Publicado: 4 octubre 2026 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por UNIR Revista
La IA ha irrumpido con fuerza en la vida de los jóvenes y plantea nuevos desafíos para las familias, la escuela y los profesionales. La clave no pasa por prohibir su uso, sino por aprender a convivir con ella desde el acompañamiento y el pensamiento crítico.

Ascensión Blanco Fernández, Beatriz Martínez Núñez y Desiré Sánchez Chiva en el Foro UNIR.
El impacto de la inteligencia artificial en la infancia y la adolescencia trasciende ya el ámbito educativo para instalarse de lleno en la vida cotidiana de las familias. Los menores recurren a estas herramientas para hacer tareas escolares, resolver dudas, generar contenidos e incluso buscar apoyo emocional, una realidad que obliga a replantear el papel de padres, docentes y profesionales de la psicología.
Ese fue el eje del Foro UNIR ‘El impacto de la IA en las familias’, en el que las expertas participantes coincidieron en que la tecnología ofrece enormes oportunidades, pero también riesgos que exigen una educación digital basada en el acompañamiento, el desarrollo del pensamiento crítico y la preservación de las relaciones humanas.
La periodista Ana Gugel, presentadora del encuentro, condujo un debate en el que participaron Ascensión Blanco Fernández, directora del Área de Psicología de UNIR; Beatriz Martínez Núñez, médica, psiquiatra infantil y de la adolescencia, coordinadora del Hospital de Día de Adolescentes del Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid y autora del libro Manual de supervivencia para padres en la era digital; y Desiré Sánchez Chiva, psicóloga y coordinadora del Máster Universitario en Intervención Psicológica en el Ámbito Educativo de UNIR. Todas analizaron cómo la inteligencia artificial está transformando la educación, las relaciones familiares y el bienestar emocional de niños y adolescentes.
Desde el inicio del foro quedó patente que la cuestión ya no consiste en preguntarse si los menores utilizarán la inteligencia artificial, sino en comprender cómo está influyendo ya en su desarrollo y qué herramientas necesitan los adultos para acompañarlos. Como explicó Beatriz Martínez, se trata de la primera generación que crece con una inteligencia artificial “en el bolsillo”, una circunstancia inédita para la que no existen referentes educativos previos.
La especialista recordó que las familias afrontan un escenario completamente nuevo, ya que los adolescentes no solo emplean estas plataformas para buscar información o realizar trabajos escolares, sino también para resolver conflictos personales, interpretar conversaciones con amigos o pedir consejo sobre cuestiones emocionales. “La inteligencia artificial ha venido para quedarse”, afirmó, antes de insistir en que el verdadero reto consiste en aprender a convivir con ella de forma responsable.
Uno de los principales cambios señalados durante el encuentro es que la inteligencia artificial se está convirtiendo en un interlocutor habitual para muchos jóvenes. Frente al tradicional recurso de acudir a padres, profesores o amigos, cada vez son más quienes formulan sus preguntas directamente a un chatbot capaz de responder de forma inmediata y con un lenguaje cercano.
Esta disponibilidad permanente explica parte de su atractivo. La IA responde sin horarios, sin mostrar cansancio y sin emitir juicios, características que pueden resultar especialmente seductoras durante la adolescencia. “Cuando tienen una duda importante, nuestros adolescentes empiezan a preguntarle también a la inteligencia artificial”, señaló Beatriz Martínez, quien advirtió de que esa aparente cercanía puede generar una falsa sensación de confianza.
La psiquiatra explicó que estos sistemas no solo ofrecen respuestas académicas, sino que prolongan la conversación, formulan nuevas preguntas y crean una interacción que simula una relación humana. Esa dinámica, unida a la rapidez de las respuestas y a la percepción de ser escuchados, favorece que algunos adolescentes recurran a estas herramientas cuando experimentan incertidumbre, soledad o malestar emocional.
Los datos respaldan esa tendencia. Según expuso durante su intervención, seis de cada diez menores españoles utilizan herramientas de inteligencia artificial de forma habitual y numerosos estudios internacionales muestran que una parte creciente de los adolescentes las emplea para hablar de preocupaciones personales, más allá del ámbito escolar. Ese cambio obliga a replantear cómo deben intervenir las familias y los profesionales para impedir que la tecnología sustituya espacios fundamentales de diálogo.
Aunque los ponentes evitaron demonizar la tecnología, sí insistieron en que su impacto puede resultar especialmente preocupante cuando coincide con situaciones de vulnerabilidad psicológica. En este sentido, Beatriz Martínez compartió la experiencia clínica de una adolescente con trastorno de la conducta alimentaria que contrastaba sistemáticamente con ChatGPT todas las recomendaciones recibidas durante su tratamiento.
La paciente buscaba en la inteligencia artificial una validación constante de sus pensamientos y decisiones, hasta el punto de cuestionar las indicaciones médicas apoyándose en respuestas generadas por el chatbot. Ese caso sirvió para ilustrar cómo estas herramientas pueden reforzar determinados problemas cuando el usuario carece del pensamiento crítico suficiente para valorar la fiabilidad de las respuestas.
La periodista Ana Gugel, con Beatriz Martínez, psiquiatra y coordinadora del Hospital de Día de Adolescentes del Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid; y Desiré Sánchez, coordinadora del Máster en Intervención Psicológica en el Ámbito Educativo de UNIR.
“La IA no es en sí misma un problema, pero sí puede convertirse en un efecto amplificador de problemas previos”, explicó la especialista. Esa capacidad para reforzar creencias, validar preocupaciones o responder siempre desde una posición aparentemente comprensiva puede intensificar trastornos relacionados con la ansiedad, la depresión, la baja autoestima o los problemas de conducta alimentaria.
Lejos de plantear una visión catastrofista, los expertos defendieron que la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta útil siempre que su utilización vaya acompañada de educación digital y supervisión. La clave, insistieron, no reside en prohibirla, sino en enseñar a utilizarla con criterio y adaptando su uso a la edad y madurez de cada menor.
En este punto, Beatriz Martínez recordó que estos sistemas pueden ofrecer respuestas aparentemente impecables que, sin embargo, contienen errores o información inventada. “Las respuestas parecen seguras, bien redactadas y con autoridad, pero no siempre son verdaderas”, explicó, aludiendo al fenómeno conocido como “alucinaciones” de la inteligencia artificial, por el que estas plataformas generan datos incorrectos o incluso referencias bibliográficas inexistentes.
Por ello, defendió que una de las competencias más importantes que deben desarrollar niños y adolescentes es la capacidad de cuestionar la información que reciben. “El pensamiento crítico sigue siendo una habilidad profundamente humana y ningún algoritmo puede sustituirlo”, subrayó durante su intervención.
La especialista propuso que las familias incorporen la inteligencia artificial a las conversaciones cotidianas, preguntando a sus hijos qué consultan, para qué utilizan estas herramientas o si alguna vez han detectado respuestas erróneas. Más que controlar, se trata de acompañar y convertir la IA en un tema más de diálogo dentro del hogar.
La necesidad de reforzar la colaboración entre familias y centros educativos fue otra de las grandes ideas que atravesó el foro. Desiré Sánchez incidió en que muchos padres se sienten desbordados por la rapidez con la que evoluciona la tecnología y necesitan también formación para poder ejercer ese acompañamiento.
En su opinión, la brecha digital no solo afecta a los menores, sino también a los adultos, que en muchas ocasiones desconocen el funcionamiento de las herramientas que utilizan sus hijos. Esa realidad exige ofrecer recursos tanto a las familias como a los docentes para que puedan afrontar los nuevos retos con mayor seguridad.
“La inteligencia artificial va más rápido que nosotros y también tenemos que aprender como padres“, señaló la psicóloga, quien defendió la importancia de incorporar normas claras sobre su utilización, del mismo modo que ya se hace con el uso de las pantallas o las redes sociales. El objetivo no es generar miedo, sino fomentar un aprendizaje compartido entre padres, hijos y profesores.
Ascensión Blanco coincidió en que resulta imprescindible perder el miedo a estas tecnologías y empezar a utilizarlas de forma crítica. A su juicio, la conversación sobre la inteligencia artificial debe formar parte de la educación familiar para que tanto adultos como adolescentes aprendan conjuntamente a valorar sus ventajas y sus limitaciones.
Los expertos coincidieron además en que la prevención comienza mucho antes de que aparezcan los problemas. Detectar cambios bruscos de comportamiento, aislamiento, irritabilidad o pérdida de interés por actividades habituales puede ayudar a identificar situaciones de riesgo, especialmente cuando el uso de la tecnología desplaza las relaciones personales.
Uno de los mensajes más repetidos durante el encuentro fue que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar el papel de la familia en el desarrollo emocional de niños y adolescentes. Frente a la inmediatez de las respuestas que ofrece la inteligencia artificial, los ponentes reivindicaron la importancia del vínculo afectivo, la escucha y la presencia cotidiana.
Beatriz Martínez recordó que muchos adolescentes encuentran en estos sistemas una respuesta inmediata y aparentemente comprensiva, pero eso no equivale a una relación humana auténtica. “La inteligencia artificial sigue sin poder querer a nuestros hijos por nosotros”, afirmó, insistiendo en que la autoridad de los padres no desaparece, sino que se transforma en una labor de guía y acompañamiento.
En esa misma línea, Desiré Sánchez advirtió de que una relación excesivamente dependiente de la inteligencia artificial puede dificultar el desarrollo de habilidades sociales y empobrecer la interacción con los iguales. Si el adolescente encuentra siempre un interlocutor que valida sus opiniones, puede resultarle más difícil afrontar el desacuerdo, la frustración o el contraste de puntos de vista que forman parte del crecimiento personal.
Ascensión Blanco Fernández, directora del Área de Psicología de UNIR.
Ascensión Blanco añadió que la IA debe entenderse como una herramienta de apoyo al aprendizaje y a la intervención psicológica, nunca como un sustituto de las competencias humanas. El desarrollo de la empatía, la comunicación, la creatividad o el juicio ético continúa dependiendo de la interacción entre personas y constituye el mejor antídoto frente a un uso acrítico de la tecnología.
Los participantes también insistieron en recuperar espacios compartidos dentro del hogar. Una comida o una cena sin teléfonos móviles, sin pantallas y sin interrupciones puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la comunicación familiar y detectar preocupaciones antes de que los menores busquen respuestas exclusivamente en la tecnología.
A lo largo del foro quedó patente que la inteligencia artificial representa uno de los mayores cambios tecnológicos de las últimas décadas, pero también que su impacto dependerá en gran medida del uso que hagan de ella las personas. Los expertos coincidieron en que ni el alarmismo ni la prohibición constituyen la respuesta adecuada. La prioridad pasa por formar a familias, docentes y profesionales para acompañar a niños y adolescentes en el desarrollo de una mirada crítica y responsable.
En definitiva, el desafío no consiste en competir con la inteligencia artificial, sino en reforzar aquello que la tecnología todavía no puede ofrecer: el afecto, la confianza, el criterio y la capacidad de construir relaciones humanas sólidas. Como concluyeron los participantes del Foro UNIR, educar en la era de la IA exige combinar innovación con acompañamiento para que el progreso tecnológico se convierta en una oportunidad y no en un factor de vulnerabilidad.
Beatriz Martínez Núñez:
Desiré Sánchez Chiva:
Ascensión Blanco Fernández:
Fuente: https://www.unir.net/revista/salud/como-educar-ninos-y-adolescentes-era-ia-expertos-y-familias-reclaman-mas-formacion/
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