazo y, en cambio, sí se asocia con múltiples consecuencias negativas para la salud, el bienestar y el desarrollo de niños y niñas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recuerda que el castigo corporal incluye cualquier forma de castigo físico destinada a causar dolor o malestar, aunque sea leve, incluyendo desde bofetadas o cachetes hasta golpes con objetos.

En cuanto a la magnitud del problema, la OMS estima que aproximadamente 1.200 millones de niños y niñas sufren estas prácticas en el hogar cada año y que millones más las experimentan en entornos escolares. Además, la evidencia señala que estas formas de violencia pueden generar alteraciones en el desarrollo emocional y cognitivo, aumentar la agresividad, empeorar los resultados educativos y elevar el riesgo de ansiedad, depresión o consumo de sustancias en etapas posteriores de la vida. Incluso las formas consideradas “leves” se relacionan con respuestas biológicas de estrés y con dinámicas que pueden escalar a formas más graves de violencia.

En este sentido, la OMS ha publicado Corporal Punishment and Health, un informe que arroja luz sobre el castigo corporal como cuestión de salud pública y no únicamente como un debate educativo o cultural. El documento reúne evidencia internacional que demuestra que no existen beneficios asociados al castigo físico y que, por el contrario, sus efectos negativos perjudican la salud física, mental y social de la infancia. La publicación también destaca cómo determinados factores estructurales —como la pobreza, la discriminación o la sobrecarga familiar— incrementan el riesgo de que los niños y las niñas sufran este tipo de violencia.

La OMS plantea alternativas basadas en la evidencia para prevenirla. El organismo insiste en que prohibir legalmente el castigo corporal es importante, pero insuficiente si no va acompañado de apoyo a las familias, formación para los docentes, campañas de sensibilización y promoción de modelos de crianza positivos y no violentos. La publicación refuerza así un consenso científico cada vez más amplio: proteger la infancia implica avanzar hacia formas de educación y convivencia que garanticen la dignidad, la seguridad y el desarrollo integral de todos los niños y niñas.

Imagen: Magnific

Fuente: https://periodicoeducacion.info/2026/05/23/crianza-sin-violencia/