Publicado: 28 octubre 2025 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por UNIR Revista
El método Montessori respeta el ritmo natural del niño y promueve su aprendizaje autónomo en un entorno adaptado. Si se respetan sus principios y las etapas de desarrollo, es posible adaptarlo en casa.

Esta disciplina pedagógica fue desarrollada en Italia en 1909 por María Montessori (1870-1952).
En España, los modelos de enseñanza alternativa ganan fuerza, como es el caso del método Montessori. Esta metodología educativa se basa en el respeto a los ritmos individuales de cada niño, fomentando su autonomía y aprendizaje a través de la experimentación. De este modo, el menor se convierte en el centro de su educación mientras que el docente es un observador.
Los profesionales encargados de implementar este y otros métodos educativos están altamente formados y cuentan con titulaciones universitarias como el Grado en Pedagogía y/o el Máster en Educación Personalizada.
Esta disciplina pedagógica fue desarrollada en Italia en 1909 por María Montessori (1870-1952): pedagoga y la primera mujer en ejercer la medicina en este país, especializándose en psiquiatría y neurología. Su trabajo con niños con discapacidad, y la observación de los mismos, le permitió crear el método Montessori.
Pero, ¿qué es el método Montessori exactamente? El Instituto Internacional Montessori (IMI, por sus siglas en inglés) lo define como: “La propuesta pedagógica de Maria Montessori, basada en la observación científica de niños y niñas: sus diversas fases de desarrollo a lo largo de la vida, sus potencialidades, sus intereses y sus capacidades”.
Con esta metodología —diferente, por ejemplo, al método Waldorf o a la pedagogía Reggio Emilia—, el estudiante es el verdadero protagonista del proceso educativo. Así, este método apuesta por poner al niño en el centro de su educación/evolución, de modo que el adulto observe y acompañe sin intervenir directamente.
Además, el objetivo de Montessori es fomentar el desarrollo integral del menor, promoviendo su autonomía, curiosidad y aprendizaje activo en un entorno preparado y adaptado que respeta su ritmo individual y estimula su potencial intrínseco.
El método Montessori se compone de los siguientes principios básicos:

En la educación Montessori se diferencian cuatro etapas o planos del desarrollo, que abarcan desde la infancia hasta la adultez. Cada uno cuenta con características únicas y necesidades específicas:
Durante los primeros seis años de vida, el niño se encuentra en una etapa de absorción intensa del mundo que lo rodea.
El menor construye su lenguaje, hábitos y personalidad a través de la exploración sensorial y la interacción con un entorno preparado.
A partir de los seis años, el estudiante ya no adquiere el conocimiento de forma pasiva, sino que comienza a razonar, a desarrollar su mente razonadora y a preguntarse el porqué de las cosas.
Aquí se despierta el pensamiento lógico y la curiosidad intelectual. El aprendizaje se centra en la comprensión del mundo mediante la imaginación y una visión más general del conocimiento.
Se inicia el paso a la adolescencia, donde el desarrollo se traslada hacia el mundo interno del joven, que busca entender su lugar en la sociedad y construir su identidad personal.
Es un período de profundos cambios emocionales, físicos y sociales.
El paso a la vida adulta se caracteriza por la integración de su conocimiento y experiencia para definir su rol en el mundo. Busca especializarse, encontrar un propósito y actuar con autonomía.
Para Montessori cada etapa o plano de desarrollo es fundamental y ninguna de ellas debe forzarse ni saltarse.
El método Montessori funciona aplicando sus principios y bases, respetando en todo momento el ritmo individual del menor. Se debe, por tanto, seguir al niño, es decir, reconocer profundamente su momento evolutivo y adaptar el entorno físico y emocional para facilitar su desarrollo natural.
Por otra parte, al igual que ocurre para adaptar el método Montessori en el aula, a la hora de implementar el método Montessori en casa es clave crear un entorno que sea ordenado, estéticamente agradable, adaptado a su tamaño y necesidades, y con materiales que tengan un objetivo claro en su desarrollo físico, cognitivo y emocional.
Es decir, guiarse por los principios de esta metodología, en la que el adulto actúa como guía, acompañando sin intervenir en exceso. Todo debe estar pensado desde la perspectiva del niño y su etapa de desarrollo.
También es importante garantizar que los menores conecten con el mundo que les rodea a través de la creación de un ambiente positivo, en el que potencien su autonomía y confianza.
En definitiva, el método Montessori sigue aún vigente tras años de implantación por su significativo valor en la educación y los beneficios que aporta al desarrollo emocional e intelectual del niño, al respetar su ritmo y fomentar su autonomía.
Fuente: https://www.unir.net/revista/educacion/metodo-montessori/
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