Un estudio concluye que bajar la ratio no mejora el aprendizaje, pero sí aumenta el bienestar de los profesores y reduce las clases particulares

Publicado: 4 marzo 2026 a las 4:00 am

Categorías: Artículos

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Por Ignacio Zafra

Cuando las clases están más llenas, las familias suelen hacer un mayor esfuerzo personal y económico para compensar, señala una investigación de EsadeEcPol

Bajar la ratio de estudiantes por clase, una demanda casi unánime del profesorado y de buena parte de las familias, no implica mejoras significativas en el aprendizaje. Aunque ello no quiere decir que no tenga efectos, según un estudio publicado este miércoles por EsadeEcPol. El trabajo, basado en datos de cientos de miles de estudiantes procedentes de registros administrativos, pruebas estandarizadas y cuestionarios a docentes y directores de más de un millar de colegios de Primaria de la Comunidad de Madrid, muestra que reducir el tamaño de las clases reduce la disrupción en el aula, sobre todo en los centros con mayor conflictividad, mejora el bienestar del profesorado y disminuye el gasto de las familias en clases particulares, así como el tiempo que estas destinan a ayudar a sus hijos en tareas escolares.

Dicho de otra forma: las clases más llenas parecen inducir a los progenitores a hacer un mayor esfuerzo para compensar la situación en la escuela, lo que podría enmascarar el beneficio en el rendimiento que tiene bajar la ratio. La investigación señala, sin embargo, que la intensidad de estos y otros efectos positivos detectados resultan moderados o bajos. Demasiado poco, considera el autor, José Montalbán, investigador asociado de EsadeEcPol y profesor del Instituto Sueco de Investigación Social (SOFI) de Estocolmo, para justificar una bajada general de ratios, que es “una de las políticas más caras en educación”, dado que implica contratar a más docentes (sus salarios representan en torno al 70% del presupuesto educativo) y, en ciertos casos, abrir más aulas. La evidencia disponible, añade Montalbán, apunta que hay medidas con “un mayor beneficio en términos de aprendizaje y un coste más bajo”, como las tutorías individualizadas en grupos pequeños o las intervenciones tempranas con el alumnado en Educación Infantil.

El documento, titulado Clases más pequeñas, impactos limitados para inversiones elevadas, subraya que sus conclusiones concuerdan con las de otros trabajos realizados en las últimas dos décadas en distintos países, incluido un metaanálisis de 66 investigaciones causales publicado en 2025. Su publicación coincide con la tramitación por parte del Gobierno de un anteproyecto de ley para bajar las ratios máximas en casi todas las etapas, empezando por Primaria (de 25 a 22 alumnos) y la ESO (de 30 a 25). Y, para Lucas Gortazar, director de Educación de EsadeEcPol, refuerza la idea de que la medida diseñada por el Ministerio de Educación “es un error”. Gortazar considera que sería más eficiente y equitativo concentrar los recursos en medidas dirigidas a los chavales “con más dificultad en el hogar y en la escuela” por motivos socioeconómicos o por presentar otras necesidades de apoyo educativo (como discapacidad, trastornos del aprendizaje o desconocimiento del idioma), en vez de aplicar una bajada general de las ratios, que incluirá a los colegios situados “en zonas urbanas de clase media y alta y a la escuela concertada”.

Matices

El estudio de Esade plantea algunos matices a sus propios resultados. El primero es que la investigación analiza el efecto de la variación del tamaño de las clases en una horquilla de 20 a 30 estudiantes (debido al diseño del trabajo, que aprovecha el hecho de que cuando la demanda de plazas en determinado curso y colegio supera cierto umbral, la clase se desdobla). Y, de hecho, cuantifica casi todos los efectos en función de diferencias de cinco alumnos por clase. Por tanto, afirma el autor, “no es posible extrapolar directamente las conclusiones a situaciones con clases mucho más pequeñas o numerosas”. Por ejemplo, la diferencia en términos de aprendizaje de dividir una clase de 28 chavales en dos de 14, como sucedió en algunos centros durante la pandemia por la aplicación del protocolo de prevención de contagios.

La segunda salvedad es que el estudio concluye que la influencia del tamaño de la clase en la repetición de curso resulta “estadísticamente indistinguible de cero”. Pero ello, admite, “no resulta sorprendente” dado que la tasa de repetición en los cursos analizados (tercero y sexto de primaria en los años 2016 a 2019) es de por sí muy baja, en torno al 3%. “Queda por analizar si el tamaño de la clase puede ser una buena política para reducir la repetición en Secundaria”, donde es mucho más alta.

El efecto más claro de rebajar la ratio es la disminución de las disrupciones en el aula. La posibilidad de que estas supongan un problema moderado o grave se reduce un 10% respecto a la media de referencia si hay cinco chavales menos en el aula, según la media de las opiniones de docentes y alumnos. Ello supone aproximadamente la misma diferencia que general el hecho de que en una clase haya un 40% o un 60% de niñas, señala Montalbán citando otras investigaciones.

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Que la clase sea más pequeña no mejora de forma significativa el grado de satisfacción con la escuela manifestado por los estudiantes (el estudio no aventura causas). Pero sí incrementa la satisfacción de las familias. Disminuir en cinco alumnos el tamaño del aula implica una reducción de la implicación de los padres ―ayudando, por ejemplo, a hacer los deberes― del 2,2% respecto a la desviación estándar. Los progenitores también tienen un 1,1% menos de probabilidades de pagar clases particulares a su hijo en sexto de primaria, sobre una base de partida del 14,5% del alumnado que lo tiene en ese curso.

El bienestar del profesorado también aumenta con dicha variación del tamaño un 5% respecto a la desviación estándar. Montalbán apunta, utilizando las conclusiones de una investigación publicada el año pasado en EE UU, que ello equivaldría a un incremento del 6% en los ingresos anuales para un maestro de Primaria, o 1.800 euros si cobrara 30.000 al año. La media salarial en España varía en función a la comunidad autónoma, pero según UGT es más alta. En Andalucía, por ejemplo, ronda los 35.000 euros anuales, por lo que la equivalencia en términos salariales sería de unos 2.100 euros al año.

Una reducción de cinco estudiantes por clase también tiene como efecto que los chavales hagan menos deberes (unos ocho minutos y medio menos por semana), que el profesorado los corrija más en clase (aunque solo un 1,2% más en un terreno en el que la media alcanza de por sí el 93%), y que la clase trabaje en mayor medida organizada en grupos pequeños (un 5,7% más respecto a una media de referencia del 70%), lo que, según Montalbán, es un signo de una enseñanza más individualizada.

El estudio no detecta “islas de impacto” en el rendimiento. Es decir, subgrupos por nivel socioeconómico, tipo de colegio, curso, o materia (se analizan matemáticas, lengua e inglés) en los que el efecto en el rendimiento sea importante. “Son, en general, magnitudes pequeñas y bastante uniformes”, concluye.

Fuente: https://elpais.com/educacion/2026-03-03/bajar-la-ratio-no-mejora-el-aprendizaje-pero-si-el-bienestar-de-los-profesores-y-reduce-las-clases-particulares-segun-un-estudio.html