Publicado: 22 noviembre 2023 a las 2:00 am
Categorías: Artículos
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Estos espacios permiten la vinculación entre miembros para generar nuevas relaciones, apostando por un aprendizaje inmersivo que se adapta a las necesidades de los estudiantes. Carmen Arlette, docente de la Universidad Autónoma de Guadalajara (México), analiza su potencial.
Una comunidad digital es un espacio que facilita la vinculación entre miembros para generar nuevas relaciones y aprender los unos de los otros. Además, ayudan a derribar las fronteras geográficas y moldear nuestros aprendizajes; también personalizarlos, permitiendo que todos estemos inmersos en la educación para ‘hackear’ la experiencia no sólo de los estudiantes sino de profesores, directores y todos aquellos participantes del proceso educativo.
Esto se debe a que las actividades dentro de las comunidades digitales enriquecen nuestros pensamientos y hacen que los aprendizajes sean significativos al fomentar el sentido de pertenencia. Por tanto, es de vital importancia que el alumnado sea el centro de cualquier actividad creada dentro de una de ellas y a su alrededor colocar todas las áreas que nos permitan co-producir en comunidad.

Para crear una comunidad digital de aprendizaje se deben tener en cuenta algunas cuestiones clave:
Aunado a todo lo anterior, las comunidades digitales de aprendizaje deben incluir un elemento clave: la inmersividad. Esta se refiere a la suma de estímulos visuales, auditivos y/o sensoriales que tienen la característica de ser atractivos, llamativos y sorprendentes: todo esto lleva a experimentar nuevas sensaciones y generalmente se utilizan tecnologías o simulaciones físicas para lograr captar la atención del usuario. El aprendizaje inmersivo se refiere a un aprendizaje diverso e inclusivo que utiliza diferentes tecnologías para crear entornos virtuales o simulados donde se utilizan identidades digitales (avatares) para interactuar con los demás; formar equipos; y lograr cumplir retos permitiendo que los estudiantes aprendan y participen activamente.
Y es que usar un lenguaje inmersivo en la educación trae consigo numerosos beneficios, como la creación de una experiencia personalizada capaz de generar en los estudiantes una práctica basada en sus necesidades individuales y su estilo de aprendizaje. Además, fomenta la enseñanza práctica al proporcionarles la oportunidad de probar situaciones reales y aplicar lo que aprenden en entornos que simulan la vida real; el resultado es un aumento de la comprensión y retención del conocimiento. Junto a ello, se aborda el aprendizaje lúdico al permitir emplear elementos de juego para que el aprendizaje resulte más divertido y motivador.
Por último, las comunidades de aprendizaje ayudan a que el alumnado estudie a su propio ritmo y se instaure un aprendizaje global que propicie que interactúen con personas de diferentes partes del mundo, lo que crea un entorno de aprendizaje más diverso y multicultural.
Fuente: https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/comunidades-digitales-aprendizaje/
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