Publicado: 5 marzo 2026 a las 4:00 am
Categorías: Artículos
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Por Pensar Educativo

Las nuevas autoridades de Venezuela, encabezadas por los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, han asegurado que el país entrará en una nueva etapa. Tendríamos que decir tanto a la llamada “presidenta interina” como al presidente de la “Asamblea Nacional” que su palabra vaya por delante, máxime en el plano de la educación, donde lo que tenemos son ruinas, un proceso de enseñanza y aprendizaje desfasado y sin recursos, y peor, unos ineptos e ignorantes “ministros” que lo único que conjugan es bazofia política en los diferentes “encuentros ciudadanos”.
En tal sentido, si realmente existe voluntad política, lo primero que debería realizar el rodriguismo en el contexto de la educación sería declararla en emergencia, porque lo contrario sería negar u ocultar el desmadre social que ha colocado su núcleo y apéndices en estado de postración, en los cuales, tanto la educación inicial, primaria, bachillerato -técnica y profesional-, y por supuesto, universitaria, deben ser transformadas en todos sus contextos curriculares, ajustando las formas del conocimiento en sus diferentes procesos pedagógicos, y valorando la neotecnología, no como simple retórica, sino comprendiendo que los espacios del saber fueron llevados hasta otros niveles, especialmente en el último lustro con la aparición del covid-19, y que también obligan al personal docente a la búsqueda de actualización de sus mecanismos de transmisión de conocimientos.
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De hecho, declarar la educación en emergencia permitiría tener en un lapso perentorio, una aproximación precisa de la inmensa crisis del sector en todos los estadios: infraestructura, recursos materiales, y condiciones estudiantiles y laborales, todo conforme con los parámetros que serían agregados sobre los cambios que se requieren en lo inmediato, para ir gradualmente, realizando formas distintas que vayan más enfocadas hacia las necesidades productivas de cada espacio geográfico.
En tal contexto, al situar la educación en un plano de inmediata atención sería necesaria una intervención absoluta conformada por estudiantes, docentes y representantes, según sea el espacio de aprendizaje con el propósito de presentar ante las autoridades respectivas de cada estado, y también públicamente a la sociedad, la realidad de cada centro educativo lo que también permitiría relacionar en lo sucesivo con otras necesidades del país, en materias como la alimentación, la salud y disposición presupuestaria, y no bajo la nula sindéresis de orientar limitados recursos sin soportes, máxime cuando la crisis traspasó la destrucción del tejido social.
Venezuela requiere insertarse en el campo de una educación que promueva la inteligencia para el pensar, la creatividad, la construcción de ideas novedosas para la agricultura, la producción industrial, la tecnología, los servicios, y sobre todo para el quehacer del bienestar común, donde cada persona sea el centro de una sociedad, y no que tengamos un Estado que monopolice las acciones ciudadanas, limitando incluso la inteligencia de cada estudiante, trabajador, técnico o profesional.
Para comenzar a transformar la educación, tenemos que acabar con sus ruinas, cambiar las acciones de aprendizaje, actualizar los escenarios de la docencia, y sustituir a los verdugos y cómplices en la destrucción de todo el sistema educativo. Lo demás solo sería otra mentira política.
Fuente: https://www.elnacional.com/2026/03/educacion-en-ruinas-desfasada-y-con-ineptos-ministros/
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