Publicado: 2 octubre 2026 a las 6:00 pm
Categorías: Artículos
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Por Miranda Escolar
Investigadores de la Universidad de Granada validan un protocolo para medir la respuesta fisiológica al estrés en niños de 4 y 5 años y abren una nueva vía para prevenir problemas de conducta y salud mental

Escolar
El estrés no es un fenómeno exclusivo de los adultos ni de los niños en edad escolar. También está presente durante la etapa preescolar, aunque hasta ahora resultaba especialmente difícil medir de forma objetiva cómo responden los más pequeños ante situaciones que generan tensión, frustración o sensación de evaluación.
Investigadores de la Universidad de Granada (UGR) han validado un protocolo específicamente diseñado para estudiar la respuesta al estrés en niños y niñas de 4 y 5 años, un avance que puede contribuir a comprender mejor sus problemas de conducta y a desarrollar estrategias de prevención de dificultades de salud mental.
El trabajo ha sido desarrollado por científicos del proyecto ‘Gestastress-Childstress’, pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la UGR. El investigador Miguel Ángel Baos González y la catedrática de Psicología María Isabel Peralta Ramírez explican que disponer de una herramienta específica para esta franja de edad permite avanzar en el conocimiento de los mecanismos relacionados con el estrés durante una etapa especialmente importante del desarrollo.
La relevancia del estudio reside en que la etapa preescolar constituye una especie de zona intermedia en la investigación del estrés infantil. Existen procedimientos validados para estudiar la respuesta de los bebés, en los que la separación de sus progenitores puede generar estrés, y también protocolos aplicables desde aproximadamente los siete años hasta la edad adulta. Sin embargo, las herramientas diseñadas para los niños mayores no pueden trasladarse directamente a los de cuatro o cinco años debido a sus características cognitivas y emocionales.
Para superar esta dificultad, el equipo de la UGR ha utilizado una tarea de reactividad basada en el protocolo SRTP (Stress Reactivity Task for Preschoolers). El procedimiento convierte la evaluación del estrés en una actividad aparentemente sencilla y adecuada para la edad de los participantes: un juego de clasificación de animales en el que los niños deben unir imanes de colores con el animal correspondiente antes de que finalice el tiempo marcado por un semáforo.
El elemento fundamental del experimento es que los pequeños reciben inicialmente la impresión de que se trata de una actividad fácil que otros niños de menor edad son capaces de completar. De esta forma aparece un componente de evaluación social, al generar la expectativa de que deberían conseguir el mismo resultado.
Sin embargo, durante los primeros intentos el juego está diseñado para resultar imposible de completar dentro del tiempo establecido. El niño experimenta así frustración y puede aparecer la percepción de que no es capaz de conseguir el objetivo. Según explica Miguel Ángel Baos, esta situación permite provocar una respuesta de estrés que posteriormente puede ser medida de forma objetiva.
Después de varios intentos fallidos, los investigadores explican a los participantes que el semáforo que controlaba el tiempo estaba averiado y lo sustituyen por otro que funciona correctamente. A partir de ese momento los niños consiguen completar la tarea dentro del tiempo disponible y reciben un juguete como recompensa. De esta manera, el experimento permite identificar la respuesta fisiológica generada durante la fase de frustración sin que el niño termine la experiencia con una sensación negativa de fracaso.
La principal aportación del protocolo es que no se limita a observar el comportamiento de los niños. Los investigadores analizan también marcadores biológicos de estrés mediante muestras de saliva recogidas antes y después de la tarea.
En total se obtienen seis muestras de saliva de cada participante. En ellas se estudian dos indicadores: el cortisol, conocido como hormona del estrés, y la alfa-amilasa, una enzima relacionada con la actividad del sistema nervioso simpático.
Los resultados muestran que ambos biomarcadores aumentan después de realizar la tarea, lo que confirma que el protocolo consigue provocar una respuesta fisiológica de estrés en niños de esta edad. La medición objetiva supone un paso importante porque permite estudiar la relación entre el estrés y otros factores relacionados con el desarrollo infantil.
La catedrática María Isabel Peralta señala que esta respuesta fisiológica puede analizarse en relación con variables como el neurodesarrollo, los problemas de conducta o los estilos educativos parentales. El objetivo último es conocer mejor cómo se manifiesta el estrés durante los primeros años de vida y qué factores pueden aumentar o reducir su impacto.
La investigación parte de una realidad que puede pasar desapercibida: los niños pequeños también están expuestos a situaciones capaces de generar estrés, aunque su forma de expresarlo no sea necesariamente comparable con la de un adolescente o un adulto.
Precisamente por ello, disponer de herramientas específicas para esta etapa puede facilitar una detección más temprana de determinadas dificultades. La investigación de la UGR no plantea que toda respuesta de estrés sea necesariamente patológica, sino que busca disponer de métodos que permitan estudiar cuándo, cómo y en qué circunstancias se produce una respuesta de estrés relevante.
La importancia de esta cuestión está relacionada con el desarrollo posterior. Los investigadores destacan que comprender mejor los problemas de conducta durante la infancia puede contribuir a prevenir dificultades de salud mental durante la adolescencia y la edad adulta.
La validación del protocolo abre una nueva vía para realizar estudios sobre estrés infantil en España. Hasta ahora, una de las principales dificultades era disponer de una herramienta específicamente adaptada a las capacidades cognitivas y emocionales de los niños de 4 y 5 años.
La nueva metodología permite estudiar la interacción entre la respuesta fisiológica al estrés y diferentes variables del desarrollo infantil. Esto puede facilitar investigaciones futuras sobre neurodesarrollo, comportamiento, emociones y estilos educativos, entre otros ámbitos.
El objetivo a medio plazo es que un mejor conocimiento del estrés en edades tempranas permita diseñar estrategias de prevención más eficaces. La detección y comprensión de determinadas respuestas durante la infancia podrían contribuir a intervenir antes de que determinadas dificultades se consoliden.
Uno de los grandes retos en la investigación del estrés durante la etapa preescolar es que los niños todavía no disponen de las mismas capacidades para explicar verbalmente qué sienten que los adultos o los adolescentes. Por eso, la posibilidad de combinar la observación de la conducta con indicadores fisiológicos adquiere especial importancia. El niño puede no ser capaz de describir con precisión su frustración o su ansiedad, pero su organismo ofrece señales que pueden ser analizadas científicamente.
La propuesta de la UGR permite precisamente acercarse a esa dimensión invisible del estrés infantil: aquello que está ocurriendo fisiológicamente aunque el niño todavía no pueda identificarlo o explicarlo con claridad.
El estudio, publicado en la revista científica Psychoneuroendocrinology bajo el título Validation of a stress reactivity assessment protocol for children aged 4-5 years: Exploring the influence of sex, emotional responses, and crying, proporciona respaldo científico al nuevo procedimiento.
La investigación representa así un avance metodológico, pero también abre una perspectiva de prevención. Si el estrés puede medirse de forma fiable durante la etapa preescolar, los investigadores disponen de una herramienta para estudiar qué factores favorecen respuestas más intensas, cómo se relacionan con el comportamiento y qué intervenciones pueden ayudar a los niños a desarrollar mecanismos de regulación más adecuados.
La principal conclusión de la investigación es, por tanto, que la edad preescolar no está al margen del estrés. Los niños de cuatro y cinco años pueden experimentar respuestas fisiológicas ante situaciones de frustración y evaluación, y esas respuestas pueden estudiarse de manera objetiva.
Para la Universidad de Granada, disponer de este protocolo supone abrir una nueva puerta al estudio del estrés durante una etapa temprana del desarrollo. Para la psicología infantil, puede convertirse además en una herramienta que ayude a avanzar desde la identificación de los problemas hacia una estrategia más temprana de prevención de las dificultades de salud mental.
Fuente: https://exitoeducativo.net/actualidad-directiva/innovacion-educativa-1/el-estres-tambien-afecta-a-los-ninos-en-edad-preescolar
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