Aquí se discute sobre aretes y tatuajes; en los países líderes en educación, el debate es otro

Publicado: 20 febrero 2026 a las 4:00 am

Categorías: Artículos

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Por Rafael Mora Goñi

Algunos debates, aunque legítimos dentro de una comunidad escolar, no definirán el futuro del país. La discusión relevante debe ser cómo educar mejor con ayuda de la IA, cómo fortalecer el pensamiento matemático desde primaria y cómo garantizar el bilingüismo funcional

Cada cierto tiempo, la conversación educativa en Costa Rica se concentra en asuntos visibles pero secundarios. Hoy son los aretes y los tatuajes; ayer fueron los baños neutros. Son debates legítimos dentro de una comunidad escolar, pero no son los que definirán el futuro del país.

Mientras aquí discutimos sobre símbolosen los sistemas educativos líderes la conversación gira en torno a inteligencia artificial, pensamiento crítico, bilingüismo efectivo, ciencia de datos y trabajo colaborativo avanzado. Allí el debate no es estético; es estratégico.

Costa Rica enfrenta desafíos estructurales mucho más profundos, pero se requiere valentía para enfrentarse a los grupos de poder que controlan el sistema educativo público.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el país atraviesa una transición demográfica acelerada. Nacen menos niños, la matrícula tenderá a disminuir y el envejecimiento poblacional incrementará la presión fiscal. Un sistema educativo diseñado para expandirse durante el siglo XX debe ahora reorganizarse para sostener calidad con menos estudiantes y mayores exigencias tecnológicas.

En este contexto, se ha emitido una directriz para reducir el tamaño de los grupos. La medida puede tener fundamento pedagógico en contextos específicos de alta vulnerabilidad si forma parte de una estrategia integral. Sin embargo, aplicada de manera general y sin rediseño curricular, evaluación rigurosa y fortalecimiento docente, su impacto sobre los aprendizajes tiende a ser limitado.

La evidencia internacional es consistente: el tamaño del grupo, por sí solo, no garantiza mejoras sustantivas en resultados académicos. La investigadora sueca Inger Enkvist ha señalado que varios sistemas europeos incrementaron inversión con grupos más pequeños pero sin preservar la exigencia intelectual, y los aprendizajes no mejoraron. Más recursos no sustituyen rigor ni claridad de metas.

En un escenario de caída demográfica, la discusión responsable debería centrarse en cómo optimizar la planilla y concentrar recursos donde generen mayor impacto académico medible, no únicamente en ampliar estructuras sin indicadores verificables de mejora.

Pero hay un elemento adicional que resulta aún más preocupante: la información pública disponible.

El informe El estado de la educación en América Latina y el Caribe 2026: la perspectiva geoespacial, elaborado por CIMA y el BID, muestra que, en varios indicadores clave, los datos comparables de Costa Rica corresponden al año 2021, mientras otros países reportan información más reciente. En política pública, la actualización oportuna y transparente de datos no es un detalle administrativo; es la base de la planificación estratégica.

Sin información actualizada, no hay evaluación rigurosa, y sin evaluación rigurosa, no hay mejora sostenida.

La educación no puede gestionarse con opacidad estadística ni con indicadores desfasados. Requiere trazabilidad, comparabilidad internacional y rendición de cuentas.

Además, el propio informe regional advierte de que en América Latina el acceso no se traduce automáticamente en aprendizaje significativo, y que las brechas territoriales siguen afectando permanencia y resultados. Costa Rica no está exenta de esos riesgos.

En los países que hoy lideran evaluaciones internacionales, el debate se concentra en cómo integrar la inteligencia artificial en el aula de manera ética y productiva, cómo fortalecer el pensamiento matemático desde primaria y cómo garantizar bilingüismo funcional real antes de concluir la secundaria. Aquí llevamos más de una década postergando debates estructurales del Ministerio de Educación Pública, desplazados por discusiones ideológicas o coyunturales.

Nuestros estudiantes no solo afrontan brechas en inglés y tecnología; enfrentan el riesgo de quedar fuera de las oportunidades de la economía del conocimiento. Sin dominio del idioma global, sin competencias digitales avanzadas y sin exigencia académica sostenida, la movilidad social se debilita.

Gregorio Luri ha insistido en que la escuela no está para entretener, sino para introducir a los jóvenes en el mundo del conocimiento exigente. En una generación marcada por la inmediatez digital, formar concentración profunda, disciplina intelectual y perseverancia es una tarea indispensable.

Hacia el 2050, Costa Rica será un país más envejecido, más competitivo y más exigente fiscalmente. Las decisiones que tomemos hoy sobre organización territorial, uso eficiente de recursos, actualización curricular, bilingüismo real, integración tecnológica y transparencia estadística determinarán si llegamos fortalecidos o debilitados.

El reloj demográfico avanza. La revolución tecnológica también, y Costa Rica se queda estancada en temas leves que tratan más de preservar la tranquilidad a las corporaciones gremiales que dar educación de calidad mundial.

La pregunta es si nuestra política educativa recuperará una ruta clara y basada en evidencia antes de que el rezago se convierta en un problema estructural irreversible”.

Fuente: https://www.nacion.com/opinion/foros/aqui-se-discute-sobre-aretes-y-tatuajes-en-los/CCRRRT2FAFAINNULNZXWBITKDE/story/