Publicado: 24 abril 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Ana Verónica García
Los psicólogos Begoña Ibarrola y Jorge Merino protagonizaron, este jueves, LATIDO el encuentro con profesores y directivos celebrado en el Campus Arrupe de Advantere School of Management en Madrid.

Begoña Ibarrola -ÉXITO EDUCATIVO
El encuentro organizado por Growth Road con el objetivo de transformar la visión tradicional de la excelencia académica, desplazando el foco de atención hacia el bienestar emocional como el eje central sobre el cual debe pivotar todo el sistema de enseñanza moderno.
Diseñado específicamente para equipos directivos y líderes de instituciones educativas, el encuentro funcionó como un espacio de reflexión profunda sobre la gestión emocional en el entorno escolar. Según los organizadores, no fue simplemente un congreso convencional, sino una oportunidad para “sintonizar” con una realidad respaldada por datos: el equilibrio emocional y la salud mental son los cimientos indispensables para alcanzar un aprendizaje significativo en las aulas actuales.
Con una trayectoria que supera las tres décadas y una producción literaria de más de 250 obras, Begoña Ibarrola inició su exposición destacando una realidad alarmante: el 50% de los problemas de salud mental en niños y adolescentes se manifiestan o pueden detectarse en las aulas. Aunque aclaró que los centros educativos no son lugares para el diagnóstico o tratamiento clínico, sí subrayó que la institución tiene una responsabilidad ineludible en la prevención. Para Ibarrola, la prevención es la “gran aliada del bienestar” y los docentes deben actuar como radares capaces de detectar “el humo” antes de que se produzca “el fuego”. “Hay centros educativos que pueden ser entornos de prevención de salud mental y hay centros educativos que puede provocar problemas de salud mental” afirmo y, continuó, “igual que hay profesorado que puede ayudar a que un problema de salud mental aflore o ser el detonante” y otros profesores que “que salven vidas”.
Uno de los pilares de su intervención fue la conexión intrínseca entre emoción y cognición. Apoyándose en la neurociencia, afirmó que “aprender es un proceso emocional y cognitivo” y que ambos son inseparables, como las dos caras de una moneda. En este sentido, sostuvo que “el bienestar emocional no es un complemento al éxito académico, sino un componente esencial para alcanzarlo” y que “si un alumno no se siente bien, no puede aprender correctamente”. Además, recalcó que la atención, clave para el aprendizaje, se capta a través de la emoción: “Donde va la emoción, va la atención”.
Ibarrola enfatizó que en un entorno educativo “nada es neutro”: ni las palabras, ni los silencios, ni las miradas. Las relaciones entre profesor y alumno siempre tienen una valencia, ya sea positiva o negativa. Advirtió que, mientras algunos docentes pueden generar ansiedad o presión excesiva, otros actúan como “factores de resiliencia” que incluso pueden llegar a salvar vidas al ofrecer la atención y el vínculo emocional que el alumno no encuentra en otros entornos.
El segundo bloque del evento estuvo a cargo del también psicólogo y profesor en la Universidad Comillas, Jorge Merino Tamayo con su ponencia “Regulación emocional del adulto en contextos educativos”. Este enfoque partió de una premisa crítica compartida por los expertos: es imposible consolidar una cultura de bienestar para el estudiante si el cuerpo docente está sometido a niveles elevados de estrés crónico o padece el síndrome de burnout.

Jorge Merino Tamayo, cuya labor es reconocida por su enfoque humanista en la gestión de proyectos de transformación humana, defendió que el docente debe ser el primer referente en dominar las herramientas de autorregulación. Al respecto, el psicólogo destacó cómo los docentes y equipos directivos enfrentan niveles críticos de estrés y ansiedad, derivados muchas veces de una “autoexigencia mal entendida”. El experto explicó que el sector educativo sufre una presión constante, no solo por la demanda propia de la profesión, sino por las expectativas cada vez más altas de las familias y la institución. Para Merino, el problema surge cuando las presiones (personales, familiares, laborales y sociales) dejan de ser retos motivadores para convertirse en amenazas e identificó tres factores de riesgo que transforman la presión en un problema de salud mental: la falta de atención, no enfrentar ni ser consciente de la influencia de estas presiones en el día a día; la acumulación tareas y carga mental que, a menudo, sobrecarga al profesional antes incluso de empezar la jornada; la falta de introspección que se convierte en una creciente dificultad para “mirar dentro y entender qué nos está presionando internamente”.
Cuando estas presiones se acumulan sin ser atendidas, la autoexigencia pasa de ser una aliada para el crecimiento a una “enemiga” perniciosa. Esta se manifiesta a través de voces críticas internas que generan sufrimiento, desmoralización y, finalmente, respuestas físicas y psicológicas de estrés y ansiedad.
Respecto al entorno escolar, el ponente defendió la figura del docente como un “termómetro” esencial. Al estar 24/7 en el aula, el profesor es quien detecta cuándo un alumno sufre ante una nota o bajo una presión ambiental excesiva. Merino abogó por una colaboración estrecha entre docentes, orientadores y psicólogos para crear entornos seguros, advirtiendo que el estrés y la hiperactivación en una sala de profesores pueden ser “contagiosos” debido a la acción de las neuronas espejo.
Finalmente, hizo un llamamiento al rigor terminológico, criticando la banalización social de conceptos como “ataque de ansiedad” o “estar depre”. Y recalco la importancia de una adecuada conceptualización de lo que son las respuestas de hiperactivación, de estrés y de ansiedad, porque luego “en el lenguaje social las metemos todas en el mismo saco y por eso decimos que me ha dado 5 ataques de ansiedad pero no es lo mismo”, sino que, explicó “forman parte de lo mismo continuo, que es el estado de la hiperactivación, pero no son las mismas respuestas. Todas son fisiológicas y humanas, pero de alguna manera son respuestas muy distintas y no todas insanes”.
Los organizadores plantean como un manifiesto para el futuro que “el verdadero éxito de un colegio no se mide solo por lo que sus alumnos saben, sino por la seguridad emocional con la que enfrentan el mundo”.
Fuente: https://exitoeducativo.net/bienestar-emocional/begona-ibarrola-hay-centros-educativos-que-pueden-ser-entornos-de-prevencion-de-salud-mental-y-otros-que-pueden-provocar-problemas-de-salud-mental
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