El DUA en el punto de mira

Publicado: 7 febrero 2026 a las 8:00 pm

Categorías: Artículos

[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish

Latin American Female"]

Por Jordi Martí

Hay veces en que no hace falta que aparezca un gran estudio, ni un informe oficial, ni una comisión de expertos. Basta con que alguien diga en voz alta lo que muchos sospechaban desde hace tiempo para que empiecen los nervios. Eso es exactamente lo que ha pasado con el DUA en los últimos días a raíz de un vídeo que circula por redes y que pone negro sobre blanco algo muy incómodo… que el supuesto respaldo neurocientífico del Diseño Universal para el Aprendizaje no es tal.

El Diseño Universal de Aprendizaje (DUA) no es neurocientífico 😉 pic.twitter.com/tzNon9BQ2n

— Psyacademy (@psyacademy_) February 3, 2026

Y lo interesante no es solo el contenido del vídeo. Lo realmente revelador es la reacción de parte de la parroquia duática. Donde antes había diapositivas llenas de «neurociencia», «redes neuronales» y «evidencia cognitiva», ahora aparece un nuevo discurso que dice que el DUA nunca fue ciencia, sino un marco político, social e ideológico. El cambio de guion ha sido tan rápido que casi se ha oído el chirrido de ruedas.

Cuando la base falla, se cambia la base. Problema resuelto. O eso creen.

Durante años se ha repetido en formaciones, congresos, cursos y asesorías que el DUA estaba sólidamente apoyado en la neurociencia. No como metáfora, sino como fundamento. Se usaba como argumento de autoridad. Si cuestionabas el modelo, estabas yendo contra la ciencia. Así, sin matices.

Ahora que ese soporte se pone en duda, el mensaje muta. Ya no importa tanto la base empírica, porque, según dicen los amantes de mover la portería, el DUA es sobre todo un posicionamiento educativo y social. Un marco de valores. Una forma de entender la equidad.

Curiosa pirueta. Cuando era útil, era ciencia. Cuando deja de ser defendible como ciencia, pasa a ser ideología. Siempre ganan.

El problema no es que un modelo tenga dimensión ética. El problema es venderlo primero como biología y, cuando conviene, redefinirlo como filosofía. Eso, en cualquier otro ámbito, tendría un nombre bastante claro.

Aquí es donde la conversación se vuelve incómoda de verdad. Porque el DUA no ha sido solo un marco teórico. Ha sido también un producto. Con su mercado. Con sus itinerarios formativos. Con sus certificaciones. Con sus expertos acreditados. Con sus consultorías para centros. Con sus materiales «oficiales». Con su ecosistema económico.

Hay quien ha construido carreras enteras, y muy rentables, alrededor de esto. Nada que objetar a ganarse la vida formando a docentes. Faltaría más. El problema viene cuando lo que se vende como evidencia es, siendo generosos, discutible. Cuando se cobra por certezas lo que en realidad son propuestas abiertas. Cuando se presenta como consenso científico lo que no pasa de marco interpretativo.

Y ahora, cuando se cuestiona el envoltorio científico, nadie devuelve el ticket. Simplemente se cambia la etiqueta del producto.

Mientras tanto, en los centros, el aterrizaje del DUA ha tenido efectos bastante más terrenales. Más documentos, más tablas, más casillas que marcar, más lenguaje inflado en programaciones. Muchos docentes han rehecho unidades enteras para adaptarlas a la jerga DUA sin que eso cambiara sustancialmente lo que luego pasaba en el aula.

Se ha confundido diversificar con multiplicar tareas. Se ha confundido flexibilizar con duplicar trabajo. Se ha confundido diseñar mejor con documentar más.

Y no son pocos los docentes que, si hablan en corto y sin micrófono delante, admiten que gran parte de la aplicación del DUA ha sido cosmética. Cambiar nombres, añadir columnas, justificar lo que ya se hacía con otro vocabulario.

Cuando una metodología se reconoce más por sus plantillas que por sus resultados, conviene levantar la ceja.

Cuestionar el DUA no es estar contra la inclusión. No querer aplicar DUA no es abandonar a la diversidad. Esa asociación automática ha sido uno de los grandes trucos retóricos del asunto… blindar el modelo envolviéndolo en una causa incuestionable.

La inclusión no tiene propietario. No pertenece a ninguna sigla. Los buenos docentes han adaptado, variado y flexibilizado sus procesos de enseñanza-aprendizaje mucho antes de que apareciera este marco con nombre comercial. Y lo seguirán haciendo cuando la siguiente ola metodológica ocupe titulares.

Pedir pruebas no es ser reaccionario. Es ser riguroso. Algo que, paradójicamente, se exige mucho al profesorado y muy poco a ciertas modas pedagógicas.

Llama la atención que muchos de los grandes defensores públicos del DUA (los más visibles, los más contratados, los más presentes en eventos) estén respondiendo a estas críticas con rodeos, cambios de foco o directamente con silencio. Pocos entran al fondo de la cuestión. Y el foco de la cuestión es responder a la pregunta de dónde está exactamente la evidencia neurocientífica fuerte que se ha estado citando durante años.

No enlaces vagos. No documentos marco. No declaraciones de intención. Evidencia seria, replicada e independiente.

Si existe, debería ponerse encima de la mesa. Si no, quizá toca reconocer que se exageró el argumento de venta.

La educación tiene un problema recurrente con las modas: se adoptan rápido, se defienden con fervor y se revisan tarde. Muy tarde. Demasiado tarde. Y casi nunca se evalúan con la misma intensidad con la que se promocionan.

El DUA merece ser analizado con calma, sin consignas y sin intereses económicos de por medio. Si aporta valor, perfecto. Si no lo hace en la medida prometida, también habrá que decirlo. Lo que no vale es mover la portería cada vez que el balón se acerca.

Porque cuando un modelo necesita cambiar su justificación para no venirse abajo, no estamos ante una revolución educativa. Estamos ante un relato que se está protegiendo.

Y la educación, la que sucede en esas aulas plagadas de alumnado, no debería sostenerse sobre relatos, sino sobre resultados.

Finalmente me gustaría deciros que, si indagáis en mis redes sociales o en este blog, ya veréis que son muchos años en los que llevo avisando acerca de lo que ha pasado ahora. Lo que pasa es que, como siempre sucede, es que (casi) nadie me hace caso. Y eso que, al igual que en otros temas, el tiempo me ha ido dando la razón en más cosas de las que me gustaría.

Fuente: https://xarxatic.com/el-dua-en-el-punto-de-mira/