La gran lección educativa de 2025… una mezcla de IA y necesidad de volver a los clásicos

Publicado: 7 diciembre 2025 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Jordi Martí

Hay años que se presentan en silencio y otros que entran tirando la puerta abajo. 2025, al que le quedan pocos días para irse, ha sido de los segundos.

Ha sido el año en que muchos han descubierto que las redes sociales ya no son esa plaza pública llena de ideas compartidas que parecían en sus inicios. El compartir se ha ido apagando. Cada vez más docentes cansados de bailar para algoritmos que, al primer despiste, te mandan a la irrelevancia digital. Antes bastaba una idea brillante para que la conversación se abriera. Ahora necesitas una coreografía completa, presencia diaria, optimismo fluorescente y cero matices. Y aun así, a veces no pasa nada.

Ha sido también el año en que la educación ha sufrido de forma más explícita una especie de «caza de brujas» ideológica. Contra personas concretas y contra cualquier postura que se salga de la doctrina del grupito de turno. Sectas de ideas que patrullan la red en busca de alguien que no repita el mantra exacto que han decidido elevar a dogma. Si discrepas, aunque sea en una coma, prepárate para llevar la letra escarlata digital.

Curioso, porque muchas de esas verdades inamovibles duran lo que dura una publicación en las redes sociales. Suficiente para exigir fidelidad absoluta, pero insuficiente para hacer mejorar una sola aula real.

Mientras tanto, la Inteligencia Artificial ha entrado en el centro educativo sin pedir permiso ni esperar a que se firmara ningún plan de innovación. Nos ha puesto a todos en una situación casi cómica. El alumnado usando herramientas que parte del profesorado aún está tratando de pronunciar correctamente. Una revolución que escribe, resume, explica, corrige, diseña… y que en más de un caso ha reblandecido la capacidad de esfuerzo y la musculatura cognitiva de quienes ya venían con poca motivación de fábrica.

De repente, nos hemos visto recordando, casi con nostalgia, que hay aprendizajes que necesitan más que un clic. Que el pensamiento crítico requiere tiempo. Que la comprensión profunda no se descarga en segundos. Que hay que levantar la vista de la pantalla para entender el mundo. Que, frente a tanto atajo, a veces toca volver a caminos antiguos que nunca dejaron de ser útiles, aunque algunos los abandonaran por postureo pedagógico o afán de militancia.

Porque 2025 nos ha recordado otra cosa decisiva. Nos ha recordado que muchas de las modas educativas no murieron de éxito, murieron de no pisar el aula.

Volvemos a valorar lo básico, lo que siempre funcionó… leer y conversar, mirar y comprender, escuchar y pensar, acompañar y sostener, arriesgarse a equivocarse y volver a intentarlo sin botón de reintentar automático

Nadie lo dice muy alto porque no queda tan glamuroso como hablar de metodologías con nombres que parecen startups, pero la realidad es tozuda. Hay avances que solo se logran cuando están las manos dentro de clase y los pies en la tierra.

Por eso, quizá la gran enseñanza de este año sea que la educación no necesita una guerra sagrada entre bandos ni competiciones de seguidores. Necesita calma, criterio, humanidad y presencia real. Y una dosis razonable de duda, porque nada se destroza tan rápido como una certeza absoluta.

2026 se asoma y no sabemos si será un año de más ruido o más escucha. Lo único claro es que la educación no espera. No se detiene porque alguien quiera jugar a ser inquisidor pedagógico. No deja de existir porque las redes decidan promocionar el baile del día. No se suspende porque una IA escriba mejor que un adolescente somnoliento.

La educación ocurre igual. Todos los días. Con o sin trending topic en las redes sociales o artículo en los medios de comunicación.

Y quizá, después de tanto sobresalto, debamos volver a tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Lo que pasa en las aulas sigue siendo más importante que lo que pasa en las redes.
  • Educar sigue siendo un acto de resistencia frente a cualquier moda pasajera.
  • El futuro se construye despacio, a pesar de quienes lo quieren rápido.
  • Ningún algoritmo ha descubierto aún cómo sustituir el vínculo humano.

2025 ha sido el año del ruido. Que 2026 sea el año del sentido. Ya sé que lo más probable sea que no, pero como mínimo, dejadme ser un poco optimista.

No tengo muy claro el porqué de muchas cosas. No entiendo odios enfermizos. No me cuadra la necesidad de hacer daño continuamente de algunos a todos los que, por desgracia, no piensan como ellos. No entiendo, salvo por temas de algoritmo, esa necesidad de remar como si hubiera objetivos diferentes cuando, al final, el objetivo es claro… tener una mejor sociedad futura. Y eso solo se consigue con una mejor educación plagada de aprendizajes y con planteamientos diversos, adaptados a cada contexto y necesidad. Pero bueno, qué voy a saber yo. Seguro que menos que esos que se pasan el día entre razia y razia.

Disfrutad del domingo y recordad que mañana los docentes no tenéis que poner el despertador. Y que, salvo que durmáis tan mal como yo o tengáis al lado a alguien con poderes de ronquido sobrehumanos, podéis permitiros el lujo de permanecer en la cama un poco más.

Fuente: https://xarxatic.com/la-gran-leccion-educativa-de-2025-una-mezcla-de-ia-y-necesidad-de-volver-a-los-clasicos/