Publicado: 13 febrero 2026 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Ane Olabarria

En los últimos años, el aumento de la diversidad cultural y lingüística en las aulas ha generado debates en el ámbito educativo. No es raro escuchar a algunos profesionales de la educación atribuir los descensos en los resultados académicos al incremento del alumnado inmigrante, señalando especialmente las dificultades derivadas del desconocimiento del idioma vehicular. En comunidades como el País Vasco, esta idea aparece con cierta frecuencia en conversaciones informales y análisis superficiales de los resultados escolares.
Sin embargo, la realidad educativa y las evidencias científicas de impacto social demuestran que esta explicación, además de simplista, resulta profundamente incompleta. Diversos centros educativos con una elevada presencia de alumnado extranjero han conseguido no solo mantener, sino incluso mejorar sus resultados académicos. Estos casos invitan a reflexionar sobre el verdadero impacto de la diversidad y sobre el papel que desempeñan las actuaciones educativas, las metodologías, la organización escolar y las expectativas del profesorado.
Un ejemplo especialmente significativo se encuentra en un centro educativo de Cataluña, donde el alumnado catalanoparlante es minoritario. A pesar de ello, el centro obtiene resultados académicos superiores a la media catalana en varias asignaturas, incluyendo la propia lengua catalana. Esta experiencia forma parte de un estudio publicado en una revista científica, que analizó diez centros educativos caracterizados por una alta diversidad cultural y lingüística, situados en contextos socioeconómicos desfavorecidos.
La investigación concluye que no es la presencia de alumnado inmigrante ni su competencia inicial en el idioma lo que determina los resultados académicos, sino la aplicación de prácticas educativas inclusivas y basadas en evidencias científicas de impacto social. El estudio muestra cómo estos centros lograron mejorar progresivamente sus resultados aplicando actuaciones educativas de éxito (AEE) y con la implicación de la comunidad educativa. Estos factores, ampliamente respaldados por la investigación internacional, se relacionan directamente con el éxito escolar, independientemente del origen cultural o lingüístico del alumnado.
Por el contrario, atribuir los malos resultados únicamente a la presencia de alumnado inmigrante puede generar un efecto negativo añadido. Este tipo de discursos tienden a reducir las expectativas sobre determinados estudiantes, lo que influye directamente en su motivación, autoestima y rendimiento. La educación, lejos de basarse en etiquetas o generalizaciones, debe partir del principio de que todo el alumnado puede aprender si se le proporcionan las condiciones adecuadas. Además, la diversidad lingüística y cultural representa una oportunidad para enriquecer el proceso educativo. Las aulas multiculturales favorecen el desarrollo de competencias sociales, la empatía y la preparación del alumnado para vivir en sociedades cada vez más plurales.
El reto, por tanto, no es la diversidad, sino cómo se gestiona. Los centros que obtienen buenos resultados con alumnado diverso suelen compartir rasgos comunes: formación continua del profesorado, implicación de las familias y, en definitiva, actuaciones basadas en evidencias científicas de impacto social.
En lugar de ver la diversidad como una amenaza, el sistema educativo debería interpretarla como un reflejo de la realidad social actual y como una oportunidad para mejorar sus prácticas. La educación del siglo XXI exige superar prejuicios y apostar por modelos que garanticen el aprendizaje de todo el alumnado, independientemente de su origen. Los datos y las evidencias son contundentes: la diversidad no es el problema; puede ser, de hecho, parte de la solución.
Fuente: https://periodicoeducacion.info/2026/02/13/diversidad-en-el-aula-del-prejuicio-a-la-evidencia-cientifica/
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