Cuando preguntar sustituye a buscar: conocimiento y privacidad en la educación con IA

Publicado: 2 octubre 2026 a las 4:00 pm

Categorías: Artículos

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Por Ángel González

Cuando preguntar sustituye a buscar: conocimiento y privacidad en la educación con IA – Imagen elaborada con IA

Durante el siglo XXI, hasta ahora, aprender a manejar información significaba, sobre todo, aprender a buscarla. Principalmente, en Google.

Sin embargo, en apenas tres años, la inteligencia artificial generativa ha modificado el proceso.

Ahora preguntamos.

Y la respuesta llega como una explicación. ChatGPT, Gemini, Claude y otros sistemas pueden resumir decenas de páginas, comparar perspectivas y adaptar una explicación al nivel requerido.

Esto es, sin duda, un avance, pero introduce nuevos problemas. Porque entre las fuentes y nosotros ha aparecido un nuevo intermediario, que además de capacidades asombrosas, conlleva riesgos asociados.

Del buscador al interlocutor

El cambio tiene consecuencias educativas.

Cuando un estudiante utiliza un buscador, identifica de inmediato las fuentes. Cuando pregunta directamente a un modelo de IA, recibe una síntesis (aunque pueda pedir las fuentes, pero ya es un paso más que hay que hacer de forma activa). La experiencia de uso es más sencilla, más directa, pero menos transparente en el uso de la información.

Hemos pasado de una cultura de la búsqueda de información a una cultura del conocimiento como producto ya elaborado, fácil de acceder en cualquier momento.

En educación esto obliga a ampliar las competencias informacionales. Ya no basta con saber buscar. El alumnado necesita aprender a preguntar, contrastar, verificar y reconstruir las fuentes que sostienen una respuesta.

La UNESCO, al igual que la Comisión Europea, insiste en un enfoque de la IA centrado en las personas. Su marco de competencias para docentes plantea que la comprensión de los fundamentos, limitaciones y consecuencias éticas de estos sistemas forma parte de la competencia profesional del educador. El docente deja progresivamente de ser la fuente principal de información para convertirse en gestor del aprendizaje y mediador, en un mentor del pensamiento crítico.

El conocimiento se vuelve conversacional y personalizado

Hay una segunda transformación.

Una página web ofrece básicamente la misma información a todos sus visitantes. Una IA la adapta a cada persona.

La información deja de ser algo estático que hay que reconvertir y se convierte en algo transformado y personalizado. De esta manera, cuanto más sabe el sistema sobre nosotros, más puede personalizar su respuesta.

Y ahí aparecen dos problemas.

El primero es la privacidad. Si le decimos a la IA, “adapta esta actividad para Marcos, alumno de 13 años con TDAH, que ha suspendido las dos últimas evaluaciones y tiene dificultades familiares”. Desde el punto de vista pedagógico, la petición puede tener todo el sentido del mundo. Desde el punto de vista de protección de datos, acabamos de proporcionar a un servicio externo información personal, académica e incluso potencialmente sensible de un menor.

El segundo peligro es aún mayor. La transformación y personalización nunca es neutral. Tiene sesgos de entrenamiento y está condicionada por lo que cree la IA que queremos escuchar. O por lo que le interesa que escuchemos según el criterio de sus creadores. Es una forma de manipulación en un estadio muy bajo de desarrollo. Pero potencialmente puede ir a más.

Higiene de la información

El Reglamento General de Protección de Datos europeo ofrece principios útiles de protección para trasladarlos al aula: finalidad, minimización de datos y limitación de su conservación. La pregunta es simple, ¿necesita realmente la IA conocer este dato para ayudarme?

Podemos derivar cuatro hábitos básicos sobre privacidad y versificación.

1.Anonimizar. Sustituir nombres y datos identificativos por perfiles genéricos siempre que sea posible.

2.Vigilar. Conocer qué ocurre con los prompts, documentos y conversaciones que proporcionamos al sistema.

3.Verificar. Aplicar un ejercicio constante de verificación de las respuestas que nos da la IA.

4.Institucionalizar. Priorizar cuentas educativas, herramientas aprobadas y entornos contratados por el centro frente al uso indiscriminado de cuentas personales.

Hay que entender que la protección de datos no puede descansar únicamente sobre el profesor individual. Los centros educativos necesitan determinar qué herramientas pueden utilizarse, con qué cuentas, para qué tareas y con qué información.

La privacidad también se enseña

La privacidad no debe enseñarse como una colección de prohibiciones. Puede convertirse en una competencia.

Cuando un profesor explica por qué no introduce el nombre de un estudiante en ChatGPT, está enseñando privacidad. Cuando el alumnado aprende a eliminar datos personales antes de subir un documento a una herramienta de IA, está desarrollando alfabetización digital. Cuando una universidad exige identificar qué información puede compartirse con un sistema externo, está formando profesionales capaces de trabajar responsablemente con inteligencia artificial.

La escuela y la universidad son precisamente los lugares donde aprender estas prácticas antes de que el error deje de ser un ejercicio académico.

Aprender a gestionar el conocimiento

La inteligencia artificial está haciendo que acceder al conocimiento sea extraordinariamente fácil. Pero facilidad de acceso y capacidad para gestionarlo no son la misma cosa.

La competencia fundamental en los próximos años no consistirá únicamente en encontrar información, sino en saber qué preguntar, qué compartir, qué verificar, qué proteger y qué decisiones no delegar.

Eso cambia el papel de la educación. Si las respuestas están disponibles de forma inmediata, el valor educativo se desplaza hacia el criterio, la comprensión, la capacidad de contrastar y la responsabilidad sobre el uso.

Esta es precisamente una de las ideas centrales que desarrollamos Juan Antonio Roncero y yo en nuestro libro Enseñar cuando la máquina ya “sabe” la respuesta. Pedagogía crítica en la era de la inteligencia artificial, publicado por Editorial Síntesis.

Abordamos la IA desde una perspectiva específicamente educativa: cómo está cambiando el aprendizaje, qué competencias necesitan docentes y estudiantes, cómo gestionar privacidad, derechos digitales, ética y regulación, y cómo incorporar estas herramientas sin renunciar a la agencia humana, basándonos en los dos marcos educativos internacionales principales. Porque quizá ese sea el verdadero reto educativo de la IA: no aprender simplemente a obtener mejores respuestas de las máquinas, sino formar personas capaces de decidir qué hacer con ellas y con sus respuestas.

Fuente: https://exitoeducativo.net/firmas-expertos-en-educacion/cuando-preguntar-sustituye-a-buscar-conocimiento-y-privacidad-en-la-educacion-con-ia