Hablar de educación en redes ya no cansa… desgasta

Publicado: 8 enero 2026 a las 10:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Jordi Martí

No es que falten ganas de hablar de educación. Faltan ganas de soportar el clima que se ha generado alrededor de cualquier conversación educativa en redes sociales. Porque lo que antes era intercambio se ha convertido en desgaste. Y eso, cuando se repite día tras día, acaba pasando factura.

Durante años compartir ideas sobre educación tenía sentido. Incluso cuando había desacuerdos. Se discutía, se matizaba, se aprendía algo. Hoy, en cambio, hablar de educación en redes se parece más a entrar en un espacio donde todo está predispuesto al conflicto. No se llega a dialogar. Se llega a defenderse. Y no, no es una percepción. Es, simplemente, ponerse a revisar lo que se decía en redes hace una década con lo que está pasando ahora.

No se lee para entender. Se lee para detectar el fallo.

Y cuando el fallo aparece, se activa el ritual… captura, señalamiento, comentario irónico y aplauso del grupo. Todo muy previsible. Todo muy cansado.

La conversación educativa se ha llenado de gente que no busca comprender nada, sino confirmar su posición. Personas que no entran a debatir ideas, sino a vigilar discursos. Que confunden pensamiento crítico con fiscalización permanente y discrepancia con amenaza.

El resultado es un espacio hostil donde el matiz estorba. Donde el depende se interpreta como cobardía intelectual. Donde cambiar de opinión es visto como una traición y no como un síntoma de pensamiento vivo.

Da igual la experiencia que tengas. Da igual el contexto desde el que hables. Da igual que intentes explicar. Si no encajas en el marco correcto, molestas.

Y así, poco a poco, las voces que más aportan se retiran. No hacen ruido. No montan despedidas. Simplemente dejan de participar. Mientras tanto, quienes disfrutan del conflicto ocupan el espacio. Porque para ellos el desgaste ajeno es combustible propio.

La irrupción de la inteligencia artificial no ha mejorado nada. Al contrario. Ha añadido una capa más de superficialidad. Ahora ya no hace falta argumentar. Basta con preguntar a una máquina, obtener una respuesta conveniente y usarla como cierre. Captura de pantalla y asunto resuelto.

No se piensa mejor. Se piensa menos. Y se delega criterio en algo que no lo tiene.

El problema no es la tecnología. El problema es la renuncia colectiva a la complejidad. A aceptar que la educación no se puede resolver en un hilo, ni en una frase brillante, ni en una respuesta generada automáticamente.

Las redes premian la contundencia. La educación necesita tiempo. Y cuando ambos mundos chocan, pierde siempre lo mismo. Y lo que pierde es la conversación honesta.

Por eso cada vez da (me) más pereza hablar de educación en redes. No por apatía. Por higiene mental. Porque hay debates que no merecen el precio que exigen. Porque no todo silencio es desinterés; a veces es simple autoprotección.

Quizá el problema no sea que la gente haya dejado de pensar. Quizá es que ha dejado de querer exponerse a un espacio que penaliza el matiz y recompensa la agresividad.

Hablar menos no es rendirse. Elegir dónde hablar es madurar.

Tal vez haya llegado el momento de asumir que la educación no necesita más ruido, sino más lugares seguros donde poder pensar sin miedo a ser triturado por la próxima captura de pantalla.

Eso no se viraliza, pero explica muchas ausencias.

He escrito esto hoy pensando en la cantidad de tuits que he llegado a escribir en X, la cantidad de respuestas que he intentado dar y, por desgracia, viendo como la agresividad ha fagocitado una red (no solo a nivel educativo) que antaño «premiaba» otro tipo de debates. Existen cuentas fantásticas que aportan pero, lamentablemente, las que intentan aportar son masacradas por una legión, menos numerosa de lo que parece por lo que «chillan», que se han autonombrado «dictadores 2.0 a tiempo completo».

Hay algunos que solo están en las redes sociales para conseguir que alguien les haga caso, metiéndose en todas las conversaciones y criticando a diestro y siniestro sin, en muchas ocasiones, tener ni pajolera idea de nada. Y eso se nota porque, al final, todos sabemos que, para que el algoritmo le haga a uno caso, debe soltar la barbaridad más grande. No olvidemos que hay personas que solo viven en ese mundo de fantasía que se han montado.

Yo seguiré en este blog que, al final, es donde me siento mucho más cómodo. Además, como siempre he dicho, donde se cambia la educación es en el día a día. Un día a día que sucede fuera de las redes. Algo que no implica no poder pasarme por esas redes cuando me apetezca sabiendo, claro está, lo que hay y a lo que se arriesga uno.

Fuente: https://xarxatic.com/hablar-de-educacion-en-redes-ya-no-cansa-desgasta/