Publicado: 23 febrero 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos
[responsivevoice_button buttontext="Escuchar la noticia" voice="Spanish
Latin American Female"]
Por Elisabeth Torras-Gómez

En educación solemos buscar grandes soluciones en reformas estructurales o innovaciones metodológicas. Sin embargo, una de las herramientas con mayor respaldo científico y mayor impacto práctico es, a la vez, una de las más sencillas en apariencia: el diálogo.
Como maestra y ahora profesora universitaria, he comprobado que, cuando el diálogo es eje y no complemento, cambian los resultados y cambia el clima. Se aprende más y mejor, pero también se convive mejor. El diálogo no sustituye el rigor académico; lo profundiza. Tampoco debilita la autoridad docente; la legitima desde la coherencia y la evidencia. Apostar por interacciones de calidad es, hoy, una de las decisiones más sólidas para mejorar la educación en todos sus niveles.
La investigación educativa ha mostrado de forma consistente que aprendemos mejor cuando pensamos con otros. El diálogo obliga a explicitar ideas, a fundamentarlas, a contrastarlas con perspectivas distintas. Ese proceso activa habilidades cognitivas de alto nivel (análisis, síntesis, argumentación) que difícilmente se desarrollan con una recepción pasiva de contenidos. Cuando el alumnado participa en interacciones académicas estructuradas, mejora su comprensión, consolida conocimientos y obtiene mejores resultados evaluables. No es solo una cuestión de motivación: es una cuestión de mejora cognitiva.
En la escuela, esto se traduce en aulas donde leer un texto implica interpretarlo colectivamente; resolver un problema significa justificar procedimientos; abordar un tema social supone escuchar distintas voces y argumentar con evidencia. En la universidad, el diálogo transforma la clase en un espacio de construcción intelectual compartida. Las teorías se comprenden mejor cuando se ponen en relación con preguntas reales y se someten a discusión fundamentada. El estudiantado desarrolla así autonomía crítica y mayor capacidad para transferir lo aprendido a contextos nuevos.
El enfoque dialógico tiene además un impacto claro en la inclusión. Cuando se establecen normas de participación basadas en la validez de los argumentos y no en el estatus, se amplían las oportunidades de intervención. Las expectativas altas para todo el alumnado, combinadas con apoyo y escucha, contribuyen a reducir desigualdades y a frenar su reproducción.
Su efecto alcanza también al profesorado y a las familias. En centros donde el diálogo forma parte de la cultura institucional, el claustro comparte prácticas, analiza evidencias y construye criterios comunes. Esto fortalece el desarrollo profesional y reduce el aislamiento docente. En cuanto a las familias, cuando participan en espacios reales de intercambio, no solo informativos, se alinean expectativas y se refuerza el acompañamiento educativo. La mejora deja de ser individual y se convierte en colectiva.
Fuente: https://periodicoeducacion.info/2026/02/24/el-dialogo-en-el-profesorado-escolar-y-universitario/
Deja un comentario