“Es importante que los chicos solo falten a la escuela por fuerza mayor”

Publicado: 2 enero 2026 a las 6:00 am

Categorías: Entrevistas

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Por Andres Miquel

A menos de un mes de asumir, la ministra afrontará un 2026 con un Presupuesto Nacional que valida los recortes de fondos destinados al desarrollo educativo, científico y tecnológico. El desafío de “reorientar” prioridades y los objetivos trazados junto a Kicillof.

El sistema educativo de la provincia de Buenos Aires comienza el 2026 con Flavia Terigi al frente de la Dirección General de Cultura y Educación. Asume en medio de la sanción de una Presupuesto Nacional que, definitivamente, sentencia la inversión educativa, científica y tecnológica. Habla del ajuste digitado por Javier Milei, sus conversaciones con Axel Kicillof, los objetivos trazados para su gestión, cómo mejorar la enseñanza y la necesidad de reordenar prioridades ante la asfixia económica nacional.

En una hora de conversación con Buenos Aires/12, Terigi analiza el impacto que tiene la decisión del Congreso de la Nación de eliminar los pisos mínimos de la Ley de Financiamiento Educativo, el barrido del fondo para la educación técnica y el constante ataque al bolsillo de los docentes.

Llega al gabinete tras su paso como rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento, por lo que está al tanto de la voluntad libertaria de quitar recursos a la comunidad educativa. Es reconocida como investigadora en el campo educativo, con publicaciones vinculadas a la enseñanza y el aprendizaje, y espera abrir una etapa de transformaciones dentro del sistema.

—¿Qué efectos tendrán los recortes nacionales de fondos en la Provincia a lo largo de 2026?

—Entre los efectos inmediatos que tenemos que atender diría que lo principal es el deterioro de los niveles salariales. La provincia de Buenos Aires mantuvo la paritaria todos estos años y, por el momento, se produce un cierto sostenimiento del nivel salarial, aunque es irremontable ese primer gran deterioro que fue la quita del FONID. Luego tenés todo el problema de la inversión educativa que no es solo la que hacía directamente el ex Ministerio de Educación, hoy Secretaria. Se trata de la que debe hacer la Provincia con fondos que debían llegar de la Nación. Lo que se olvida acá todo el tiempo, y me parece que el gobierno nacional logró una especie de maniobra de invisibilización que es fenomenal, es que los ingresos del gobierno nacional provienen de la actividad productiva de las personas en el territorio de las provincias. No es que el gobierno nacional tiene dinero y decide graciosamente si se lo da o no a una provincia. El otro día en conferencia de prensa el ministro de Gobierno (Carlos Bianco) mostró el cálculo de la deuda actual con la provincia de Buenos Aires y es de 14,7 billones de pesos. A mí me cuesta mucho entender en la mente que son billones. Es muchísimo dinero.

—¿Se podrá continuar con el nivel de obra pública en materia educativa?

—Lo que se ve en concreto en el sistema educativo de la provincia es un gobierno provincial que dio sobradas muestras de su voluntad y decisión política de seguir haciendo de la educación una prioridad. Eso explica, en buena medida, mi decisión de sumarme al gabinete del gobernador. Pero hay que reestructurar algunas prioridades. Tuvimos un ritmo de obra pública en la provincia de Buenos Aires que fue altísimo durante seis años de gestión. Se inauguraron 295 edificios nuevos, se está por llegar a 300, y se sumaron más de 3 mil aulas. Seguramente es un ritmo de inversión anual que no se va a poder sostener. Por eso, parte de lo que estamos haciendo es reorganizar el plan de infraestructura por no poder seguir al mismo ritmo. Los recortes nacionales impactan. Impactan en ver si podés entregar libros a las escuelas, si podés entregar notebooks o sostener el transporte escolar. Por lo demás, el gobierno provincial invirtió mucho en equipos de orientación escolar o acompañamiento de trayectorias educativas. Como solía decir mi antecesor en el cargo, falta mucho, pero se hizo mucho. Estamos decididos a seguir sosteniendo la educación como una política central en el desarrollo de la provincia de Buenos Aires y, en ese sentido, habrá que hacer los replanteos que se necesitan. El día que juré dije que, quizás, llegó un momento de dar un paso en política educativa más cualitativo, de más detalles, de meterse en aspectos de la enseñanza que sabemos que hay que fortalecer. Para eso, la provincia tiene equipo y recursos. Así que se seguirá haciendo, aunque con restricciones del gobierno nacional.

—¿Qué significa ese paso cualitativo?

—El descenso de la natalidad está produciendo, por primera vez en la historia reciente, una situación de menor estrés en incrementar el tamaño del sistema. Por supuesto que quedan zonas en la provincia donde puede haber faltantes de oferta de educación inicial o secundaria, pero en general se está llegando a altos niveles de cobertura con la oferta. Entonces, podés pensar cómo desarrollar más políticas para la mejora de la oferta. Hoy te podés preguntar si en determinado lugar la baja de natalidad permite pensar que ya está satisfecha la demanda en sala de 4 y 5, pero tenés un 80 por ciento de cobertura en sala de 3. Entonces, podés hacer la inversión para completar ese 20 por ciento faltante. Eso no había pasado nunca. Hoy la sala de tres no es obligatoria. El gobernador envió un proyecto de ley para que lo sea en la Provincia y por distintos motivos esa ley no se sancionó. De todas maneras, me encomendó una planificación para llegar en los dos años de gobierno que tenemos por delante a que la oferta de sala de 3 sea suficiente para dar cobertura para todos los que la demanden.

—¿Se vienen cambios con el objetivo de que los chicos aprendan más y mejor?

—Se viene haciendo un montón. Entonces, yo no voy a comenzar algo que no está ocurriendo. Quiero ser clara con esto, porque se estaban haciendo un montón de cosas y afortunadamente les puedo dar una continuidad. Creo que hay que identificar en cada nivel educativo lo que genera mayor cantidad de obstáculos en las trayectorias escolares. Alguien de la comunidad de la salud me comentaba de cuestiones post pandemia respecto al desarrollo lingüístico de los nenes más chiquitos. Bueno, el nivel inicial deberá poner una mirada más atenta de lo que siempre hizo para trabajar con el lenguaje en todas sus formas. En Primaria, está claro que el camino está muy trazado. Hay mucha tradición curricular y hay que poner el foco en los chicos que avanzan en la escuela sin dominar los dos grandes sistemas de representación que son el de la escritura y el de numeración. Ahí tenemos que poner atención. En Secundaria se está trabajando sobre el nuevo régimen académico, que es muy abarcativo. Hay que hacer un balance y apoyar específicamente las particularidades que toma el proceso en cada escuela. No es lo mismo una escuela de 1.500 alumnos que otra más chica que tiene otro margen para trabajar. También en el nivel superior está en proceso una modificación del régimen académico que seguirá en curso. Siempre con la continuidad de políticas transversales, como la ESI o las políticas de Memoria. Sé que producen mucha rispidez en parte de la población, pero es parte de la tarea de la escuela desnaturalizar las formas de violencia en la vida social. La escuela es un lugar donde los chicos tienen la oportunidad de aprender otras formas de estar en el mundo y, para eso, estas políticas son muy importantes.

—¿Cuál fue la instrucción de Kicillof para esta etapa?

—Nosotros tuvimos oportunidad de conversar, tanto con el gobernador como con el ministro Sileoni, varias veces los últimos meses. Vengo a sumar en un reconocimiento a la política educativa que desarrolló Agustina Vila los primeros dos años y Alberto Sileoni los siguientes cuatro años. Lo primero que transmití es la idea de otra etapa en la gestión educativa de la Provincia, pero dentro de los lineamientos generales que venimos conversando. Me parece que la gente recibió mi designación al frente de la DGCyE como una señal de una nueva etapa en una apuesta educativa que comparto plenamente.

Axel Kicillof, Verónica Magario y Favlia Terigi. Axel Kicillof y Verónica Magario el día del juramento de Flavia Terigi como directora general de Cultura y Educación. (Prensa)

—Habló de un pedido del gobernador sobre la sala de 3 años. ¿Qué más se planificó para los próximos dos años?

—Cuando conversamos, me planteó una periodización. La primera etapa de su gobierno fue de mucha emergencia a partir de lo sucedido en la escuela de Moreno, la desinversión por parte del gobierno anterior en la provincia y la pandemia. Después llegó una etapa de consolidación, con mayor inversión y resolución de los grandes problemas de infraestructura y una atención al rezago salarial que había en el campo educativo. Y ahora llegaría la etapa de transformación de la educación de la provincia. Yo le planteaba, en conversaciones que fueron muy valiosas, extensas y de mucho intercambio, que se puede hablar de transformación educativa, pero los que trabajamos en el campo educativo sabemos que las transformaciones en educación son un poco más lentas, o más desacopladas. Entonces, mi propuesta, lo que yo puedo aportar acá, además de darles continuidad a las políticas que están en curso, es una mayor orientación de las políticas educativas vinculadas a la enseñanza.

—¿Eso en qué se traduce?

—Implica la identificación en la trayectoria de los chicos y chicas de ciertos puntos donde se producen las dificultades más importantes e intervenir ahí. Por ejemplo, ha sido muy comentado y mal analizado públicamente el avance escolar de chicos y chicas que no son completamente autónomos en la lectura y escritura. Se dice fácil que no sabe leer, que es una manera muy poco interesante de entender lo que ocurre, porque son chicos y chicas que tienen ciertas competencias en el campo de la lectura, pero no tienen la autonomía que se requiere para seguir estudiando. Bueno, ahí tenés que intervenir y no obstaculizar su recorrido posterior.

—¿Qué otros objetivos tiene planteados para su gestión?

—Con lo enorme del sistema de la provincia, una de mis preocupaciones es hacer más regular y previsible todo el sistema de concurso de cargos directivos, lo cual requiere una estructura de formación muy grande que hay que organizar. La Provincia ha venido haciendo esto en cierto momento y para cierto nivel educativo, pero cuando estás muchos años sin hacer concursos y querés hacerlo, tenés un atraso grande que te distorsiona mucho el sistema de carrera docente. Me interesa hacer ahí una intervención importante. Y algo que no esperaba tanto y al llegar a la función me lo plantearon con claridad, es el problema creciente después de la pandemia sobre el ausentismo de los estudiantes. Había mucho conocimiento del ausentismo en el nivel secundario, pero empezó también a advertirse en el inicial y primario. Quiero volver a instalar en la conversación con las familias la importancia de ir a la escuela. Sé que a veces es difícil sostener la escolaridad día a día, pero es importante que los chicos solo falten por fuerza mayor y no se naturalice, porque si no tendremos chicos con un recorrido muy discontinuo.

—¿Se puede mejorar la atención de los chicos en el aula hoy en día?

—Creo que la cuestión de la tecnología, y pienso en la discusión sobre si celulares sí o celulares no en las escuelas, es algo que hay que atender. Incluso, hay iniciativas legislativas al respecto. Pero la cuestión de la formación de la atención es una tarea histórica de las escuelas. Cuando yo formaba maestros, daba una materia que se llamaba Sujetos de la Educación Primaria. En la primera clase les preguntaba si fueran maestros de primer grado, con nenes de 6 años, cuánto tiempo de atención creían que un chico de esa edad le dedicaba a una tarea. Más allá de las respuestas, la conclusión era la misma: depende. Depende de la tarea, del estado de salud de las chicas y chicos y de la capacidad de la escuela para formar la atención para fines escolares. Los chicos no tienen que venir formados en fines escolares. A veces se pierde de vista que la escuela tiene una función formativa, por ejemplo, para la atención o de la capacidad para resolver problemas. Si esto se pierde de vista, volvemos a algo muy viejo en la educación y que fue un problema de décadas atrás. Es la idea de los pre requisititos, como si la gente debía llegar a escuela con pre requisitos satisfecho. Si no lo hace, la escuela no puede hacer nada con ella. Bueno, la escuela tendrá que encontrar la manera de trabajar la atención en un contexto donde la atención está disputada por otras fuentes de información y entretenimiento como nunca antes en la historia. Y, también, habrá que establecer una corresponsabilidad con las familias y los grupos de crianza porque los chicos que llegan a la escuela con el celular es porque se los dieron en la casa. Por las razones que fueren, porque no estoy juzgando las intenciones. Solo hay que ver para qué si y para qué no, porque no es un no absoluto. Esta nota la van a leer muchas personas que estaban con el celular durante la cena de las Fiestas. Ese es en el contexto que estamos. La gente tiende a mirar la escuela como si pudiese resolver por sí sola cuestiones que son del ámbito de la vida social. Un autor lo denominaba exportar la crisis. Buenos, quien estaba en la cena de las fiestas con el celular debe preguntarse qué puede hacer la escuela si yo mismo no puedo ponerme reglas y compartir una conversación con las personas que estoy.

—¿Cómo se encontró la Dirección General?

—Encontré una DGCyE trabajando muchísimo. Seguramente, muchos no dimensionan la envergadura de esta dirección. Hay que recordar siempre que el sistema educativo de la provincia de Buenos Aires cuenta con 5 millones de estudiantes, en alrededor de 20 mil unidades de servicios, 400 mil docentes y 80 mil auxiliares. En una provincia de 17,5 millones de habitantes, 5,5 millones de personas, entre estudiantes y trabajadores, están en el sistema educativo provincial. Es una estructura organizacional muy importante y distribuida en el territorio.

—¿Mantuvo reuniones con el colectivo sindical docente?

—Nos reunimos hace dos semanas con representantes del frente y también me estuve encontrando con representantes de organizaciones que no integran el frente. En aquella reunión analizamos la coyuntura y, en general, había mucho para aportar de parte de los sindicatos. Luego plantee algunas de las cuestiones que charlamos en esta nota, como el descenso de la natalidad y la oportunidad que da para reorganizar las propuestas educativas. Hablamos del ausentismo de los estudiantes y también de ciertas cuestiones vinculadas a la enseñanza.

—¿Le expusieron sus principales problemas?

—Ellos trajeron, básicamente, dos grandes preocupaciones. La primera, por supuesto, la salarial porque es una situación que deterioró la calidad de vida de los trabajadores. Por otro, la preocupación que tenemos que conversar un montón son los episodios de violencia que se difundieron mediáticamente en los últimos días. Precisamente, el día que asumí fue un caso cuando entraron a una escuela. Hay mucha preocupación por la violencia ejercida dentro de la escuela contra la comunidad educativa, puntualmente contra docentes y auxiliares. Hablamos de protocolos y trabajos que aún no están integrados en todos los municipios. Nosotros tenemos que decir muy claramente desde el gobierno provincial que no está bien y no podemos convalidar de ninguna manera que una persona, por más que se crea asistida por la mayor de las razones, ingrese a la escuela a atacar a un miembro de la comunidad. Si hay desacuerdos con el funcionamiento de la escuela, tenemos que generar otras vías de resolución de estos conflictos. También hay que decir que la provincia es enorme, por lo que si tenés un episodio todos los días, son 190 al año, en un conglomerado de 20 mil unidades de servicios. Entonces, la posibilidad de poner en primer plano situaciones de conflicto es muy alta y no le hace justicia al sistema educativo de la provincia. Contribuye al deterioro y a la idea de que la situación es caótica, y no es así. Millones de personas van todos los días, se encuentran todos los días, y en la mayoría de todos los casos no sucede lo que muestra la televisión.

Flavia Terigi directora general de Cultura y Eduación de la provincia de Buenos Aires. (Mariano Campetella)

–Volvamos al tema del presupuesto nacional.

La realidad es que el gobierno nacional viene aplicando un ajuste en la educación desde que comenzó. Además, el presupuesto nacional se había prorrogado durante dos años en un contexto inflacionario como el que tuvimos, lo que dio mucha discrecionalidad sobre los fondos públicos. Ahora, el Congreso Nacional convalidó una política del gobierno nacional que planteó desde el principio. Este presupuesto consolida una caída en la inversión social en general y en educación, ciencia y tecnología en particular.

—¿Cuál es ese ajuste inicial?

—El primer golpe sobre el sistema educativo fue la paralización de todas las obras públicas, lo que incluyó la construcción de escuelas. Después, le siguió la quita del incentivo docente (FONID). Seguramente habría que haberle encontrado alguna nueva versión porque fue un incentivo pensado para un momento determinado que se fue prorrogando en el tiempo. Pero en concreto la quita del incentivo significó una caída del salario de bolsillo de la enorme mayoría de los docentes de la Argentina. Lo que me preocupa de este presupuesto no es solo lo que trae aparejado para el año que viene, sino la manera en la que el Congreso de la Nación convalidó que una ley largamente discutida como lo fue la que estableció un piso de inversión del 6 por ciento del PBI para la educación se despachase en un artículo del presupuesto nacional. Decir, como dice la oficina de presupuesto del Congreso, que la meta solo se cumplió en 2015, no es una razón para decir que la ley se pueda derogar así nomás. Me preocupa este cambio de orientación del Congreso respecto a las políticas educativas.

—¿Imaginaba un escenario donde se tome una decisión así sobre el presupuesto?

–Diría que sí, pero no se me ocurrió inicialmente con qué instrumentos en concreto. Hay que recordar que en la Ley Bases había un capítulo destinado a la educación que planteó temas que después se implementaron, como los vouchers. Pero como ese capítulo después se quitó, pensé que ya habían hecho un ajuste importante con el incentivo docente y la paralización de obras públicas, a lo que se sumó la falta de convocatoria a la paritaria nacional. A partir de ahí no imaginé nuevos ataques. Ahí sí, reconozco, me falto imaginación. No pensé que el Congreso iba a dar por caída la expectativa del 6 por ciento del PBI de un país que, además, tiene un PBI que lleva años de contracción. Lo que sí me imaginé es que iba a haber incumplimiento.

—¿A qué se refiere?

—Lo que ha hecho el gobierno desde el comienzo es incumplir sus obligaciones como Estado nacional y no ha pagado demasiadas consecuencias en el plano de la política ni de la Justicia. Aunque las causas se empiezan a acumular y hay sentencias que empiezan a decirle por acá no. Pienso en el amparo que presentaron las universidades con respecto al cumplimiento de la ley de financiamiento universitario que el gobierno da por caída del presupuesto. Una ley que fue votada dos veces. Es increíble. Lo que sucede ahora es que dio un paso más. Ya no se trata de incumplimiento, sino de decir que no está de acuerdo con la inversión en educación, en ciencia y tecnología y en obra pública. Y lo expresó en un presupuesto que se dice superavitario pero que, a fin de cuentas, muestra de donde se sacan los fondos para cumplir con ese superávit.

—¿Por qué no hay mayores consecuencias?

—Me parece que debe haber un montón de explicaciones, pero lo que yo veo es que hay daños que se perciben inmediatamente, pero hay que ver a quién le atribuye responsabilidad la gente. Creo que todavía no está claro para muchos el rol del gobierno nacional en, por ejemplo, la pérdida del poder adquisitivo. Con un gobierno que te dice que no interviene en la economía, lo cual es falso, parece algo así como inocente sobre lo que ocurre. Por otra parte, hay daños que se producen más lentamente. A mí me parece interesante la reacción sobre el desfinanciamiento universitario. Me sorprendió gratamente porque es uno de los daños más difíciles de percibir. El deterioro de la investigación científica es algo que puede estar muy lejos de la cotidianidad de las personas. Pero nunca pasó que te presentes a una beca del CONICET y después alguien decida que no se financia o te presentaras a fondos concursables y decidieran no darte el subsidio por más que los ganes. Eso es un impacto muy fuerte sobre la investigación científica.

—¿Cuál es el impacto de la eliminación del fondo para la educación técnica?

—El fondo de financiamiento para la educación técnica permitía invertir en escuelas, comprar equipamiento, desarrollar acciones de capacitación o programas educativos. La escuela técnica está solventada por la Provincia y, la realidad, es que ahora vamos a tener que pensar en ampliar. Estamos encontrando en los municipios una creciente búsqueda por parte de adolescentes de iniciar sus estudios secundarios en propuestas de educación técnica. Deberá tener un mayor desarrollo.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/01/01/es-importante-que-los-chicos-solo-falten-a-la-escuela-por-fuerza-mayor/