Publicado: 12 junio 2025 a las 2:00 am
Categorías: Artículos
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Por Valeria González
El nuevo informe educativo de la OCDE proporciona una guía para mejorar la enseñanza con prácticas concretas que favorecen la motivación, el aprendizaje profundo y la adaptación a los estudiantes

¿Qué hace que un maestro sea verdaderamente eficaz en el aula? ¿Qué prácticas distinguen a quienes logran mejores resultados con sus estudiantes? La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) intenta responder a estas preguntas con el reciente informe “Descifrando la enseñanza de alta calidad” publicado en abril de 2025.
En el nuevo documento de la Organización se identifican 20 prácticas pedagógicas clave, agrupadas en torno a cinco objetivos esenciales, que se asocian de manera sistemática con una enseñanza de alto rendimiento.
A pesar de ser un organismo que converge a diferentes países alrededor del mundo, no establece una fórmula universal, sino que el informe busca alumbrar sobre patrones recurrentes de éxito, basándose en estudios empíricos, revisiones sistemáticas y metaanálisis de alto nivel.

“No existe un método perfecto para enseñar, pero sí un conjunto de prácticas que, en diferentes contextos, aumentan de manera consistente las posibilidades de que todos los alumnos aprendan”, señala Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE.
En el documento se encuentra una guía para lograr una enseñanza eficaz, al mismo tiempo que orienta a conseguir políticas públicas, programas de formación docente y evaluaciones más justas y precisas.
De acuerdo con la OCDE, el primer objetivo es ayudar a los estudiantes a consolidar el conocimiento existente. Para ello comenta que para aprender algo nuevo es conectar lo desconocido con lo ya aprendido. Por lo que para obtener una enseñanza eficaz se debe ayudar a los estudiantes a consolidar conocimientos previos. La OCDE identifica cuatro prácticas fundamentales en este aspecto:
Estas prácticas apuntan a lograr una base cognitiva sólida, desde la cual los estudiantes puedan avanzar hacia aprendizajes más complejos.
El segundo objetivo se enfoca en ir más allá de la mera repetición de conceptos, pues aprender de forma profunda significa comprender, aplicar y transferir lo aprendido a situaciones nuevas. Para ello, la OCDE destaca las siguientes prácticas:
Con lo anterior, los conocimientos adquiridos no serán fragmentarios, sino transferibles y funcionales.
Como tercer objetivo se debe motivar a los estudiantes, ya que sin un motivo e interés, el aprendizaje se estanca. Por eso, la OCDE insta a despertar la participación y el compromiso de los estudiantes. Sobre ese eje se deben tener en cuenta los siguientes puntos, que son
Estas estrategias, si bien a menudo subestimadas, resultan decisivas para lograr un ambiente propicio para el aprendizaje.
En el caso del cuarto objetivo, se debe diagnosticar y adaptar la enseñanza, pues la educación no es un concepto rígido, sino que se ajusta a las necesidades específicas del grupo. Este punto se centra en la capacidad docente para evaluar el progreso y adaptar la instrucción. Las cuatro prácticas incluidas aquí son:
Este enfoque apunta a una enseñanza flexible y centrada en el aprendizaje real, no solo en la cobertura curricular.
Finalmente, el quinto propósito es crear un entorno de aprendizaje positivo, que es la base que sostiene todo lo anterior. El informe remarca que el clima del aula incide directamente en los resultados. Las cuatro últimas prácticas clave son
Estas prácticas permiten crear un espacio donde cada estudiante pueda concentrarse, expresarse y desarrollarse plenamente.

El informe de la OCDE no busca únicamente mejorar la práctica en el aula, sino también ofrecer insumos para transformar la profesión docente desde una perspectiva más justa, basada en evidencias. “Las políticas educativas deben dejar de centrarse en evaluar lo que no funciona y comenzar a reforzar lo que sí da resultados”, sostiene Schleicher.
Para ello, el documento sugiere integrar estas 20 prácticas en los programas de formación inicial, en los criterios de evaluación profesional y en el desarrollo de recursos didácticos. También plantea la necesidad de crear marcos de evaluación que reconozcan y valoren estas prácticas en contextos diversos.
El reto, sin embargo, es considerable. No solo porque implementar cambios sistémicos requiere tiempo, sino porque la enseñanza efectiva es profundamente contextual: lo que funciona en una clase puede no hacerlo en otra. Por eso, la OCDE insiste en que estas prácticas deben adaptarse a las características culturales, sociales y educativas de cada país.
Aun así, el valor del informe radica en ofrecer un lenguaje común sobre qué se entiende por buena enseñanza. En tiempos de polarización y reformas apresuradas, contar con una base empírica sólida puede ser un punto de partida para el consenso. Como concluye el informe, “reconocer, valorar y fomentar la excelencia en la enseñanza es una inversión indispensable para el futuro de nuestras sociedades”.
Fuente: https://www.infobae.com/educacion/2025/06/12/como-ser-un-buen-maestro-los-5-objetivos-y-20-practicas-para-una-docencia-efectiva/
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