Publicado: 17 febrero 2026 a las 4:00 pm
Categorías: Artículos / Novelas
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Por Lucía García López
Gran conocedor de la fauna y flora y apasionado del mundo rural, Miguel Delibes supo plasmar un fiel retrato de Castilla, de sus gentes y de la España posterior a la Guerra Civil, destacando en su obra elementos como la naturaleza, el miedo a la muerte o la defensa por la cultura.

Miguel Delibes está considerado como uno de los escritores más importantes de la literatura española del siglo XX. Y es que su obra es todo un clásico de nuestras letras cuya influencia va incluso más allá, ya que muchas de sus novelas han sido adaptadas al teatro y a la gran pantalla y constituyen una lectura imprescindible para comprender la sociedad española después de la Guerra Civil. A continuación presentamos sus obras más importantes cuyos personajes y paisajes se han instalado en la memoria de generaciones.
Una novela construida a partir de una sucesión de anécdotas en las que rememora un pueblo desaparecido de Castilla. Su argumento se centra en la vida de Nini y el Ratero, los cuales desarrollan su vida dentro de una cueva, y viven a costa de la caza de ratas en el río del pueblo. Así, aporta una visión trágica y dura de un pueblo castellano en el que Delibes refleja el drama de esa Castilla rural, de una Castilla que, no obstante, rezuma grandeza en su misma miseria. Esta obra consiguió el Premio Nacional de la Crítica en 1963.

Quico va a cumplir cuatro años y le pasa algo importante: le ha nacido una hermanita, Cris, que lo ha relegado a un segundo plano. Ahora, ya no es el rey de la casa, ahora es el príncipe destronado. A lo largo de un día, desde que se levanta dando gritos hasta que cae rendido por la noche, asistimos a sus andanzas, vislumbramos sus secretos y conocemos sus angustias. Detrás del niño, tan admirablemente recreado, vemos el mundo familiar, los otros hermanos, el padre y la madre, las criadas, la ciudad y el mundo.

“Hay una manera de ser de pueblo como hay una manera de ser de ciudad. El pueblo está ahí, sumiso, apagado, mezclándose cada vez más con el color de la tierra. ¿Que han pasado cuarenta y ocho años y vuelves de las Américas? ¿Y qué? En Castilla no se cuenta por años sino por siglos, y allí estarán esperándote, todo igual, las casas, los árboles, los campos agotados, las gentes envejecidas, el arroyo que pasa entre cañizos y el polvillo de la trilla pegado a los muros”. Así es como Delibes ama y sufre su Castilla y nos transmite en el primer relato de este libro, ‘El pueblo en la cara’, la vuelta del emigrante a su tierra, porque ser de un pueblo es un don de Dios. En la pequeña historia ‘La caza de la perdiz roja’ habla del Barbas, un viejo filósofo castellano, escéptico y enraizado a la tierra, que conoce sin casi saberlo las gentes y las perdices, y que si no hay más remedio dialoga con el autor. Y es que en todo este libro Delibes muestra que nadie mejor que él sabe lo que es Castilla ni escribir en un lenguaje más puro y alejado de toda retórica.

A lo largo de siete noches, y con una copita de anís por medio, el recluso Pacífico Pérez irá recordando su vida, guiado por las preguntas del doctor Burgueño, médico del sanatorio penitenciario donde está internado. El padre, el abuelo, el bisabuelo de Pacífico llenaron su infancia con la obsesión de sus guerras -la Civil, la de África y la carlista- y quisieron hacerle partícipe y posible emulador de glorias perdidas. Pero Pacífico es un joven ingenuo y de exacerbada sensibilidad, capaz de catar desnudo las colmenas y de sentir los dolores del árbol recién podado o las voces del río. Sin embargo, también él acabará matando de forma inesperada, repentina y sin sentido.

Lorenzo trabaja de bedel en una escuela, mantiene a su madre, tiene las ideas muy claras sobre muchas cosas y en los ratos libres, y todos los domingos durante la temporada, va de caza. Contempla el mundo con su lúcida inteligencia de muchacho de pueblo y se cuenta a sí mismo las cosas que pasan sin pensar en la posteridad. Su existencia, aunque estrecha y humilde, está tamizada por el optimismo y por una clara conciencia de su dignidad. Frente a los sinsabores cotidianos está siempre la caza, que le llena el alma de gozo ―desde la elección de los cartuchos al regreso con las piezas― incluso en los días de fiasco. Delibes consiguió con este libro el Premio Nacional de Literatura 1955, al ser considerada una obra extraordinaria, divertida y conmovedora.

Enmarcada en una Ávila no ‘protegida’ por sus murallas, sino ‘encerrada’ por ellas y en cuyas “crestas aún se agarraba la nieve con una apariencia, poco airosa, de ropa blanca tendida a solear”, esta novela es la primera obra de Miguel Delibes y fue galardonada con el Premio Nadal en 1947. Su protagonista, un joven huérfano llamado Pedro, utilizará todos los argumentos a su alcance para extraer el sentido de la existencia, aunque su propósito se verá truncado por la influencia de su maestro, don Mateo Lesmes, quien además de cuidarle le transmitirá una concepción pesimista y solitaria de la vida que marcará la suya propia. El miedo al dolor y la muerte como destino inevitable dominarán a los personajes de esta historia que consagró a Miguel Delibes como uno de los escritores más importantes del siglo XX en España.

Daniel el Mochuelo, Germán el Tiñoso y Roque el Moñigo se dedican a hacer travesuras a lo largo de las páginas que componen la tercera obra de Delibes. Daniel es un joven de once años que evoca con nostalgia su vida con sus amigos en una “pequeña aldea castellana” justo la noche antes de partir a la ciudad para progresar en sus estudios. Será a través de su mirada infantil que los lectores se adentrarán en el pueblo, conociendo a variedad de personajes caricaturescos y acompañándolos en el día a día, aspecto que caracteriza a esta obra como una novela costumbrista.
Uno de los elementos centrales en la obra de Delibes es el uso de la naturaleza como conector de las experiencias que viven los personajes, puesto que solía pasar temporadas en la villa de sus padres, permitiéndole recrear entornos rurales con fidelidad y pasión. Así, a través de la vegetación, la caza, el cielo o la fauna sus protagonistas conocen el origen de la vida y sus peculiaridades.

Publicada en 1966, es quizás una de sus obras más conocidas y está considerada una de las mejores novelas de la literatura española del siglo XX. El núcleo de esta historia lo compone el monólogo que realiza Carmen Sotillo, mujer conservadora de clase media alta, junto al cadáver de su marido Mario, catedrático de instituto, comprometido periodista e intelectual. En un viaje a través de los recuerdos de Carmen, se esboza la imagen de un matrimonio fallido, sin comunicación, encajado en el sinsentido de una vida insatisfactoria y lleno de emociones como la culpabilidad, el rencor o la soledad.
Este relato esquivó la censura pese a contener un mensaje subversivo en contra de los valores de la época, puesto que la crisis personal que atraviesa la protagonista es a la vez un recorrido por el ansia de reconocimiento social, la ambición, el racismo, la diferencia de clases y una falsa espiritualidad, reflejo de las tensiones políticas y sociales de los últimos años de la dictadura en España. Cinco horas fueron suficientes para que Delibes construyese una de las metáforas del franquismo más alabadas de la historia de la mano de un personaje reprimido, machista, acomodado, superficial e incapaz de entender la dimensión intelectual de su marido, su actitud ante la vida o su denuncia de las injusticias sociales.

Amena, ágil y adictiva, esta obra se sitúa en la Extremadura profunda de los años sesenta y está escrita con el peso de quien reivindica lo rural y lucha contra la diferencia de clases. Se estructura en seis largos párrafos que constituyen cada uno una secuencia o capítulo, a los que el autor denomina ‘libros’. En ellos se cuenta la historia de la familia de campesinos de Paco ‘el Bajo’, que sirve en un cortijo y vive subyugada casi más como animales que como humanos. Así, a lo largo de sus páginas se percibe cómo el tiempo se detiene en un trato casi feudal y tirano por parte de los ‘señores’ a sus ‘siervos’, aunque su lectura avanza tímidamente con aires nuevos que prometen acabar con el sometimiento. Es época de caza y Paco ha sufrido una lesión en el peroné que no le impedirá al señorito Iván exigirle que lo acompañe en las batidas. Este hecho es el detonante que emplea Delibes para describir un escenario marcado por la crueldad, los abusos, la ceguera moral y los privilegios ancestrales.

En el año 1517, Martín Lutero fija sus noventa y cinco tesis contra las indulgencias en la iglesia de Wittenberg, un acontecimiento que provocará el cisma de la Iglesia Romana de Occidente. Ese mismo año nace en Valladolid Cipriano Salcedo. En un momento de agitación política y religiosa, esta mera coincidencia de fechas marcará fatalmente su destino. A través de sus peripecias vitales y espirituales, los lectores acompañarán a este próspero comerciante en su camino hacia el contacto con las corrientes protestantes que, de manera clandestina, empezaban a introducirse en la Península.
Los deseos del protagonista por participar en las actividades de un grupo luterano representan en Delibes la libertad de pensamiento y la independencia intelectual en un país donde la “la adicción a la lectura ha llegado a ser tan sospechosa que el analfabetismo se hace deseable y honroso”; uno de los mensajes que el escritor vallisoletano quiso reflejar en la que fue su última novela publicada.

Fuente: https://www.educaciontrespuntocero.com/libros/libros-imprescindibles-para-recordar-a-miguel-delibes/
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