Calcificación, infartos y daño renal: un estudio revela que el CO2 ya está alterando nuestra sangre

Publicado: 20 agosto 2026 a las 8:00 am

Categorías: Noticias

19 de Agosto de 2026

Ante la magnitud del problema, la investigación debería ser una evidencia clave para que los organismos internacionales reconsideren el impacto del CO2, más allá del cambio climático. Foto
Ante la magnitud del problema, la investigación debería ser una evidencia clave para que los organismos internacionales reconsideren el impacto del CO2, más allá del cambio climático. Foto La Jornada/Archivo

Desde hace 200 años se han desarrollado tecnologías para eliminar el dióxido de carbono (CO2), el cual es el principal gas causante de contaminación a nivel global de acuerdo con el Intergovernmental Panel on Climate Change. Sus efectos nocivos fueron ligados a daños en la salud por el Dr. John Snow en 1840, quien demostró que este gas puede matar por sí solo en altas concentraciones, y su letalidad se dispara cuando el oxígeno escasea.

Según la revista Environmental Science: Advances, el CO2 no es inofensivo. A nivel molecular daña el ADN, proteínas y membrana celular, problemas asociados con cáncer, diabetes y enfermedades neurodegenerativas. Esta clase de alteraciones empiezan en la sangre. Al inhalar dióxido de carbono se disuelve en el fluido vital, se combina con agua para formar bicarbonato, lo que reduce la capacidad de la hemoglobina para transportar oxígeno. Con el tiempo, el exceso de gas provoca calcificación de riñones y arterias, aumentando el riesgo de infartos y problemas renales.

¿Qué genera la calcificación?

El cuerpo humano es una fábrica química precisa. Uno de los elementos que necesita cuidar es el nivel de acidez en sangre (pH), normalmente debe ser ligeramente alcalina. Cuando el CO2 entra en contacto con la sangre, forma ácido carbónico y rompe el equilibrio. Para contrarrestar el desequilibrio, los riñones retienen bicarbonato, sustancia capaz de devolverle a la sangre su pH original, entre 7.35 y 7.45.

Desafortunadamente, el mecanismo tiene un límite. En un punto, los riñones no siempre pueden con el trabajo y terminan “pidiéndole ayuda” a los huesos. Dentro de ellos hay dos minerales que en conjunto son capaces de volver alcalina la sangre: el calcio y el fósforo. Ambos se liberan para hacer un tapón antiácido y en teoría, el estado de equilibrio se reestablece. Pero en esta vida, todo tiene un precio: el calcio y el fósforo no deben flotar libres por la sangre. A la larga, se irán creando una serie de cristales para formar sarro en paredes arteriales y riñones. Así ocurre la calcificación, un proceso observado e identificado por el Dr. Karl Ernst Schaefer desde 1979.

¿Cuáles son las consecuencias de niveles bajos de calcio y fósforo?

El calcio y el fósforo son como 2 buenos amigos: cuando uno baja, el otro lo sigue. Su disminución en el organismo crea grandes problemas. El calcio constituye a los huesos, músculos y corazón; mientras el fósforo forma parte del ADN, de la energía consumida por las células (ATP) y también ayuda a la constitución de huesos.

Según la National Library of Medicine una baja concentración de calcio (hipocalcemia), puede provocar calambres, hormigueo, espasmos musculares incontrolables, convulsiones y trastornos en la frecuencia de los latidos del corazón (arritmias cardíacas). La deficiencia de fósforo (hipofosfatemia) causa debilidad muscular, alteraciones mentales, convulsiones, insuficiencia respiratoria, y en casos graves destrucción muscular y coma. En otras palabras, sin ambos minerales la estructura y la bomba que mantienen vivo al cuerpo se dañan considerablemente.

¿Para qué sirve este detallado repaso fisiológico? 

Hasta hace unos años, no se había vinculado al CO2 como un causante directo de cambios cuantificables en la salud. Pero un estudio publicado en la revista Air Quality, Atmosphere & Health cambió el panorama. Los investigadores analizaron cerca de 77 mil personas y observaron, de 1999 a 2020, que el bicarbonato en sangre aumentó un 7%, mientras el calcio bajó un 2% y el fósforo un 7%.

El Dr. Alexander Larcombe, autor principal del estudio, declaró para The Kids Research Institute Australia. “Si la tendencia actual persiste, los modelos indican que los niveles promedio de bicarbonato podrían aproximarse al límite superior del rango saludable aceptado hoy en día, en un plazo de 50 años. Los niveles de calcio y fósforo también podrían alcanzar el extremo inferior de sus respectivos rangos saludables más tarde en este siglo”

Ante la magnitud del problema, la investigación debería ser una evidencia clave para que los organismos internacionales reconsideren el impacto del CO2, más allá del cambio climático. El Global Carbon Budget proyectó en 2025 una emisión de 38 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, por parte de los combustibles fósiles. México contribuyó con 461 millones de toneladas, según Our World in Data.

Lejos de todos los datos mencionados, más allá de cualquier política, como ciudadanos es importante conocer el problema. Los niños y adolescentes estarán vivos durante los próximos 50 años, por lo tanto, será su sangre la más afectada. Sin duda la contaminación por dióxido de carbono es responsabilidad de la industria, al mismo tiempo deberíamos considerar cambiar algunos hábitos como usar menos los automóviles.

Casi inmediatamente después de concluir la oración me imagino a millones de personas diciendo cosas como “pero así me voy al trabajo”, “tengo hijos que van a la escuela” o “es más cómodo y seguro”. Todas son opiniones válidas y aceptables. Pero en algún punto del día estoy casi segura que podemos irnos caminando a ciertos lugares donde el auto no es tan necesario. Tal vez realizar caminatas una vez por semana cerca de nuestra casa, o hacer el paseo dominical en bicicleta. No importa qué pequeño cambio busquemos adaptar a nuestra vida. Es la suma de estas acciones lo que marca la diferencia.

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