Deberes en primaria: datos y evidencias sobre su utilidad

Publicado: 9 marzo 2026 a las 8:00 pm

Categorías: Artículos

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SMC España

¿Manda muchas o pocas tareas el profesorado? Si hacen muchos deberes en casa, ¿los niños y las niñas sacan mejores notas? ¿Cómo tendrían que ser las tareas para ser útiles? Hay opiniones enfrentadas al respecto y también, mucha investigación académica. En este artículo, presentamos evidencias para desentrañar algunas controversias, enfocándonos en la etapa de Educación Primaria, que se cursa habitualmente entre los seis y los doce años.

¿Cómo se definen los deberes? 

Son tareas asignadas por docentes para que el alumnado las haga fuera del horario escolar, según la definición formulada por el investigador estadounidense Harris Cooper en 1989. Esta definición es la más usada en este campo de investigación, como explica al SMC España Susana Rodríguez Martínez, miembro del Grupo de Investigación en Psicología Educativa (GIPED) de la Universidad de La Coruña.   

A partir de 2015, el cuestionario para el alumnado del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes de la OCDE (PISA, por sus siglas en inglés) reúne en una pregunta las horas de deberes en casa encargados por el profesorado con el estudio personal y las clases adicionales. Por lo tanto, las cifras son más altas que en la edición anterior de la encuesta, que separaba los tiempos dedicados a estas actividades.  

En general, los estudios que citamos en este artículo no proporcionan datos desglosados para el alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAE). En el curso 2023-2024, este grupo representaba el 14 % de todo el alumnado en España (más de 1,1 millón de menores), una cifra que incluye, por ejemplo, menores con trastornos del espectro autista, discapacidad intelectual o trastornos de la comunicación y el lenguaje.

¿Cuánto tiempo dedican a los deberes las niñas y niños de primaria en España? 

La respuesta varía según los estudios:  

  • Más o menos una hora al día, según datos publicados por el Gobierno del Principado de Asturias, analizando respuestas de una muestra de 4º de primaria entre 2010 y 2014.  “Estos datos incumplen la conocida ‘regla de los 10 minutos’ de Cooper [que recomienda 10 minutos de deberes en 1º de primaria, 20 minutos en 2º, 30 minutos en 3º, etc.] y, en general, las recomendaciones de las administraciones educativas”, indica el informe. Por ejemplo, en la comunidad francófona de Bélgica, un decreto de 2001 limita el tiempo de tareas en casa a unos 20 minutos por día en 3º y 4º de primaria, y 30 minutos por día en clases de 5º y 6º).  
  • La cifra es menor en otra encuesta del Consejo Escolar de Navarra del 2009: el 48 % de los niños en una muestra de 3º y 5º de primaria decían hacer sus tareas en menos de 30 minutos diarios, y otro 40 % declaraba dedicarle entre 30 y 60 minutos diarios.  
  • En el siguiente gráfico aparecen datos del GIPED y el Grupo de Investigación en Aprendizaje, Dificultades y Rendimiento Académico (ADIR) de la Universidad de Oviedo, citados en un informe de la Xunta de Galicia publicado en 2017: 

Según este informe, el 94 % de los alumnos de primaria encuestados declaran hacer “todos o casi todos” los deberes prescritos por sus profesores. La cifra baja al 80 % en secundaria. 

A nivel internacional, España se sitúa un poco por encima de la media de la OCDE, explica Rodríguez. El tiempo promedio de deberes en España bajó de 7,4 horas semanales en 2003 a 6,5 horas en 2012 (comparado con 5,9 y 4,9 horas en el promedio de países OCDE, respectivamente), según datos de PISA, que solo tiene cifras para jóvenes de 15 años. Y, aunque mandar deberes sea una práctica casi universal, hay mucha variación entre países, con cifras más altas en Italia (8,7) y Rusia (9,7) y más bajas en Finlandia y Corea (menos de 3 horas semanales), según recogió Europa Press.  

¿Las niñas y los niños que dedican más tiempo a los deberes tienen mejores resultados académicos? 

La respuesta no está del todo clara, aunque esta relación se haya estudiado mucho. “Dependiendo de nuestras preferencias, es posible encontrar datos que respalden el argumento que los deberes benefician a todo el alumnado, o que no importan y deberían abolirse”, resume el investigadorRubén Fernández Alonso, de la Universidad de Oviedo, en un artículo publicado en 2017.  

Sí hay amplia evidencia que muchos factores —compromiso, esfuerzo, emociones, autonomía— influyen más en el rendimiento académico que la mera cantidad de tiempo dedicado a las tareas, resumen Fernández y su coautor José Muñiz en el capítulo “Homework: Facts and Fiction” publicado en International Handbook of Comparative Large-Scale Studies in Education (2021).

Hay que diferenciar entre dos variables, explica Fernández al SMC España. Por un lado, el tiempo que dedica una persona a hacer los deberes refleja su compromiso y tiene “una correlación nula” con sus resultados académicos individuales, dice el investigador. Por otro lado, las variables promedio del colegio (cantidad de deberes y frecuencia), que reflejan la política de deberes del aula o del centro educativo, sí tienen una correlación positiva con el rendimiento escolar, especialmente la frecuencia.

Aun así, hay matices importantes: un análisis de datos de 40 países del informe PISA de 2003, publicado por un equipo alemán en 2009, observa “una asociación positiva entre el tiempo medio dedicado a los deberes escolares y el rendimiento en matemáticas en casi todos los países, pero la magnitud de dicha asociación disminuyó considerablemente una vez que se controlaron los factores socioeconómicos y el tipo de escuela”.  

En general, “los mejores resultados se asocian con cantidades moderadas de tareas diarias”, escribe Fernández en el libro mencionado. La relación entre el tiempo de tareas en el hogar y los resultados académicos no es lineal, sino parabólica, apunta el informe asturiano: “Existe un punto de máxima eficacia a partir del cual los resultados se deterioran”.

En todo caso, “hay evidencia abundante indicando que el ‘cómo’ es mucho más importante que el ‘cuánto’,” escriben Fernández y Muñiz. Un estudio español de 2015 —del cual Rodríguez es coautora— concluye que “la cantidad de tiempo dedicado a las tareas no era relevante” para los resultados en matemáticas e inglés de niños y niñas en los últimos tres años de primaria, pero sí “la cantidad de tareas realizadas y la optimización del tiempo dedicado a ellas”.  

Si hay evidencias que demuestran que no mejoran el rendimiento individual, ¿para qué sirven? 

“Los deberes se deberían mandar con el propósito fundamental de fomentar la autorregulación y la autonomía del niño”, afirma Rodríguez. “Los buenos deberes pueden ayudar al alumnado a conocerse, a tomar las riendas de su aprendizaje y aprender a gestionar su tiempo”, dice la psicopedagoga, agregando que no siempre se trabaja este tipo de aprendizaje durante las horas lectivas.

¿Cuál debería ser el rol de las familias? 

“Los adultos pueden mostrar interés y preguntar: ‘¿qué tienes?’, ‘¿cuándo los vas a hacer?, o ¿cómo lo hiciste?’”, sugiere Rodríguez. Si un niño no consigue acabar una tarea, el adulto puede proponerle apuntar la duda para aclararla en el aula, en vez de darle la respuesta directamente.  

En la medida de lo posible, es importante que las familias dejen a los niños y niñas hacer sus tareas sin ayuda, concuerdan Rodríguez y Fernández. “Lo que dicen los estudios longitudinales es que, cuanto más los padres se implican en los deberes, peores son los resultados de los niños”, dice el investigador. Es importante destacar que se trata de estudios observacionales que no pueden determinar causalidad: podría ser que ciertos niños reciban más ayuda de sus familias justamente porque tienen más dificultades escolares, y no al revés.    

En el caso del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAE) y según su grado de dificultad, “muchas veces necesitan respaldo para ejecutar sus deberes”, indica al SMC España Juan Antonio Gil Noguera, orientador educativo, que ha hecho investigación académica sobre este tema en la Universidad de Murcia. La calidad del acompañamiento de las familias es más importante que la cantidad de horas que dedican a ello, dice el profesional: “¿En qué aspectos tenemos que trabajar? ¿En la autorregulación, en la organización del trabajo? Allí es donde la familia tiene que incidir”, explica. 

¿Qué criterios importan para que los deberes sean útiles? 

Según Fernández,imprescindible que los centros educativos tengan claro por qué mandan deberes y reflexionen sobre qué volumen y frecuencia de tareas quieren mandar. Sin embargo, en un estudio de la Universidad de Zaragoza, más de la mitad de  la muestra de profesores “reconoce no invertir mucho tiempo en preparar las tareas que encomiendan posteriormente a sus alumnos, conducta que, muy probablemente, se vea reflejada en la descripción que hacen los alumnos acerca de [estas], señalándolas como repetitivas y poco motivadoras”.

Sintetizando evidencias disponibles, el GIPED desarrolló el Método de Implementación de Tareas para CAsa (MITCA) y estudió sus efectos en unos 500 niños en aulas de 5º y 6º. Concluyó que el método permitió mejorar la gestión del tiempo de los alumnos y aumentar su compromiso emocional y conductual.  

Esas son las cinco cualidades que define MITCA para que las tareas sean útiles: 

  • Diversas: tareas de diferentes tipos: tareas postema y pretema, de repaso, de organización o de elaboración.  
  • Concretas: las tareas se describen por el trabajo mental que implican y el contenido que abordan. Mejor “resolver el ejercicio de restas” que “acabar el ejercicio 3 de la página 22”. 
  • Valiosas: el docente explica para qué sirve la tarea. ¿Será parecida al examen? ¿Los trabajos se van a exponer en la escuela? ¿Sirve para aplicar un concepto en de un ámbito a otro?  
  • Semanales: en este punto, Rodríguez y Fernández discrepan. “Por nuestra investigación, mejor pocos y frecuentes”, dice Fernández. “Si lo que buscamos es que los deberes escolares se conviertan en una herramienta que contribuya a la autonomía […] darles la posibilidad de que puedan planificar su actividad escolar en el hogar tiene un potencial innegable”, puntualiza Rodríguez. 
  • Corregidas semanalmente, en el aula o individualmente, destacando puntos débiles y fuertes. 

También es importante atender a las características del alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAE). Así lo recomienda un artículo publicado por el GIPED el año pasado, que se refiere a “diseñar tareas que fomenten su motivación […] hacia el aprendizaje”. “Con todo, [estos alumnos] fallan a la hora de comprender el propósito de las que sus profesores les prescriben, aunque reconocen un sucinto esfuerzo por su parte en la adaptación de la cantidad de tareas que les proponen”, dice el estudio, basado en entrevistas con siete estudiantes de 5º de primaria con estas necesidades. 

¿Cuáles son los problemas que se les asocian? 

  • Pueden perpetuar desigualdades socioeconómicas. 

Sí, las tareas en casa “pueden reforzar las disparidades socioeconómicas” en el rendimiento de los alumnos, según un informe de la OCDE de 2014, que se refiere a datos de jóvenes de 15 años. Los estudiantes con ventajas socioeconómicas y los que asisten a escuelas con ventajas socioeconómicas tienden a dedicar más tiempo a hacer los deberes, según el informe. 

“La idea generalizada de que los padres de clase trabajadora se involucran menos [en las tareas escolares] se contradice con datos recientes”, apunta un estudio francés publicado en 2024. El estudio cita factores que sí contribuyen a las desigualdades de forma directa —como el entorno del hogar— e indirecta —como el capital cultural y digital de la familia—. “Para reducir las desigualdades, en lugar de eliminar los deberes, parece más prometedor formar y sensibilizar a los profesores sobre la existencia de condiciones materiales y culturales que varían según el origen social de los niños”, recomiendan los autores. 

  • Pueden acentuar las desigualdades educativas. 

Los centros que mandan más deberes tienden a presentar más diferencias en los resultados de sus estudiantes, según el estudio de Fernández y sus compañeros citado anteriormente. “Si mando muchos deberes, pero hay estudiantes que no los hacen, la pérdida de oportunidades de aprendizaje frente a los compañeros que los sepan o puedan hacer será mayor cuanto mayor sea la carga de deberes”, explica Fernández. Para conjugar calidad y equidad, es importante entonces asignar el justo volumen de tareas que la gran mayoría del alumnado —y no solo los más competentes— pueda hacer en un tiempo razonable, agrega el investigador. 

  • Hacer deberes quita tiempo para descansar, jugar o estar en familia. 

Hay investigadores que critican esto desde hace años. Por ejemplo, este estudio estadounidense de 2024 afirma que dedicar mucho tiempo a los deberes, clases de refuerzo y otras “actividades de enriquecimiento” no mejora las competencias cognitivas de los niños y niñas, y puede quitarles tiempo para dormir, jugar y socializar. Otro estudio de Hong Kong de 2022 concluye que incorporar periodos sin deberes mejoraba la actitud hacia los deberes y potenciaba la competencia académica, la autonomía y la capacidad de planificación.  

  • Hacer deberes genera estrés y conflictos en casa. 

Es verdad, sobre todo, en familias cuyos niños tienen peores resultados escolares. Según resume un estudio de la Universidad de Murcia, “se ha observado que los deberes producen un desgaste emocional en la familia en relación con los factores de estudio (incomodidad, agotamiento, incapacidad académica, conflicto y tiempo) y que estos se encuentran unidos de forma significativa al rendimiento académico”. 

Esos problemas se agudizan en el caso del ACNEAE, explica Gil Noguera, uno de los autores de este último artículo. “Las necesidades específicas de apoyo educativo se asocian a mayores niveles de estrés ocasionados por el desajuste curricular de los deberes a sus posibilidades”, dice enotro estudio, enfocado en el periodo del confinamiento. El artículo agrega que las familias que tienen hijos con estas necesidades “encuentran más difíciles y numerosas las tareas escolares, al igual que perciben menos beneficios, perciben a sus hijos menos capaces para su ejecución y tienen una mayor consideración de estas como obstáculo entre la relación padre e hijo”.

¿Se sigue alguna normativa a la hora de mandar deberes? 

No existe normativa estatal al respecto; las políticas de deberes suelen ser responsabilidad de cada centro educativo. Los pocos intentos de establecer normas por las autoridades “no están siempre fundamentados en la evidencia”, advierte Rodríguez. 

A nivel autonómico, destaca la ley 26/2018, de 21 de diciembre, de la Generalitat Valenciana, cuyo artículo 69 quiere velar por el tiempo de ocio de las niñas y niños. “Se procurará que la mayor parte de las actividades de aprendizaje programadas puedan realizarse dentro de la jornada lectiva, de manera que las que tengan que realizarse fuera de ella no menoscaben el derecho del alumnado al ocio, al deporte y a la participación en la vida social y familiar”, prescribe la ley.  

También está esta circular asturiana. Entre otros criterios, pide que las tareas sean diseñadas “para que el alumnado las realice de forma autónoma”, sean accesibles para todo el alumnado “indistintamente de sus condiciones personales y sociales”, y advierte que “un volumen excesivo de deberes puede tener como consecuencia un aumento de la inequidad educativa”.  

Existen reglas más contundentes en algunos países. En Francia, por ejemplo, una ley de 2013 menciona la “prohibición formal de los deberes escritos en casa para los alumnos de primaria”, reafirmando una circular de 1956. Una página web actual del Gobierno aclara que “las tareas para hacer en casa pueden ser un trabajo oral (por ejemplo, una lectura o una investigación) o lecciones que hay que aprender”, pero esta regla no se aplica siempre en la práctica. 

Fuente: https://sciencemediacentre.es/deberes-en-primaria-datos-y-evidencias-sobre-su-utilidad