Cumplir 51 no te hace más sabio, pero sí más consciente de todas las veces que la has pifiado

Publicado: 22 febrero 2026 a las 6:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Jordi Martí

Hoy cumplo 51 años. Y no, no he alcanzado ninguna iluminación pedagógica, ni tengo una teoría definitiva sobre cómo enseñar mejor, ni he descubierto la herramienta que lo arregla todo. Lo único que tengo es una colección bastante respetable de errores. Algunos pequeños. Otros memorables. Y unos cuantos cometidos con entusiasmo, que siempre son los que más duelen cuando los recuerdas.

También me he equivocado en X (quizás por ser la red social que más he usado). Más de lo que me gustaría admitir. He escrito cosas demasiado rotundas, me he subido a debates con la convicción del que cree tener razón y, con el tiempo, he tenido que bajarme de ellos con cierta sensación de ridículo. Las redes tienen ese efecto perverso. Muchas veces te empujan a opinar rápido, a simplificar lo complejo y a sonar seguro incluso cuando no lo estás tanto.

Luego vuelves al aula. Y el aula pone todo en su sitio.

Porque si algo te enseña dar clase es que la realidad no cabe en un hilo, ni en una ponencia inspiradora, ni en una metodología con nombre atractivo. He abrazado pedagogías. Claro que sí. Algunas con auténtica fe. He asistido a formaciones convencido de que aquello iba a cambiarlo todo. Que ahora sí. Que por fin.

Después entrabas en clase un lunes cualquiera y descubrías que no. Que había cosas valiosas, sí, pero también mucha adaptación, mucho ensayo y error, y bastante más sentido común del que venía en los materiales del curso, o en la ponencia en la que todo sonaba muy bien.

Con la tecnología me ha pasado tres cuartos de lo mismo. He defendido herramientas que parecían imprescindibles y que hoy apenas recuerdo. He pensado que digitalizar iba a transformar el aprendizaje casi por inercia. Y lo único que transformaba, en algunos casos, era el número de incidencias técnicas y contraseñas olvidadas.

La tecnología no cambia nada si detrás no hay tiempo, criterio y alguien que sepa para qué la usa. Y tiempo, precisamente, es lo que nunca sobra en educación.

A los 51 lo que uno entiende es que aprender no es ese proceso limpio y bonito que a veces describimos. Aprender es incómodo. Es lento. Exige revisar lo que dabas por bueno. Y eso cuesta mucho cuando no tienes horas infinitas para parar y repensarlo todo. Es más fácil seguir como estás. Muchísimo más.

Pero entonces ya no aprendes. Solo repites.

Lo verdaderamente difícil no es formarse, ni leer, ni asistir a cursos. Lo difícil es aceptar que estabas equivocado. Que aquello que defendías con tanta seguridad necesitaba matices. O directamente no funcionaba. Y eso pasa constantemente, aunque no nos guste reconocerlo.

Y no hablo solo de lo profesional. La vida fuera del aula también viene con su propio currículo oculto, lleno de decisiones mejorables, prioridades mal ajustadas y certezas que se caen con los años.

Supongo que la diferencia entre los 23 -que es cuando entré por primera vez en un aula- y los 51… no es que ahora sepa más. Es que ahora soy más consciente de lo mucho que no sabía cuando creía que sí. Además he tenido la gran suerte de poder verlo desde dentro y desde donde se toman ciertas decisiones. Y todo es mucho más complejo de lo que, a simple vista, uno piensa.

Desconfío bastante de quien nunca duda, de quien nunca rectifica y de quien siempre tiene una respuesta clara para problemas complejos. No porque piense que haya mala fe, sino porque la experiencia, la de verdad, la que se construye día a día en contextos reales, suele dejar más preguntas que eslóganes.

Después de tantos años, lo único que tengo claro es que esto va de seguir ajustando. De seguir aprendiendo incluso cuando ya no apetece tanto. De asumir que los errores no desaparecen con la edad. Se acumulan, pero también enseñan.

Cumplir años no te vuelve infalible. Te vuelve más humano. Y, si hay suerte, un poco más dispuesto a reconocer que aprender nunca fue fácil.

Ni lo será.

Dedico el artículo de hoy a toda la gente que me ha rodeado estos años, tanto a nivel personal como profesional. A aquellas personas que siguen conmigo. A aquellas que se han ido. Y a aquellas que han aparecido y que siguen apareciendo. Y, cómo no, a aquella familia que tengo, pequeña, pero a la que quiero con locura.

Fuente: https://xarxatic.com/cumplir-51-no-te-hace-mas-sabio-pero-si-mas-consciente-de-todas-las-veces-que-la-has-pifiado/