Publicado: 21 octubre 2026 a las 8:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Zaida Mas

En este segundo artículo sobre el UCLA Center for the Developing Adolescent podemos descubrir información importante para conocer y comprender a nuestro alumnado (o familiares preadolescentes) del tercer ciclo. Se trata de un periodo en el cual, alrededor de los 9 o 10 años, los cambios hormonales inician una etapa de aprendizaje y desarrollo intensos, cuando las células cerebrales forman, fortalecen y simplifican las conexiones en respuesta a nuestras experiencias más rápidamente que en cualquier periodo de la vida después de la primera infancia. Es, por tanto, una etapa en la que su cerebro está en plena ebullición y que tenemos que aprovechar y cuidar, ya que, si basamos nuestro trabajo en la ciencia, seguro que vamos a aquello que verdaderamente funciona.
Según leemos en el artículo;
La actividad aumenta especialmente en las redes cerebrales que nos impulsan a explorar el mundo, aprender de nuestros errores y conectar con los demás de nuevas maneras. Este aprendizaje que desarrolla el cerebro se produce a través de experiencias directas en nuestros entornos y relaciones interactivas y receptivas: con nuestras familias y compañeros, en nuestras aulas y barrios, en actividades comunitarias e incluso en línea.
Cuando leemos estos resultados de investigaciones científicas, es casi automático pensar en los grupos interactivos que llevamos a cabo en nuestras aulas, donde el alumnado interactúa, intercambia opiniones, argumenta, se equivoca y se corrige y, en definitiva, teje conexiones neuronales fuertes y potentes. En grupos heterogéneos de iguales y moderados por una persona adulta voluntaria, interactúan en diferentes actividades para conseguir interacciones de calidad encaminadas al aprendizaje y a mejorar las relaciones.
Además, si seguimos leyendo el artículo;
vemos que la red de regiones cerebrales que forman el «cerebro social» también cambia durante la adolescencia. Estos cambios nos ayudan a sintonizar con las señales sociales y emocionales, como las expresiones faciales o el rechazo y la aprobación sociales, y aumentan nuestro deseo de ganarnos el respeto y contribuir a los demás. También nos permiten aprender los matices de los contextos sociales cambiantes, de manera que nos ayudan a prepararnos para las relaciones adultas.
¿Y qué hacemos, si no, al aprender matices sociales en las asambleas escolares cuando seguimos el modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos?
Con una expectativa utópica, soñamos y creamos un mundo libre de violencia, un mundo de relaciones llenas de belleza, verdad y bondad, una socialización que tiene como base el diálogo igualitario. Todo esto lo podemos hacer en las asambleas y con las tertulias dialógicas. Y, tal como dice el artículo;
es un momento importante, ya que la corteza prefrontal (la región del cerebro que orquesta el pensamiento crítico y el control del comportamiento) experimenta su periodo de desarrollo más rápido durante la adolescencia. Interactuar con otras personas y con nuestro entorno, y aprender de nuestros éxitos y errores, lo que se conoce como «aprendizaje basado en la acción», ayuda a dar forma a la corteza prefrontal, fortaleciendo las conexiones dentro de ella y entre ella y otras redes cerebrales. Aprendemos, a través de la práctica repetida, que incluye intentarlo y a veces fallar, qué es adaptativo y apropiado en diferentes situaciones y cómo guiar nuestro comportamiento en consecuencia, lo que nos equipa para perseguir nuevos objetivos con visión de futuro.
Del mismo modo que la adaptabilidad del cerebro durante la adolescencia hace que las conexiones se formen rápidamente en respuesta a las experiencias, la adolescencia también es un momento en el que las experiencias negativas, como el racismo, otras formas de discriminación, la pobreza o el abuso, pueden crear obstáculos más difíciles de superar para que los jóvenes alcancen una edad adulta saludable. Cuando las personas adultas se aseguran de que todos los jóvenes, especialmente aquellos que han experimentado adversidades anteriormente, tengan lo que necesitan a lo largo de su camino, pueden desarrollar las habilidades y capacidades que necesitan para prosperar como adultos.
De manera que, cuando hablamos de crear espacios seguros de diálogo en las aulas y cuando hacemos tertulias dialógicas, estamos poniendo sobre la mesa temas que van creando conexiones positivas y ayudamos a podar aquellas experiencias negativas que el alumnado haya podido experimentar en su pasado o presente.
En definitiva, los recursos, las oportunidades y las experiencias que proporcionamos como personas adultas dentro y fuera de la escuela pueden ayudar a los cerebros de los jóvenes a construir las extensas redes de conexiones que gestionarán los conocimientos y comportamientos complejos necesarios para desenvolverse en la edad adulta. Entender cómo y por qué el cerebro se desarrolla durante la adolescencia nos permite proporcionar el apoyo que los jóvenes necesitan para construir conexiones saludables que ayudarán a nuestros jóvenes y a nuestras comunidades a prosperar. Obviar estos estudios y lo que nos dice la ciencia sería atentar contra los derechos de nuestro alumnado y no darles las mejores oportunidades, porque el éxito requiere rigor y ciencia.
Fuente: https://periodicoeducacion.info/2026/10/21/ucla-center-for-the-developing-adolescente-2-el-cerebro-adolescente-conectando/
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