Los estudiantes con peores notas tienen más posibilidades de graduarse cuando pertenecen al grupo mayoritario de su carrera

Publicado: 26 septiembre 2026 a las 8:00 pm

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Por José Luis Fernández

Un estudio de NYU revela que las brechas de representación por género y orientación sexual son especialmente acusadas entre quienes llegan a la universidad con un menor rendimiento académico

Universitarios chilenos – Gobierno de Chile

Las calificaciones obtenidas antes de llegar a la universidad y los resultados en las pruebas de acceso no explican por sí solos quién elige determinadas carreras, quién permanece en ellas y quién termina obteniendo un título. Una investigación liderada por la New York University (NYU) ha encontrado que los estudiantes con un rendimiento académico previo más bajo tienen más probabilidades de estar representados en una titulación cuando pertenecen al grupo demográfico que históricamente ha sido mayoritario en esa disciplina.

El estudio, publicado en la revista científica Nature Human Behaviour, analiza datos de miles de estudiantes estadounidenses y concluye que las diferencias de representación entre grupos no son uniformes a lo largo de toda la distribución del rendimiento académico. Las brechas tienden a ser más pronunciadas entre los estudiantes con peores notas y resultados en las pruebas, mientras que se reducen considerablemente entre quienes presentan los niveles más altos de rendimiento.

La investigación ha sido dirigida por Joseph Cimpian, profesor de Economía y Política Educativa de NYU Steinhardt y NYU Wagner, junto con Zachary T. McDermott, Jo R. King, Nathaniel Woznicki y Taek H. Kim. El equipo utilizó dos grandes bases de datos representativas a escala nacional elaboradas por el Departamento de Educación de Estados Unidos.

Uno de los resultados más destacados aparece en las titulaciones tradicionalmente dominadas por hombres. En carreras como Física, Ingeniería, Informática, Administración de Empresas y Economía, los hombres heterosexuales y cisgénero con calificaciones y resultados en pruebas por debajo de la media estaban representados en una proporción significativamente mayor que las mujeres heterosexuales y cisgénero con un nivel académico similar.

Sin embargo, esta diferencia se reducía de forma considerable cuando se analizaba a los estudiantes con los mejores resultados académicos. Es decir, cuanto mayor era el rendimiento previo, menor tendía a ser la distancia entre hombres y mujeres en la representación dentro de estas titulaciones.

El hallazgo resulta especialmente relevante en campos como la ingeniería y la informática, donde las mujeres continúan representando una minoría de los estudiantes que obtienen títulos universitarios. Según los datos citados por NYU, las mujeres reciben aproximadamente el 25% de los títulos universitarios de ingeniería y el 18% de los de informática en Estados Unidos.

La investigación plantea así una cuestión que va más allá de las diferencias globales de matriculación: ¿qué ocurre con los estudiantes que presentan un rendimiento académico medio o bajo y que deben decidir si entrar, permanecer o abandonar una determinada carrera?

Los investigadores analizaron no solamente las notas obtenidas antes de la universidad, sino también otros factores relacionados con la elección y permanencia en las titulaciones.

La investigación utilizó información sobre preparación académica, intereses, características demográficas y resultados universitarios. El objetivo era determinar hasta qué punto las diferencias de representación podían explicarse por la preparación previa de los estudiantes o por sus preferencias académicas. La conclusión es que estos factores no bastan para explicar completamente los patrones observados.

Esto resulta especialmente importante porque una explicación sencilla de la diferente presencia de hombres y mujeres en determinadas carreras sería que unos grupos llegan a la universidad con una preparación académica distinta o muestran un interés diferente por determinadas disciplinas. El estudio demuestra que la realidad es más compleja.

Dos bases de datos y casi 20.000 estudiantes

Para desarrollar la investigación, los autores recurrieron a dos grandes estudios longitudinales del Departamento de Educación estadounidense.

El primero fue el High School Longitudinal Study of 2009, que siguió a 6.340 estudiantes desde su primer año de instituto, durante el curso 2009-2010, hasta su tercer año universitario. Esta base permitió disponer de información sobre rendimiento académico, intereses, características demográficas y evolución posterior.

El segundo fue el Baccalaureate and Beyond Longitudinal Study of 2016, que aportó información académica y demográfica sobre 12.950 personas que obtuvieron un título universitario en 2016.

La combinación de ambas fuentes permitió estudiar no solamente quién entra en una determinada carrera, sino también cómo se distribuyen los diferentes grupos a lo largo de los niveles de rendimiento y qué ocurre con su trayectoria universitaria.

El patrón se invierte en algunas carreras dominadas por mujeres

El estudio también examinó titulaciones en las que las mujeres constituyen la mayoría.

En estos ámbitos, la evidencia de que las mujeres heterosexuales y cisgénero estén sobrerrepresentadas entre los estudiantes con menor rendimiento fue mucho menos consistente que el patrón observado en las carreras dominadas por hombres.

Sin embargo, los investigadores encontraron otro resultado significativo al incorporar la orientación sexual al análisis.

En algunos modelos, las mujeres LGBTQ+ estaban sobrerrepresentadas en carreras mayoritariamente femeninas entre los estudiantes con niveles más altos de rendimiento académico previo. El resultado sugiere que, en determinados campos considerados tradicionalmente más favorables para las mujeres, las estudiantes LGBTQ+ podrían necesitar credenciales académicas más fuertes para conseguir una presencia comparable.

La investigación muestra de esta manera que las categorías demográficas no funcionan de manera aislada. El género y la orientación sexual pueden interactuar con el tipo de carrera y con el nivel de rendimiento académico.

Otro de los hallazgos destacados es la posición de los estudiantes LGBTQ+ en diferentes áreas de conocimiento. Los estudiantes LGBTQ+, independientemente de su sexo, aparecían infrarrepresentados en carreras dominadas por hombres, entre ellas Ingeniería, Informática y Administración de Empresas. Los hombres LGBTQ+ también estaban infrarrepresentados en carreras relacionadas con la Enfermería y otros ámbitos sanitarios, tradicionalmente caracterizados por una mayor presencia femenina.

El resultado amplía el análisis más allá de la tradicional comparación entre hombres y mujeres y permite observar cómo las identidades y los patrones sociales se relacionan con la elección de carrera.

Cuando la preparación no explica la elección

Una de las aportaciones principales del estudio consiste precisamente en cuestionar la idea de que las diferencias de representación puedan explicarse exclusivamente por el rendimiento académico previo.

Los investigadores encontraron que, cuando existe una brecha de representación que varía según el nivel de rendimiento, esta suele ser más favorable al grupo demográfico que históricamente domina la carrera entre los estudiantes con peores resultados académicos.

A medida que aumenta el rendimiento, esas diferencias tienden a reducirse. Entre los estudiantes con los mejores resultados académicos, las diferencias son considerablemente menores.

Esto implica que observar únicamente las cifras generales de matriculación puede ocultar una parte importante de la realidad. Dos carreras pueden presentar una determinada distribución global entre hombres y mujeres, pero esa distribución puede ser muy diferente cuando se divide a los estudiantes según su nivel de rendimiento previo.

El posible peso de las normas sociales

Los autores plantean que una posible explicación de estos patrones podría encontrarse en las normas sociales y los entornos institucionales.

Según esta hipótesis, determinados campos podrían transmitir de manera explícita o implícita señales que favorecen a quienes pertenecen al grupo que tradicionalmente ha dominado la disciplina.

En una carrera con una fuerte identidad masculina, por ejemplo, un estudiante varón con un rendimiento académico modesto podría sentirse más legitimado para entrar y permanecer en ella que una mujer con exactamente el mismo nivel de preparación.

Pero los investigadores son especialmente cautelosos en este punto.

El estudio es correlacional, por lo que no permite demostrar que esas normas sociales sean directamente responsables de las diferencias observadas. Lo que sí demuestra es que las características académicas y demográficas individuales analizadas no explican completamente los patrones de representación.

Para los investigadores, las consecuencias de estos patrones van más allá de las estadísticas de matriculación. Si determinados estudiantes abandonan una carrera o ni siquiera llegan a entrar en ella por factores relacionados con su pertenencia a un determinado grupo y no con su capacidad o preparación, tanto los propios estudiantes como las disciplinas pueden estar perdiendo talento.

Joseph Cimpian resume esta idea señalando que, si estudiantes con capacidad abandonan —o nunca llegan a incorporarse— a carreras en las que podrían desarrollarse y contribuir, se produce una pérdida tanto para ellos como para los propios campos académicos.

Esta perspectiva desplaza el debate desde la mera cuestión de la representación hacia otra más profunda: la eficiencia con la que el sistema universitario identifica y conserva el talento.

La universidad como espacio de selección social

Los resultados plantean también preguntas sobre el funcionamiento de la universidad como mecanismo de movilidad social. Si estudiantes con una preparación académica similar toman decisiones diferentes dependiendo de si pertenecen o no al grupo mayoritario de una carrera, entonces la elección de estudios puede estar condicionada por elementos que no aparecen en las notas.

La investigación sugiere que las universidades y los centros de educación secundaria deberían prestar atención no solo a quién está infrarrepresentado en una determinada carrera, sino también a en qué niveles de rendimiento se concentra esa infrarrepresentación.

Una diferencia global del 20% puede tener una interpretación diferente si se produce exclusivamente entre los estudiantes con mejores resultados o si se concentra entre aquellos que presentan un rendimiento académico medio o bajo.

Por ello, los investigadores defienden implícitamente la necesidad de observar las brechas de representación a lo largo de toda la distribución del rendimiento y no únicamente mediante porcentajes agregados.

El trabajo supone además una aportación metodológica al estudio de las desigualdades universitarias. En lugar de analizar únicamente cuántos hombres y mujeres estudian una determinada carrera, los autores observan cómo cambia esa proporción en función del nivel de rendimiento previo. Esta perspectiva permite identificar patrones que pueden quedar ocultos en los datos globales.

La investigación concluye que las brechas de representación tienden a ser más fuertes entre los estudiantes con menores calificaciones y resultados en pruebas, mientras que se reducen entre quienes presentan un rendimiento académico elevado. El hallazgo obliga a matizar algunas de las explicaciones habituales sobre la segregación por género de las carreras universitarias. No basta con preguntar por qué hay pocas mujeres en Ingeniería o pocos hombres en Enfermería. También es necesario preguntarse qué perfiles académicos están entrando, permaneciendo o abandonando esas carreras y cómo interactúan esos perfiles con el género y la orientación sexual.

Un problema que afecta a estudiantes y universidades

El estudio de NYU no sostiene que las diferencias de representación tengan una única causa. Tampoco demuestra que exista discriminación directa por parte de las instituciones universitarias. Su conclusión es más prudente: existen patrones sistemáticos que no pueden explicarse completamente mediante las diferencias de preparación académica o de intereses.

Esa constatación abre una nueva línea de investigación sobre el papel que desempeñan las expectativas, las normas sociales, la cultura de las disciplinas y los entornos universitarios en las decisiones académicas de los jóvenes.

La investigación también pone de relieve que los problemas de diversidad pueden manifestarse de forma diferente dependiendo del nivel de rendimiento. Entre los estudiantes con resultados académicos excelentes, las diferencias pueden reducirse sustancialmente. En cambio, entre quienes presentan un rendimiento menor, la pertenencia al grupo históricamente dominante de una carrera parece estar asociada con una mayor representación.

La universidad aparece así como un espacio donde las notas son importantes, pero no necesariamente suficientes para explicar quién encuentra su lugar en cada disciplina. Y esa conclusión puede tener consecuencias para las políticas destinadas a ampliar la diversidad en la educación superior: atraer estudiantes de grupos infrarrepresentados puede no ser suficiente si, una vez dentro, los factores culturales o institucionales siguen influyendo en su decisión de permanecer o abandonar.

El reto, según se desprende de la investigación, consiste en conseguir que la elección y la permanencia en una carrera dependan cada vez más de la capacidad, el interés y las aspiraciones del estudiante, y cada vez menos de las señales sociales asociadas al grupo al que pertenece.

Fuente: https://exitoeducativo.net/educacion-superior/universidad/los-estudiantes-con-peores-notas-tienen-mas-posibilidades-de-graduarse-cuando-pertenecen-al-grupo-mayoritario-de-su-carrera