Celulares restringidos en las aulas: qué cambia con la nueva norma de Perú y qué cambios abre en la pedagogía en secundaria

Publicado: 10 octubre 2026 a las 1:00 am

Categorías: Noticias / Noticias América

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Perú, 10 de Octubre 2026, Lex Tasayco, https://www.infobae.com

La nueva regulación alcanza a instituciones públicas y privadas, aunque especialistas advierten que limitar las pantallas dentro del aula no resuelve por sí solo los problemas de atención y rendimiento

Perú aprobó un reglamento que restringe el uso de celulares y dispositivos electrónicos similares durante las actividades educativas encolegios públicos y privados. La norma alcanza a estudiantes de primaria y secundaria, incluye a las modalidades equivalentes de Educación Básica Alternativa y Especial, y establece excepciones para fines pedagógicos, salud, discapacidad, barreras educativas y emergencias.

El Decreto Supremo N.° 018-2026-Minedu reglamenta la Ley N.° 32385, promulgada en junio de 2025. La ley había dado un plazo de 60 días al Ministerio de Educación y al Poder Ejecutivo para desarrollar las reglas de aplicación, aunque la reglamentación llegó más de un año después de ese período.

La medida unifica criterios en un sistema donde cada institución definía hasta ahora sus propias pautas sobre el ingreso, la utilización y la retención de teléfonos. Los colegios deberán incorporar las disposiciones en sus reglamentos internos, colocar avisos visibles en los accesos y establecer medidas correctivas que sean proporcionales, formativas y respetuosas de la intimidad de los estudiantes.

El celular queda restringido durante las actividades educativas

La regulación dispone que los alumnos no podrán utilizar teléfonos inteligentes ni otros equipos semejantes durante las actividades educativas, incluso si ocurren fuera del horario habitual o fuera de las instalaciones del colegio. La prohibición no supone que los estudiantes tengan vedado llevar un dispositivo, pero limita su uso dentro de los espacios vinculados al servicio educativo.

Los centros podrán habilitar lugares para custodiar los equipos, siempre que cuenten con recursos para hacerlo. La retención no deberá superar la jornada escolar, salvo situaciones graves o reiteradas previstas en el reglamento interno. Las autoridades escolares deberán preservar los dispositivos y no podrán revisar su contenido ni acceder a la información personal almacenada en ellos.

El reglamento abre una excepción pedagógica para los alumnos de secundaria. El uso del dispositivo deberá responder a una actividad prevista en la programación curricular y contar con autorización del director o del docente responsable. En primaria, en cambio, la norma no habilita el uso de celulares con fines educativos, una diferencia que responde a las necesidades de desarrollo de cada etapa escolar.

La prohibición aislada no asegura mejores resultados académicos

El psicólogo Hernán Campo sostuvo que retirar el celular del aula puede reducir una fuente de distracción, pero advirtió que esa decisión no garantiza por sí sola una mejora de la atención ni del desempeño académico. La discusión, según planteó, debe abarcar los hábitos digitales de los estudiantes dentro y fuera de la escuela.

Una investigación de la Universidad de Birmingham, publicada en 2025, analizó a 1.227 adolescentes de 30 escuelas de Inglaterra con políticas distintas sobre el uso de teléfonos. El estudio no encontró diferencias en las calificaciones de inglés y matemática, el bienestar emocional, la ansiedad, la depresión, el sueño, la actividad física ni las conductas disruptivas entre los alumnos de instituciones restrictivas y aquellos de colegios con reglas más flexibles.

Los datos sí mostraron una relación entre mayor tiempo de uso del teléfono y de redes sociales con peores indicadores de bienestar, menos actividad física, menor calidad del sueño y resultados académicos más bajos. La conclusión no cuestiona que las escuelas establezcan límites, aunque indica que la restricción dentro del aula tiene un alcance limitado si no existe una estrategia que contemple el consumo tecnológico durante el resto del día.

Las familias deberán participar en la regulación del consumo digital

Campo señaló que los recreos también deberían mantenerse libres de celulares. La ausencia del dispositivo puede facilitar conversaciones entre compañeros, juegos, movimiento y otras formas de socialización. El especialista advirtió que el uso individual de pantallas durante esos momentos puede reducir oportunidades para desarrollar empatía y habilidades de convivencia.

Los estudiantes permanecen entre seis y ocho horas diarias en la escuela, pero la mayor parte de su tiempo transcurre fuera de ella. Cuando no existen pautas en los hogares, el teléfono puede volver a ocupar el centro de las rutinas después de clase y durante los fines de semana. Esa situación se profundiza en familias donde los adultos trabajan muchas horas y los menores quedan sin supervisión.

La norma contempla la orientación a padres, madres y tutores sobre el uso seguro y responsable de los dispositivos. También prevé campañas para informar sobre los riesgos de la sobreexposición a internet y el ciberacoso. Para Campo, la meta no debería limitarse a quitar el teléfono, sino a que los adolescentes reconozcan qué usos favorecen su aprendizaje, descanso y bienestar, y cuáles pueden perjudicarlos.

La edad define los riesgos y las alternativas pedagógicas

Los efectos de las pantallas no son idénticos para todos los estudiantes. En niños pequeños, la exposición inadecuada puede asociarse con problemas visuales y con dificultades para sostener la atención. La edad también resulta determinante porque varias capacidades vinculadas al control de impulsos y la toma de decisiones continúan en desarrollo durante la adolescencia.

La corteza prefrontal, situada en la parte frontal del cerebro, interviene en funciones ejecutivas como la planificación, la flexibilidad cognitiva, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. Su maduración se extiende hasta cerca de los 25 años. Por ese motivo, Campo planteó que los límites deben adecuarse a cada etapa y combinarse con formación en autorregulación.

El especialista rechazó una visión que presente a la tecnología como un problema en sí mismo. Consideró que el celular puede utilizarse en tareas escolares cuando existe una finalidad concreta, tiempos definidos y supervisión docente. Para actividades académicas, propuso priorizar tabletas, Chromebook o computadoras portátiles, ya que concentran menos estímulos asociados a notificaciones, mensajería y redes sociales.

Las redes plantean un desafío adicional para los adolescentes, especialmente por la búsqueda de validación a través de reacciones y comentarios. Campo advirtió que una política basada únicamente en prohibiciones no fortalece el pensamiento crítico ni la capacidad de gestionar el propio consumo digital. Esa formación también requiere diálogo en las familias y acompañamiento en las escuelas.

El debate incluye otros aspectos de la vida escolar. Campo propuso evaluar horarios de ingreso más tardíos para adolescentes, debido al cambio biológico del ciclo de sueño durante esa etapa. También planteó incorporar el aprendizaje basado en juegos, con videojuegos y dinámicas tradicionales bajo objetivos pedagógicos, planificación y límites de tiempo.

La aplicación del reglamento dependerá ahora de cada institución educativa, que deberá adaptar sus normas internas y definir mecanismos de custodia, orientación y corrección. Las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) tendrán a su cargo la supervisión de su cumplimiento, mientras que las familias deberán asumir un papel central para que la restricción escolar no quede reducida a las horas de clase.

Fuente: https://www.infobae.com/peru/2026/10/08/celulares-restringidos-en-las-aulas-que-cambia-con-la-nueva-norma-de-peru-y-que-cambios-abre-en-la-pedagogia-en-secundaria/