Desafíos para la educación: formar e informar

Publicado: 19 octubre 2026 a las 7:00 am

Categorías: Artículos

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Por Cecilia Bákula

Para recuperar a la juventud, de la que somos responsables

Hace unos pocos días, el gobierno ha dado a conocer nuevos lineamientos en cuanto a educación. Era indispensable hacer saber a la ciudadanía que en esta gestión gubernamental el tema de la educación se asume como una prioridad absoluta y que se tiene claro que la formación de ciudadanos para el futuro empieza ahora. Y que estamos ya bastante tarde respecto a las iniciativas exitosas de otros países, tanto en la región como en el mundo entero, que asumen con responsabilidad la necesidad de entender que la educación no es solo dotar de datos e información, sino también formar las almas de los ciudadanos en valores, capacidades y posibilidades para competir en un mundo cada vez más globalizado, exigente y competitivo.

Hasta hace poco se ha pensado que la libertad se podía confundir con libertinaje, y ello ha llevado a situaciones en extremo lamentables. Esta situación nos ha puesto enfrente la desatendida obligación, como sociedad, de recuperar a la juventud de la que somos responsables.

En la educación todo debe funcionar como una preciosa sinfonía en donde lo intelectual, lo académico, lo personal, lo físico, lo colectivo son parte de un todo en el que cada aspecto, cual instrumento afinado, cumple su rol, tiene su momento y es parte indispensable de ese todo. Es decir, que no hay elemento que sobre, ni elemento con preponderancia. Hay que destacar la importancia de las partes, el aporte de cada instrumento, cuando cada uno sabe y ama su rol, su papel, por pequeño o grande y juega ese papel sin estorbar, sin sobresalir, sin apabullar, sin generar ruido, sino sometiéndose a la perfección para lograr el éxito que significa un alumno completo en su complejidad.

Podría parecer que la palabra “someter” causa escozor. Pero qué hermoso es nuestro lenguaje cuando cada palabra se utiliza cuando corresponde y en lo relativo a la educación, que implica saber y ser, aprender y actuar, escuchar y hablar y, sobre todo asumir la responsabilidad de formar y en ese proceso todos los elementos que conforman esa responsabilidad implican, necesariamente, que los educandos, se someten a ellos. No se trata de una apuesta por la “democracia estudiantil” ni tampoco por la conducta draconiana de maestros y autoridades; se trata de entender que, frente al futuro de millones de jóvenes, no optar por la firmeza y seriedad en la educación que se imparte y que busca instruir y formar, es condenar a toda una generación a la frustración nacional y personal más triste.

Es indispensable, también entender que de acuerdo con lo que se ha expresado, la currícula escolar, en todos los niveles de la educación nacional tiene que recuperar la matriz occidental y peruana; no es posible pretender la despersonalización de los peruanos, si los privamos de estructurar su esencia dentro de la vertiente occidental, greco latina y peruana a la que pertenecemos. Muy necesario también es acatar y respaldar la propuesta del Ejecutivo de retirar de la currícula nacional todo tipo de ideología pues es necesario sentar las bases de formación e información para que en libertad. 

Los futuros ciudadanos puedan forjar sus propias decisiones y eso se logrará solo cuando se supere la realidad dramática de que nuestro sistema educativo es del todo disfuncional. Y en tanto que la educación es un derecho reconocido en nuestra Constitución, debemos lograr que sea la educación que imparte el Estado la mejor, la más atractiva, la que convoque a los mejores docentes. Y que se reduzca la idea de que en la “educación privada”, los alumnos recibirán un mejor producto porque, hoy por hoy, esa es una gran falacia y un mecanismo de engaño que es necesario desterrar.

Si bien los cambios en la educación están comenzando a ser propuestos y aplicados por aquellos aspectos que asociamos a la conducta, al comportamiento y la disciplina, debemos entender que es indispensable adecuar esas normas de comportamiento para recuperar autoridad y para que los educandos comprendan, asuman y sean parte de esta gran transformación. La disciplina forja el carácter y ordena la voluntad y ello no es negociable. Si bien el derecho a la educación existe, ello no equivale al “derecho” de destruir la educación de los demás. Quien no desea asumir ser parte de un engranaje de triunfo, esperanza y futuro, podrá hacerlo, pero sin perjudicar a un solo joven peruano que desea superar la brecha educativa que como una gran lacra nos está invadiendo.

Muchas veces se dice que el colegio educa y la familia forma. Eso, en teoría, podría ser una buena frase, pero en la realidad de nuestra Patria, las familias necesitan que la escuela asuma en mucho parte de su responsabilidad porque ahora, muchos son los padres a quienes el Estado desatendió en su etapa formativa y no hay que tener miedo a asumir la responsabilidad que ello implica, producto de más de 5 lustros de abandono del sector.

No es un secreto que nuestros educandos están dejando de ser competitivos en cuanto a lo que es y debe ser (no digo saber) un joven de otras latitudes y es el propio Estado el que ha tenido que reconocer que las capacidades básicas mínimas que deben poder manifestarse entre nuestros jóvenes, están atravesando por un momento de crisis y deterioro y que los niveles de desaprobación en la llamada prueba PISA demuestra que el sistema además de ineficiente, es malo y hasta pernicioso para el futuro del país. Atender estas deficiencias no es un tema solo político coyuntural, es una urgencia histórica, es una obligación para con el futuro y en ese sentido, calidad educativa, mejora en la decaída y abandona infraestructura, orden y disciplina son indispensable para que, en unos 20 años, no antes, el Perú pueda contar con una nueva generación preparada, capacitada, competitiva y orgullosa de lo que ha logrado.

La buena formación pasa por incorporar la educación, los valores, la disciplina y el patriotismo. Será indispensable además de los elementos de la modernidad, hacer hincapié en educación cívica, conocer nuestra historia en sus luces y sombras, entendernos en el concierto de las naciones y dentro de la matriz de Occidente nos permitirá sentar las bases de nuestra identidad y dotar a los educandos de la comprensión de que, aunque pueda sonar extremos, todos son y somos soldados de la Patria, para la acción y/o la reserva, pero no hay joven y ciudadano que no esté llamado a una misión y que por lo tanto, tiene la obligación de cumplirla a cabalidad. Exigir con vehemencia, premiar la excelencia, apoyar al que le cuesta el aprendizaje, favorecer a las grandes mayorías, destacar a los docentes esforzados, felicitar a los alumnos excelentes, aportar una visión de futuro exitoso serán las mejores recompensas para el esfuerzo que todos deben y debemos aportar ahora.

Es el destino de la Patria el que está en riesgo frente a las consecuencias futuras de tener una amplia población que no viene recibiendo el servicio educativo que merece y que el país requiere con urgencia. Resulta indispensable que todos apoyemos este esfuerzo que debe implicar a todos los niveles de la sociedad. La riqueza de una Nación no está solo en sus bienes materiales, está en su gente que, como dice el antiguo lema, debe vivir “firme y feliz por la unión” y ello solo se logrará con una educación de excelencia abierta a todos.

Fuente: https://elmontonero.pe/columnas/desafios-para-la-educacion-formar-e-informar