Publicado: 23 septiembre 2020 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
Uno de los objetivos de la escuela, desde el ciclo de Infantil, es que los alumnos adquieran buenas habilidades comunicativas. El lenguaje es un proceso estrechamente vinculado con el desarrollo cognitivo y el aprendizaje: un instrumento que permite conocer el entorno, adaptarse a él y mejorar las competencias sociales. Sin embargo, no todos los niños tienen la misma evolución a la hora de desarrollar la capacidad de hablar y algunos muestran un retraso significativo respecto a sus iguales. Veamos en qué consiste el retraso del lenguaje y del habla, y cómo se pueden abordar en el trabajo del aula.
Hablamos de retraso en esta área cuando un niño presenta un desarrollo tardío en todos los niveles del lenguaje: fonológico, morfosintáctico, semántico y pragmático. El niño manifiesta principalmente serias dificultades de expresión oral y, menos acusadas, en la comprensión lingüística.
También puede darse el caso de que el alumno solo muestre inmadurez a nivel fonético, por lo que estaríamos hablando de retraso del habla. Es importante señalar que estos trastornos asociados a la adquisición del lenguaje no tienen por qué ser síntoma ni están asociados a problemas del neurodesarrollo y/o auditivos.

Es bastante habitual que con niños pequeños sea la propia familia la que dé la voz de alarma en la escuela o en la consulta pediátrica, preocupada porque su hijo de tres años apenas habla o se expresa con mayor inmadurez que sus amigos de la misma edad. En este sentido, el profesorado es una figura clave a la hora de detectar y valorar si ese retraso en el lenguaje es significativo y requiere de apoyos escolares en esta competencia. ¿Qué señales indican un retraso del lenguaje y del habla?

El papel de la escuela infantil es fundamental en la prevención de los problemas del lenguaje. Normalmente los niños con retraso significativo en el lenguaje y el habla son diagnosticados en el último ciclo de Infantil y en los primeros cursos de Primaria. En estos casos, es necesario que el centro tome medidas pedagógicas acordes con las necesidades educativas especiales del alumno. Esto conlleva adaptaciones curriculares y programas específicos llevados a cabo por el especialista en Educación Especial del centro.

De acuerdo con la evaluación del equipo de orientación se determinará el diseño de dicho programa y la necesidad de apoyo dentro y fuera de la escuela por un logopeda. Los objetivos de estos programas son mejorar las habilidades lingüísticas y sociales del alumno. Por lo tanto, se trabaja principalmente la expresión verbal: nominar palabras que conoce y aprender nuevo léxico, completar historias, describir oralmente situaciones, construcción de oraciones, articulación fonética… También se entrenan otros procesos cognitivos vinculados al lenguaje como la atención y concentración, la comprensión auditiva, la clasificación de palabras y campos semánticos.
Es fundamental durante este proceso que el equipo orientador y el especialista cuenten con la colaboración de la familia del alumno y, muy concretamente, con su maestro. De hecho, en el marco del aula ordinaria, el docente necesitará utilizar estrategias pedagógicas que potencien el aprendizaje e inclusión del niño con dificultades en el lenguaje. Aquí algunas recomendaciones generales para trabajar con el alumno en el aula:
Como vemos, el papel de la escuela es esencial en el tratamiento de los problemas del lenguaje. De hecho, los trastornos del lenguaje son los problemas del desarrollo más frecuentes en el alumnado con NEE; y sin intervención educativa, estos alumnos también sufrirán serias dificultades en la adquisición de la lectura y escritura. Eso, sin mencionar el malestar emocional que genera al niño. Por lo tanto, la escuela cumple otras dos funciones cruciales: la de detectar precozmente un posible retraso o alteración en el lenguaje y la prevención de estos problemas en los primeros años de escolarización.
Deja un comentario